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jueves, junio 04, 2009

Adios a las Bahamas

Le cuento que estoy en plena mudanza. Me contesta que es una vergüenza que él ya lo sepa y que no haya sido yo su fuente de información. Evado entonces el reclamo abundando sobre el stress que me produce guardar las cosas y todo eso que conlleva cambiar de casa; y lo mucho que me sorprende que mi plan de aguardar pacientemente a que todo se arreglara por sí solo mientras yo conservaría una actitud contemplativa, nomás no ha funcionado bien. Él suelta una carcajada y me dice que no le sorpende que haya decidido adoptar tal método.

Me comenta entonces que tiene la solución al problema, no al de la mundanza, sino al del stress: unos 4 días en Bahamas. No se si agradecer la buena aunque utópica propuesta, o si más bien enojarme por la burla que representa. Él ya lo sabe, pero se lo reitero: no tengo un duro, el plan resulta complicado. Contesta que la imposibilidad que le planteo es poco viable: los boletos y reservaciones están ya a mi nombre, todo está planeado para dentro de 3 o 4 semanas, según me resulte conveniente, por dinero, no hay nada que pagar. Resulta entonces obligado entrar al detalle ese de que no tengo vacaciones porque acabo de cambiar de trabajo, aunque él también lo sabe ya. Nada de qué preocuparse, me dice, su hermano me puede extender los justificantes necesarios, que de algo sirva tener un médico en la familia.

En mi mente se empiezan a crear imágenes de una típica playa caribeña tranquila y hermosa, como suelen serlo; y yo recostada en la arena blanca y fina, con un bikini en colores rojo y blanco para contrastar con el fondo neutral, con un chupe con sombrillita y cuadrito de piña en una mano y en la otra un libro. Casi puedo sentir la brisa salada y el rayo del sol sobre mi piel, por ahí corre una gotita de sudor que intenta huir del calor ambiental. Y sí, la escapada va muy bien, y la comida ha sido buena, y las pláticas y las risas no cesan, y en realidad esto ha servido para relajarme, y pásate otra cuba aprovechando que ya estoy medio borracha, y qué buena nalga tienen los lugareños.

Entonces empiezo a hacer cálculos de tiempos, nada más hay que pensar, si es gratis y tengo excusa para faltar al trabajo, pues entonces sólo hay que fijar fechas y ya. Julio me queda mejor, y el calorcito será más placentero por esas fechas y el bronceado quedará mejor.

Y entonces viene el pelo en la sopa: Bien, bien, partimos el jueves muy temprano a Miami, y de ahí hacemos la conexión a Bahamas. Mierda! Pequeño, pequeñisimo detalle: No tengo visa gringa ni oportunidad de que me la den en 3 semanas!. Dice que con suerte me la pueden dar. Y otra vez viene el dilema: es que no quiero solicitarla, no porque no quiera ir a Bahamas, es porque no quiero poner mi cara de circunstancia y amabilidad con los gringos. Por qué? pos si ni me voy a quedar en Miami: pa' ver sudacas con complejo de gringos puedo irme al norte de mi país. Sólo quiero ir a la playa, y no a una gringa, Por qué necesito visaaaa?

Pregunto si no hay otra forma de llegar a Bahamas. Dice que no, que el vuelo ya está así y no hay forma de cambiarle. Pide con serenidad y firmeza que saque la cita ya mismo, que quizá explicando bien las cosas todo salga a tiempo, que podría retrasar los planes una semana más.

Y entonces siento la punzada que me produce la idea de tener que pasar todo el show con tal que me dejen entrar a un país que por esta ocasión no pretendo visitar, y me enojo y quiero patalear, pero no puedo porque estoy en la oficina. Se que no me van a dar la cita pronto. Tengo que declinar la invitación, no sin sentir ganas de despepitar en contra de los gringos y decir que son unos putos, pero no lo haré, porque algún día quiero conocer NY, las Vegas y Nueva Orleans (un mardi gras no me caería mal).

Y entonces, con lágrima Remi en el ojo, tengo que decirle 'Adios' a Bahamas, aunque ni siquiera haya llegado a verle.

¿No podría ser algo más nacional, digamos, de perdida, Acapulco?

Voy a compar una alberca inflable, al fin ya habrá jardín!

jueves, febrero 19, 2009

De la Condesa: personajes inhóspitos y volantes.

En términos generales, considero que la Condesa es un buen lugar. Salvo por sus problemas de estacionamiento y sus continuos embrollos de tránsito (a mi qué más me da, si ni coche tengo!), la colonia resulta hasta pintoresca. Vivir o trabajar por aquí tiene su lado peculiar. Soy frecuente de estos lares desde la universidad, dada su cercanía; mi primer trabajo fue también aquí y una de mis mejores amigas es vecina de la colonia, así que jamás he abandonado estos rumbos. La zona tiene su pulso, su aura y sus olores. Mi continua presencia en sus lugares me han hecho convivir con la gente que la integra: meseros, bartenders, dueños de bares, la gente que te hace el café y hasta los viene-viene (y no sé ni por qué, si yo ni coche tengo!). Me gusta caminar por sus calles, ver a la gente en los restaurantes, entrar a las tiendas de diseño a ver lo que hay de novedades, y sobre todo, ir a sus bares a relajarme después del día laboral.

La Condesa también tiene a sus personajes. Está por ejemplo, el señor que vende máscaras de luchador; la señora que canta con su guitarra “T-t-t-t-t-t-t-tranquis, tranquis”, el señor viejito de sombrero que vende plumas (para escribir, no de aves), el ñor de las películas, o la otra señora que vende pulseras en una cajita de galletas danesas. Simplemente son parte del vecindario y avistarlos en los cafés y en la calle es cotidiano.

Se coexiste bien aquí o eso pensaba, hasta antes de encontrarme a otro personaje.

No suelo salir mucho de la oficina, y cuando lo hago, generalmente tengo que ir muy a prisa. Uno de estos días que me encontraba en la tiendita de la esquina, llegó una mujer repartiendo volantes.

Filosofía Profana: No suelo aceptar volantes en la calle (salvo los que se tratan de comida para tener un menú el número telefónico en la oficina). No me parece que tenga sentido, después de todo, si uno necesita algo, lo busca en internet y ya. En esta tesitura, el volanteo me parece un desperdicio de papel, pintura y esfuerzo humano. Tampoco cambia mi criterio con aquellos que se refieren a causas sociales. Sé que, eventualmente, ni los voy a leer y terminaran hechos bola en el cesto de basura, por lo que se me hace poco considerado que si alguien promueve una causa, tire su esfuerzo y recursos por la borda. Así, ante cualquier ente que empieza a levantar su manita extendiendo el papelito, inmediatamente declino la oferta con un –No, gracias! (no hay que perder los modales, pues).

Pues hete aquí que Profana estaba comprando no se qué demonios en la tienda, cuando llega la señora extendiéndome una hojita al tiempo que decía que quería darme información sobre el SIDA. Para no variar, decliné la oferta. Justo en esas, la señora alza la voz y me empieza a decir que era yo una malagradecida, que ella sólo quería darme información, que por eso estaba la juventud echada a perder, que en nada me dañaría recibir el volante, que no siguiera en mi ignorancia y no sé cuántas cosas más. La gente empezó a voltear a ver el alboroto y yo sólo pensaba en la prisa que traía. En cuanto se calló la vieja, salí de la tienda.

La segunda vez que me la topé de frente, para variar traía prisa. Tomando en cuenta el antecedente, pensé que lo más sensato era tomar el volante en cuando me extendiera la mano y seguir mi ruta. Grave error: una vez que tenía en la mano el pinche papelito, la señora se puso a explicarme un montón de cosas del SIDA . Yo trataba sutilmente de seguir dando pasitos, pero ella, al darse cuenta, tuvo a bien decir –Pérate poquito, qué no puedes parar un minuto para que te explique? No seas maleducada!!!!-. Otra vez me puse a pensar en que tenía poco tiempo como para andarlo perdiendo así, tampoco entendí para qué repartía los volantes, si terminaba explicando todo de viva voz. Una vez más, en cuanto se calló, me largué, sólo que en esta ocasión me felicitó diciendo que era yo “una niña muy bonita y que me agradecía que la escuchara”. Mi plan falló otra vez, no hay forma de ganar.

Comprendí que le tenía miedo la última vez que la vi: Estaba en el mini súper, cuando ella llegó con sus volantes en mano. Se metió y empezó a buscar su primera víctima. Cabe mencionar que yo estaba muy cerca de la entrada cuando la divisé; lo primero que se me ocurrió fue correr hasta la parte más lejana de la tienda, es decir, los refrigeradores. Empecé a esconderme detrás de los anaqueles conforme se internaba por los pasillos de la tienda. Ahora el problema era salir con las mercaderías sin ser interceptada por la ñora en la caja. En cuanto se agarró a su incauto corrí casi aventándole el billete al cajero y me fugué a toda velocidad. Estaba feliz, ahora sí la había evitado.

No toda la fauna típica de la Condesa es grata y afable. Sirva mi testimonio como un consejo para cuando visiten la colonia: si se les acerca alguien queriéndoles hablar de SIDA, ahora saben que lo mejor es esconderse. Si esto no es posible y el encuentro es inminente, mejor respiren profundamente, piensen que tienen mucho tiempo, y agradezcan el sermón.

lunes, noviembre 03, 2008

De villanos y Super Héroes (parte 1)

El lunes salía de la oficina a temprana hora y feliz. El fin de semana había sido intenso y todavía seguía cansada, necesitaba llegar a casa a tirar la fiaca nuevamente. Traía poco efectivo, así que pensé pasar al cajero de un super que está cerca de la oficina y, aprovechando el viaje, también compraría un Theraflú, pues los síntomas de una inminente gripa ya hacían estragos en mi organismo y necesitaba algo que me tumbara y me dejara dormir bien.

Efectivamente, pasé al cajero y salí. A la cuadra me di cuenta que no había comprado el Theraflú, pero me daba mucha pereza regresar, así que preferí llegar a casa y pedirlo por teléfono; por lo que seguí caminando hasta llegar a la esquina donde tomaría el taxi.

Por la hora, casi todos los taxis ya pasaban ocupados. En eso, se paró un taxi del que descendieron dos personas. Como quedó libre, tuve a bien subirme. Le dije al taxista que tomara ésta calle y luego ésta otra. Seguí el camino habitual, hacía frío y sólo tenía a bien tratar de cobijarme con el abrigo. Nos tocó un alto. Cuando me di cuenta, venía trepado al lado mío un tipo que decía que acababan de tratar de robarse un auto y que el plan se había frustrado, por lo que necesitaban dinero. Me tapó con sus manos los ojos, pero pude percibir que alguien se había subido también al lugar del copiloto. Me empezaron a pedir el dinero que traía en efectivo, el celular y el iPod (traía uno de los cables en la mano). Yo sólo atinaba en obedecer instrucciones sin mayor pregunta, no quería que me pasara nada y no sabía lo que ésos tipos podrían ser capaces de hacer. Me pidieron el reloj. Estiré el brazo para que lo tomaran, pero sólo me regresaron el brazo diciendo “quédate con tu chingadera” (eso me dio risa, pero me contuve). Me quitaron de un jalón la bolsa y pude escuchar cómo empezaban a esculcarla. Dieron con mis tarjetas y me pidieron los NIP. No me sé el número del de la tarjeta de crédito, el mismo día que lo recibí lo destruí como una forma de poner límite a mi consumismo (o a mi continua falta de efectivo), y así, evitaría, según yo, el cobro de altos intereses por disposiciones de este tipo. Desde luego, los tipos no se creyeron nada la historia, así que siguieron dando vueltas a ver si era posible que de repente me llegase a la memora el dichoso NIP. Desde luego, me amenazaron con enviarme a una bodega que era cuidada por un tipo “bien morboso y cochinote” que seguramente me haría mil cosas indecibles; también hicieron la acotación de que la mayoría de sus víctimas recordaba los NIPs después de dos días de encierro. El auto entonces hizo un alto; escuché el portazo y que el coche se sintió más ligero. Pensé por algún momento que habíamos llegado a la bodega. Después, supuse que estábamos enfrente de un cajero y que entonces vaciarían mi tarjeta de débito. Seguían preguntando por el NIP de la de crédito. No sé si vieron que no mentía o si de plano se empezaron a desesperar. El coche arrancó otra vez y me dijeron que me soltarían, pero que antes buscarían otra vez cosas que pudieran quedarse. Escuché el sonido de mis llaves y les pedí que me las dieran, que a ellos de nada les servían. La propuesta trajo como respuesta varios insultos, así que volví a quedarme callada. Habían pasado 45 minutos de dar vueltas cuando me soltaron a dos cuadras de la Universidad. Ví una tiendita a la que regularmente iba en esos días; pero no la reconocía, estaba todavía muy atontada y aunque hacía un esfuerzo por recordar dónde la había visto y, por tanto, ubicarme, la mente en ese momento nomás no me daba. Caminé entonces en el sentido que iba la calle hasta que me topé una avenida grande y pude saber mi ubicación.

Busqué un cigarro en mi bolsa. Ni eso me dejaron los hijos de puta. Tampoco me dejaron dinero, así que tuve que limosnear por algunos pesos que me dejaran hablar por teléfono con alguien. En tanto, con la mente en todo y en nada al mismo tiempo, me daba cuenta que pese a pesar de tanto horror, ya todo había acabado y que estaba bien, que no me habían golpeado, ni habían intentado manosearme o algo por el estilo o peor. Eso era magnífico.

lunes, agosto 25, 2008

No ha habido grandes heridos

Martes, 7:30 P.M. en la oficina. Meditaba seguramente sobre lo harto estresada que me encuentro mi trabajo actualmente, pensaba en el coraje que hice en la mañana que me dejó hasta temblando; quizá repasaba en la mente que hace rato me dolía la cabeza y que alguien me trajo unas aspirinas, o puede que sólo me encontrara esperando la hora en que me dijeran que podía salir a la libertad. Sentí revuelto el estómago, no en aspecto metafórico, tenía verdaderamente ganas de vomitar. Me dirigí en dos saltos al baño. Regresé con los ojos llorosos a mi lugar. Respiré profundamente mil veces. En breves instantes estaba otra vez en el baño. Decidí retirarme sin preguntar.

Estaba dispuesta a ir a casa, pero el espasmo se hizo presente nuevamente. No iba a poder subirme un taxi y llegar al hogar sin provocar un desperfecto, así que pensé en ir a casa de Srita. P, que está muy cerca de mi oficina. El fuerte dolor hizo que se me salieran las lágrimas. La primera escala fue al baño nuevamente, después a su cama. Así fue intermitentemente por unas 3 horas más. Diagnóstico telefónico de 2 doctores: stress. Me quedé dormida y prolongué el letargo por el día siguiente, no fui a trabajar.

El jueves regresé a mis actividades cotidianas. Para ser francos, esperaba algún tipo de pregunta sobre mi estado de salud. En su lugar, sólo hubo silencio. Esperé pacientemente a que fuera hora de reunirme con mis amigos de Cantina de jueves.

Cené un caldo de pollo (por aquello del estómago). Me relajé mucho. Es increíble cómo personas a quienes no se tiene mucho tiempo de conocer, pueden hacer de una reunión común una verdadera delicia, dando como resultado que parte de la semana (claro, y del presupuesto) se planee en función a ésa reunión semanal. Recuerdo que Meche cenaba fabada, que Rafa tomaba agua y que Petronila, Rufián y yo criticábamos junto con Lilián a Hannia Novell y a otros presentes en la cantina. Después llegó un grupito fresa equipado con instrumentos musicales, dándole una cantina típicamente española, un aderezo fusión con sazón cubano.

Rafa amablemente se ofreció a llevarme a casa. Me subí del lado del copiloto. No podía abrochar el cinturón de seguridad, por lo que tuve que pedirle a Rafa que me ayudara. Llegando cierta calle, le pedí tomara la izquierda del camellón porque del otro lado había un alcoholímetro. Rafa me preguntó la razón por la que había que esquivarlo, si después de todo, él sólo había tomado agua durante la noche. Dije que me daba hueva que nos pararan. Después vi algo blanco de reojo, no distinguí qué fue.

Algo nos empujó, cerré los ojos y sólo sentí un gran mareo. Supongo que perdí consciencia por un momento. Cuando me reincorporé me dolía la cabeza y me daba vueltas. El vidrio estaba roto y una parte de la puerta, recargada en mi pierna. Una puberta beoda se pasó un alto y nos chocó. El golpe fue directo en el lugar en donde yo estaba. Nos preguntamos si estábamos bien, parecía que así era. Ya después llegó la policía, el seguro y las ambulancias. La otra conductora se dio a la fuga, aparentemente, entre el nervio y su borrachera había chocado adelante, pero se había arreglado con otros polis; intentaron encontrarla pero ya se había ido A mi me dolía horrible la cabeza y el codo, pero seguía caminando un lado a otro: quería saber qué había pasado con la infractora y asegurarme de que todos estábamos más o menos bien. Llegó el l&tae a ayudarnos, después apareció un taxista diciendo que había recogido las placas a petición de la joven que nos impactó. Al menos, ya teníamos una pista. Entramos al hospital a eso de las 5; batas con apertura por la espalda, exámenes, placas y medicinas después, habremos salido pasadas las 6.

No me pasó eso de ver tu vida en un segundo. Supongo que como no vi venir toda la situación, tampoco entendí bien de qué se trataba. Algunas consideraciones finales:

1.- Conocí más a mis amigos. Esto de verlos en bata de hospital y ver sus radiografías es algo que no pasa (afortunadamente) todos los días.

2.- Mi ángel de la guarda trabaja como esclavo y es bien rifado. Sólo tengo un moretón en la pierna, otro en el codo y un chichón en la cabeza. Ninguna fractura o fisura, mi memoria y reflejos están bien. Vamos, ni un solo rasguño o vidrio enterrado. La coordinación quedó tal y como estaba antes (la cosa es saber si entonces era buena o mala), pero no empeoró.

Bueno, ahora que lo pienso, horas después del suceso, estaba bastante contenta por estar vivos y bien… una ligera afectación de personalidad, pues pensaba que estaría quejándome del suceso por largo tiempo, y sólo estaba agradecida porque las cosas pudieron ser mil veces peores y no lo fueron. Será que Profana ahora se ha vuelto optimista y todo amor? Definitivamente no.

3.- Sigo sin entender por qué Lilián daba por respuesta “Argentina” a toda pregunta que se le hacía.

4.- En obvio de que supongo que terminé de romper el cristal de la ventana con mi cabeza, y – gracias a Dios y a la vida- sólo me salió un chichón y no un coágulo o traumatismo serio, he descubierto que soy una cabeza dura en más de un sentido. He corrido con mucha suerte, pensé y la doctora me lo confirmó.

5.- Mala hierba nunca muere.


La semana pasada no fue mi semana... o si?

Pd. Para otros datos o puntos de vista, consulte ésta crónica, ésta reseña, o la versión de Rafa.

lunes, julio 14, 2008

De embarazosas moralidades

Cuando me salí de la casa familiar hubo mil teorías respecto de mi decisión. Como vengo de una familia más o menos conservadora, evidentemente, nadie dio por cierto que lo que yo quería era simplemente vivir sola. Algunos dieron por hecho que me fui a vivir con mi entonces novio, porque al muchacho no le veían intenciones de casarse; otros apostaron porque seguramente estaba embarazada y preferí huir antes de que se supiera la inminente ( y desafortunada) verdad. Así como esas, mil patrañas de las que me enteraba por pláticas con mis primos, mi hermano, mi abuela y una tía que apoyó mi desición.

Dentro de mis más acérrimos perseguidores, se encontraba un hermano de mi madre, el Tío Bank, quien no obstante encontrarse verdaderamente lejos de ser un modelo de la vida más correcta, aprovechaba cualquier ocasión para tirarme piedras, aún viviendo en el nido familiar.

Tío Bank era un borrachales desde joven. Después, embarazó a una de sus novias, con la que no tuvo otro remedio que casarse cuando repitió la hazaña; ya la tercera de sus hijas, nació dentro del matrimonio. No obstante, seguí siendo un borracho y como entonces le iba muy bien económicamente, se dio el lujo de tener una amante de la que toda la familia se enteró. Recuerdo que alguna vez llegó a la cena de navidad ahogado de borracho exigiéndole a su hijo que lo llevara a ver mujeres a un table dance (jajaja, qué divertida fue la navidad ese año). Después de que le metieron un balazo en alguna borrachera, decidió acercarse a Dios, casi al grado de fanático, pues llevaba su biblia para todos lados y aprendió a responder casi a cualquier cosa con alguna cita de dicho libro. Toda su familia entonces parecía sacada de cuadro de beatos. Ellos y sólo ellos eran perfectos.

Fue entonces, cuando su suficiente calidad moral les hizo jueces de lo que era bueno o no. Las observaciones a mi persona fueron miles. Aquí, algunos ejemplos:

Crítica: Profana es bien huevona porque no ayuda a su mamá en los quehaceres hogareños. Eso está muy mal.
Mi respuesta: Ejem, si, pero yo trabajo medio día de 9 a 3 y estudio el otro medio día de 4 a 10. No estoy en la casa, por lo que no ensucio y los fines lavo mi ropa, plancho y recojo mi cuarto (que tampoco está tan sucio porque nunca estoy). Ojalá yo pudiera ser como tu hjija, mi prima Oris, quien trabaja de 8 a 12, quien ayuda a su mamá a lavar los platos que la chacha que tienen no lavó porque todavía no habían comido cuando ella se fue.

Crítica: Ay, es que Profanita es una fresa de lo peor. Cómo puede ser que toda su ropa sea de “marca” y que nada más le guste estar yendo a lugares carísimos.
Mi respuesta: Claro, soy una fresa de mierda. Si, me gusta vestir bien e ir a lugares de moda, pero todo eso me lo pago yo. Mis padres no me sufragan esos gastos. Cosa que no se puede decir de Oris, quien trae ropa mucho más cara que yo, que por cierto, ustedes pagan, y que tiene un clóset del doble de tamaño del mío. Ah, por cierto…. Eso sin contar que yo traigo un Tsuru más austero que nada; y su nenita trae un coche del año, asientos de piel, todo eléctrico y automático; pero ella no es fresa!

Crítica: Uff, es que Profanita no pasa nada de tiempo en familia. Eso está muy mal. Nuestros muchachos y nosotros siempre vamos juntos a todos lados.
Mi respuesta: Me pregunto por qué podría ser eso?? Será porque no es muy grato que lo estén criticado a uno??? No, qué va, es una delicia escuchar sus opiniones. Vamos, no es tan grave: Supongo que es una etapa propia de la edad, ya se pasará seguramente.

Cuando la mayor de sus hijas tenía quince años, se embarazó de sujeto desconocido. Después se casó con otro hombre, quien la terminó obligando a atender un puesto de jugos callejero (no obstante, el tío bank tenía buena posición económica).

Después, el hijo de en medio, poco antes de acabar la carrera, corrió con la misma suerte. Embarazó a la novia y tuvo que casarse con ella. El trabaja, a ella le dio más flojera esto de laborar y se dedica “al cuidado de la casa”, eso sí, exigiendo sirvienta, porque en la mañana, ella tiene que irse al gimnasio y no le da tiempo de todo.

Cuando me fui a vivir de la casa, la prima Ori era la única que vivía con ellos, y desde luego, la más criticona por ser entonces, la esperanza de esa familia, e intachable. Ella es más grande que yo, pero supuestamente, jamás había tenido un novio ni nada de nada, según esto, porque le daba asco siquiera la idea de besar en la boca a alguien y combinar gérmenes (obvio, jamás tomaba de un vaso del que ya alguien había tomado). Era la niña que iba de la casa al trabajo y viceversa, cero parrandas, cero amigotes. Ah, y claro, vivía pegada de su mamá.

Desde luego, con respecto a mi partida, ella era de las que apoyaba la teoría de mi estado de espera. Alguna vez le mandé decir con otra prima que si eso pensaba ella, tuviera la bondad de organizarme un baby shower.

Todas las teorías se disiparon después cuando empecé a ver a mi familia nuevamente y vieron que ni bebé, ni unión libre. Estaba sola y contenta, no más-.

A finales Noviembre del año pasado, recibí una llamada de Oris. El motivo de la llamada, era la invitación a su boda. La pregunta obvia era con quién se casaría cuando jamás se le había conocido novio. Me comentó que apenas tenía 6 meses de andar con él. Se habían comprometido en Septiembre. -¿Para cuándo la boda entonces?- pregunte. La respuesta fue: a mediados de diciembre, explicando inmediatamente que la premura era porque verdaderamente estaban muuuy enamorados y querían hacerlo lo antes posible. Acto seguido, hizo la pertinente y dudosa aclaración –Pero no estoy embarazada, eh!-. Quedé regresar la llamada para confirmar. Explicación no pedida…..

No pude asistir a la boda, ni verlos en otra ocasión, pero justo 15 días después de la dichosa boda, la feliz pareja dio la noticia de estar esperando a su primogénito. –Vaya, qué exactitud de muchacho y qué rapidez para detectar el embarazo- pensé entonces. Mis tíos siguieron jurando que ella no estaba embarazada, pero que tuvo la suerte de quedar preñada la mismísima noche de bodas que curiosamente, fue en casa de los recién matrimoniados, pues no hubo luna de miel.(Me pregunto si a mi prima le dará tanto asco besar a alguien en la boca, cómo le habrá hecho para coger???... naaa, ya no le ha de dar tanto asco!! jjejeje)

Hoy me entero por otra tía, que acaban de dar la maravillosa noticia de que el niño nacerá en cualquier momento. Según los papás de Oris, el Ginecólogo le hizo saber que dada la delgada figura de mi prima y el hecho de que el niño ya se encuentra en posición, podría nacer sietemesino… qué cosas!

Yo no sé si creen que somos pendejos, pero nadie les ha comprado el cuento. Me dan ganas de hablarles para mofarme en su cara con mil preguntas que no les dejen mucha salida. Me encantaría decirles lo irónico que resulta que ellos, que tanto me criticaron y que juraron que yo me salí de casa por estar embarazada, terminaran teniendo lo mismo en casa con una tercer hija con domingo siete y a quien mantienen (porque aparentemente, el marido no vive con ella y regresó a su casa); mientras que yo logré ser independiente. Sin embargo, lo no haré, pues terminaría repitiendo eso que a mí me molestaba tanto que hicieran.

La verdad es que me vale madre si haya quedado embarazada sin estar casada. Cada quién sabe qué onda con su vida. Lo que me molesta es que crean que tengan calidad moral para decirle a todo mundo que está mal, sin darse cuenta lo que ellos hacen (ver la astilla en el ojo ajeno y no ver la viga en el propio). Esto de que salga el tiro por la culata, no deberían dejar de pensarlo, aunque admito que es divertido escuchar qué ingenios sacan para ocultar lo que todo mundo ya sabe.

Sólo diré: Bendito karma… a huevo!!!

martes, abril 22, 2008

De asquerosos manjares y cortesías.

Llovía mientras llegaba al aeropuerto. Era jueves por la noche y me faltaban escasos minutos para subir al avión. En menos tiempo aún habría ya llegado a mi destino. Mi jefe había llegado un día antes. El trato era dar una pequeña consultoría para unos extranjeros, chinos, según me había dicho. No sabía bien de que se trataba el asunto, sólo me quedaba claro que en caso de concertarse acuerdo alguno, habría algún dinero extra.

Durante la mañana del viernes estuve atendiendo desde alla cuestiones de la oficina. Nos reuniríamos con los chinos a la hora de la comida para discutir el asunto de la consultoría. A la hora acordada pasó un automóvil blanco para llevarnos con ellos. Nos llevaron a un restaurante pequeño, pero de apariencia muy selecta. Pasamos entre las mesas y seguimos de largo, nos conducían a una especie de pequeñas salas, donde ya nos esperaba el chino mayor junto a su asistente personal. Mientras nos explicaban el problema sobre el que había que emitir opinión, se hizo presente otro simpático chino, medio regordete, vestido de chef. Comenzó a hablar con los otros dos chinos en su idioma. El chino mayor se volteó hacia mi y me dijo en ingles que en virtud de nuestra visita, quería agradecernos ordenando una delicadeza gourmet china, por lo que había pedido la "sopa especial", un huachinango, camarones y verduras. -Suena delicioso. Muchas gracias- contesté mostrando simpatía por ser merecedora del honor.

Siguió la plática. Imaginaba suculentos platillos, del tipo de comida del Hunan, o ya de perdida, de un China in a box. En eso, llegó el mesero sosteniendo una sopera con detalles que evocaban algún ornamento de dinastía Ming, la colocó sobre una charola junto a nuestra mesa y comenzó a servir los tazones. No pude evitar notar que primero los llenaba de material sólido. Esparció primero algo, que no sabía bien que era, pero que tenía un fatal aspecto; un tipo de masa gelatinosa (parecida a la pata que se hace para las tostadas), de color ámbar, porosa, cortada en cubos, para después añadir unas bolas de carne de no muy buen aspecto, y finalmente, vació el caldo de la sopa.

Entré en pánico... soy excesivamente quisquillosa con la comida, un mal legado de mi nana, quien ante mi desaprobación por la sencilla vista de un platillo, corría a la cocina a preparar otra cosa al momento sólo para darme gusto. No puedo tolerar cierto tipo de texturas en la boca, especialmente aquellas que son viscosas o gelatinosas (razón por la que jamás me verán comiendo "cueritos"), por ciertos sabores (ejemplo: odio el jitomate) y ni siquiera me arriesgo a probar algo que mi vista no me recomiende. Preferí no preguntar qué contenía la dichosa (y putísima) "sopa especial"; bien sabía que si a mis oidos llegaba el nombre de algún animal extraño, mi mente me iba a hacer tal jugada que de entrada, ni siquiera me arriesgaría si quiera a oler.

Cuando ya se encontraban los tazones frente a sus respectivos comensales, el chino mayor se volteó hacia mi, como esparando que hiciera yo la monada de empezar a comer. Metí la cuchara al plato y decidi intentar partir uno de los chingados y nada apetitosos cubitos, sólo para tratar de determinar un parecido con algún alimento conocido. Era suave, pero viscoso... así que para mis adentros repetía con insistencia a tipo de programación mental: "piensa que es manzana cocida, piensa que es manzana cocida". Levanté de nuevo la mirada sólo para descubrir que seguían viéndome, por lo que tuve que reunir fuerzas y abatir voluntad, al tiempo que sumergía la cuchara en la mentada sopa nuevamente para llenarla, y después, ir acercando el menjurje hacia mi boca. Comprobé con desagrado que efectivamente, la textura era espantosa. Evidentemente tuve el refrrejo de escupir, pero sabía que no podría darme ese lujo pues se trataba de potenciales clientes, dinero y al final de cuentas, era un gesto amable de su parte. Tragué sin intentar encontrar sabor alguno. Aún así, quería mentar madres, salir corriendo, mínimo aventar la chingadera de sopa al suelo. Únicamente me limité a hacer un gesto de mínima y discreta aprobación por el supuesto manjar, haciendo mención de que definitivamente, la sopa era algo especia. Los chinos se mostraron complacidos y comenzaron a comer, mientras que yo sólo sorbía el caldo, que tenía un sabor fuerte. En cuanto pude, llamé al mesero y pedí que retirara mi plato, al ver que el chino menor tomaba el cucharón de la sopa para sevir otra ronda. El resto de la comida no fue mala. Me dediqué a pensar lo mucho que hubiera disfrutado de unos simples (pero exquisitos) tacos al pastor, o un pozole.

Ya que hubo terminado la comida, y estando a solas, le pregunté a mi jefe por los ingredientes de la sopa, en obvio de que el visita china con mucha regularidad. Contestó con una sonrisa burlona que en realidad, por mi bien, prefería no decirme. Insistí hasta que obtuve la respuesta: Era carne de cerdo, algo así como testículos de pájaro, y por qué chingados no? Carne de vívora amarilla!!!!. -Me carga la chingada, qué asco!- dije exhaltada. Solicité la anuencia para salir sola en la tarde una vez que concluyeran las labores. Tuve que tomarme unos vodkas para pasar el sabor de boca y miniminzar las probabilidades de sufrir alguna enfermedad por haber consumido semejante asquerosidad.

El sábado, aprovechando la visita, fui a comer lo típico: una torta ahogada ligeramente picosa. No pude evitar pensar en el enorme regocijo que sentiría de ver a los pinches chinos tragando lo mismo, y que después les cayera "La maldición de Moctezuma".

Concluisiones del viaje:
1.- Soy bien naca.
2.- La comida china gourmet y sofisticada apesta en más de un sentido.
3.- Mis deseos de venganza son grandes.
4.- Aún siento asco de recordar.

miércoles, febrero 27, 2008

Del castellano y el español.

Este es un post que ya había subido en anterior ocasión. Desafortunadamente, ese día andaba distraída y dejé mi blog abierto. En obvio de que debo proteger mi personalidad (santas barbaridades) y de que hubo bastantes testigos presenciales y de oídas en el curso de los eventos, tuve que borrarlo so pena de ser descubierta. Hoy lo pongo nuevamente, sólo porque fue un momento encantador.

Había solicitado cierta información a una de las delegaciones estatales de la dependencia para la cual trabajo. Para no poner en mayor lío a aquéllos que me tenían que mandar la infomación (que de por si ya son bastante aturdidos), les envié una hoja de cálculo en donde debían de vaciar datos muy específicos. No era física cuántica, sólo copiar dos o tres palabras por campo. La respuesta no fue sorpresiva. La información la quisieron mandar como a su gana (o quizá su entendimiento) pudo. Me contestaron en formato de procesador de texto, y si había preguntado por peras, me contestaron que tenían 8 manzanas.

Esto desencadenó otra de las buenas historias de Carcamán, una que disfruto enormemente.

Profana: Bueno, pero acaso la gente de la delegación no habla castellano o qué demonios???

Carcamán: Licenciada, por favor! Cómo que castellano? En México se habla Español!!!

Profana: Licenciado, no me diga eso por favor. Aunque en términos generales existe gran debate al respecto, respecto de su uso como sinónimo, en México se habla Castellano.

Carcamán: Noooooo, licenciada. Cómo? Que no ve que a nosotros nos conquistó España y por eso hablamos su idioma? (ah, no mames, sí me cae que soy un chin-go-na-zo!)

Profana: Bueno, no estaría mal echar un vistazo a los libros de historia, pues si bien recuerdo, técnicamente fuimos conquistados por el reino de Castilla, quien esparció su lengua por estos lares: el Castellano. Evidente, España no existía, eran reinos; Recuerda?? Fernando de Aragón, Isabel de Castilla??? Pero se hablaban muchas más lenguas que a la fecha tienen vigencia: el gallego, catalán, euskera. (No mames, si quiera agarra un libro de texto gratuito de tu hija y revisa, es más, igual hasta te gusta porque traen dibujitos, fanfarrón!!!)

Carcamán: Nooo, licenciada, pero el Idioma es español. Nosotros hablamos español.

Profana: Bueno, yo tampoco lo voy a convencer. Por qué no le preguntamos a la Maestra Historiadora que trabaja acá?? Ella debe saber mejor que usted y que yo. (Bueno, saber más que usted, prácticamente cualquiera.)

Ambos nos dirigimos a encontrarnos con la Historiadora, a solicitarle actuase como árbitro y nos ayudara a dirimir esta controversia. Una vez que se la hubimos planteado, dio la siguiente respuesta:

Maestra: Pues considero que lo más correcto es el término Castellano, por supuesto. Como bien apuntó Profana, lo que hoy se conoce como España estaba conformado por reinos y cada región hablaba un idioma distinto. Justo es decir que el Castellano adquirió predominio sobre los otros, también a consecuencia del poderío adquirido por causa de la conquista de América, y se popularizó tal grado que fue unificado. Sin embargo, las otras lenguas a la que Profana hizo alusión también cuentan con gran cantidad de parlantes en España y están reconocidas como idiomas. Como historiadora, diría que en México se habla Castellano.

Lo se, hice mal, pero no pude evitar sentir gozo por la aplastante ignominia que le había causado al Carcamán. Él por su parte, puso cara de no estar tan seguro de la veracidad de la respuesta de la maestra. Yo sólo tuve a bien levantar el dedo índice hasta que éste se encontró apuntando a su cara, al tiempo que decía: Ya vio, Licenciado??? Se lo dije!!! ( Esto, he de confesar, acompañado de una risita burlona y soberbia que en silencia le gritaba: Confirmado, eres un PEN-DE-JO!!!). El resto de la comitiva sólo se quedó viendo a Carcamán con gesto de vituperio, mientras el zoquete salía de la oficina, quesque a comprar un refresco.

Y así terminó el debate. Yo feliz por darle Jaque Mate al apocado ése, mientras me llevaba las palmas silenciosas de mis compañeros que, no por nada, también le aborrecen.

Ah! Si pudieran percibir la sensación de jactancia que recordar esta anécdota me hace sentir…..

jueves, febrero 07, 2008

De hostilidades

Las cosas ahora en el trabajo están muy complicadas. La partida de mi jefa (quien por cierto, sigue sin partir) nos trae a todos bastante movidos. Se tiene que hacer una relación de casi todos los documentos recibidos y gestionados durante su administración. La ineficiencia de las secretarias (que por lo general suelen ser sindicalizadas) es obvia en este momento, por lo que literalmente he pasado horas en los archivos de la oficina buscando, archivando y capturando infames cantidades de documentos.

Así también, para acabarla de fregar, el "encargado" de supervisar esta acta de entrega es Carcamán, quien me tiene ya absolutamente hastiada. De por si, siempre tuve bien claro que convivir con penedejos con iniciativa no es tarea fácil y que requiere de una fuerza bastante recia; ahora he descubierto que con todo esto, cada vez somos más los que gustosos pondríamos alguna cantidad de dinero para que un automovil lo atropelle y nos lo quite de encima al menos por algunos días.

No obstante considerarme una persona con una paciencia de amplia onda, he llegado al límite. No desaprovecho ocasión para hacerle saber sutilmente a Carcamán que no es mas que un pendejazo (gran palabra) con ínfulas que hommo sapiens.

Ejemplo: Ayer se encontraba platicando con alguien de la oficina. Yo no me encontraba concentrada en la plática, sino en unos papeles que requerían ser despachados. Sin embargo, en el barullo escucho su voz diciendo la palabra "misógeno". Huelga hacer mención de que sentí como si me hubieran dado ejemplar golpe en la cabeza. No pude evitar decir: No se dice misógeno, sino misógino!!!

Se que probablemente lo mejor hubiese sido ignorar el comentario y seguir con mis actividades, evitar bregas, pero he llegado al punto de querer gritarle a la cara que es un verdadero imbécil y de no tolerar su simple presencia y mucho menos su voz (máxime cuando ésta se dirige a mi).

En fin, no ha sido una semana facil y supongo que lo mejor está por venir. Mientras, siento que me sofoco!

Alguien sabe de algun trabajo para abogado??

lunes, enero 28, 2008

De prisa

Ando en verdadero apuro. El trabajo ahora ha sido mucho y no me he dado el tiempo para escribir gran cosa, lo que es no muy lindo, porque finalmente me gusta escribir por aca.

Si el viernes hubiera escrito algo, muy probablemente se hubieran dado cuenta que me hicieron enojar muchísimo. Así que para no aventar jitomatazos a diestra y siniestra, preferí mejor ahogar mis penas en el fondo de una botella de Bacardí Blanco.

Una cosa, al menos, la tengo bien segura y clara. En el mundo hay gente baja, intolerable, pretensiosa, pelele, zoquete, apocada, mezquina, taimada ... y con todos estos calificativos, sólo me estoy refiriendo a Mr. Carcamán, que dicho sea de paso, también resulta un tábano en toda la extensión de la palabra.

El muy hijo de puta, me trae como si tuviera que rendirle cuentas a él, cosa a la que a través de mil artificios me he negado, pues a la gente de su categoría, nomás no hay que tenerle gentileza... pobre, ya me he dado cuenta que su problema es el poder... más bien, su falta de poder... pobre pendejo!

Y he de irme porque todavía tengo mil estupideces que hacer, pero mal plan.

martes, enero 22, 2008

De codazos, masivos y mariposas.

La experiencia prometía mucho. No soy fan del electrónico, pero sí del desmadre, así que cuando me dijeron que si estaría dispuesta a salir de la ciudad para ir a un rave, no tuve mucho que pensar. Esa misma tarde estaban pasando por mí con destino a camoteras tierras, lugar en donde se llevaría a cabo el evento.

Llegamos a la cita a hacer fila, la cual, era ya bastante larga. Democráticamente, decidimos hacer más amena la espera acompañándole con algunas cervezas. Niño D. y yo fuimos los encargados de permanecer en la fila mientras el resto del grupo se internaría en la misión de conseguir los víveres en el minisuper, que para esa hora estaba atestado con otros asistentes al evento. Ella se mostró molesta, así que sugirió integrarse también a la comisión de guarda del lugar; sin embargo, el resto del grupo se mostró reticente y alegó lo necesario de contar con su ayuda. De mala gana, aceptó la sugerencia. Así, D y yo nos quedamos en la fila platicando muy a gusto, riéndonos y comentando nuestras impresiones de algunos temas.

Llegaron las chelas y la bandera ya se estaba prendiendo. Mientras nos abrigábamos cada vez más del frío y brindábamos por la experiencia, se armó buen cotorreo. Había pasado ya una hora desde que llegamos, una hora de estar parados, por lo que niño D. me pidió que lo acompañase al jardín que estaba junto a nosotros, a tirarnos al pasto pues ya estaba cansado (a hueeevo). Caminamos hasta allá abrazados so pretexto del intenso frío (yeeeeaah), que se iba haciendo más notorio conforme pasaba el tiempo. Improvisamos una bardita a modo de banca y seguimos platicando de vanalidades. Conforme perdimos de vista a los amigos, nos incorporamos nuevamente a la fila. A nuestro regreso, ella comenzó a platicar a todo el grupo que se encontraba en una encrucijada, pues consideraba que ya era hora de elegir al príncipe azul dentro de sus miles (qué digo miles, millones) de pretendientes. Cada uno dio su opinión (yo pensé en organizar un reality donde estos jovenzazos superaran pruebas para conquistar su amor, pero creo que ya es algo visto). Ya habían pasado dos horas desde que llegamos.

Los asistentes comenzaron a inquietarse, así que, de repente la fila en realidad se volvió un tumulto (como de metro a las 7:30 -8:00 de la mañana), todos aglutinados, en bola, empujando para conseguir entrar de una vez por todas al rave. Pisotones y codazos más tarde, nos encontrábamos tan enfrente del escenario como la situación lo permitió. D se puso atrás de mi y me abrazaba mientras bailábamos al rito de la música. Por su parte, ella nos interrumpía constantemente, ya porque quería tomar una foto, ya porque le empezaba a platicar algo o porque le solicitaba su ayuda para enviarle un mensaje a uno de sus tantos dizque galanes. Yo, por mi parte, me mantuve bailando con la vista al escenario y echando relajo con el resto del grupo, manteniendo actitud de indiferencia. Así fue todo el rave.

Bastantes divertidos los famosos raves. Exceso de energía total, gente bailando y gritando al unísono, todos medio en su rollo, pero formando parte de un todo. Buen espectáculo con láser, fuegos artificiales y de fondo, una pirámide y una iglesia. Hasta eso, estuvo bastante leve: apuesto a que casi todos traían algún “elemento” para ponerse a tono con el rave; sin embargo, también hicieron gala de discreción, salvo el típico olor a petate quemado que se sentía a ratos con mayor intensidad.

Después de un buen rato, decidimos salir del evento antes de que todo mundo se saliera; ya habíamos tenido suficiente con las hordas. Nos dirigimos a la casa en donde tan amablemente nos fue ofrecido el hospedaje y donde también ya nos esperaba más alcohol. Seguimos la peda. Pero a continuación se revelaría EL MOVIMIENTO, la de ocho columnas, el grito de batalla:

En cuanto llegamos, ella dijo que se pondría la ropa de dormir. Salió con una playera y un short a la cadera. Casi con inocencia, con naturalidad, se agachó a acomodar algo en su maleta, misma que previamente había dejado por “casualidad” frente al lugar en donde niño D se había sentado… y ahí se descubrió: traía un hilo dental que en la parte de atrás traía una mariposa, cuyas alas no se encontraban pegadas al resto de la tela!!!!! (o sea, esa era una declaración evidente!, ah, y razón por la que en lo sucesivo será “Fly”). Todos los asistentes advirtieron el inintencional detalle, pero ninguno hizo pronunciamiento al respecto. Seguí actuando con indiferencia, aunque honestamente, si se me hizo un truco bastante desesperado y un golpe muy bajo!

Segundo movimiento: Uno de la banda, Ge, se fue a dormir. Un rato después, yo fui a ponerme la pijama y al salir del baño, la encuentro sacando su maleta de la habitación. Le comenté que ya había terminado de usar el cuarto, por lo que no era necesario que sacara sus cosas en obvio de que yo ya me iba a seguir la peda. Su respuesta? -Ah, no, es que ya me voy a domir, pero como yo creí que te viniste a dormir con GE, pues ya le dije a niño D. que tendríamos que dormir juntos el y yo en el otro cuarto- dijo con esa cara de malicia disfrazada de buenpedismo. Como yo no me iba a poner a jugar su juego, contesté con indiferencia y acepté de buena gana, ok.

Revés sin intención: Nadie consideró a otra de las de la banda, a quien llamaremos Bacha, que se había metido a otro baño, por lo que cuando estábamos acabando la anterior conversación preguntó dónde dormiría ella. La invité a quedarse conmigo y con GE. Supongo que para ese momento “Fly” ya hacía en su mente una danza triunfal por lograr quedarse a dormir con D. Sin embargo, la otra niña dijo: -Es que el cuarto en el que se van a quedar D y tú está mas grande, el de Profana es más chico, mejor me voy a dormir con ustedes- (jajajaja, tómala pinche Fly!). Fly puso cara de “puta madre!!!” y con modesta sonrisa le dijo que entonces, los alcanzara en la alcoba. Para mayor beneplácito mío, mientras desayunábamos al día siguiente, Bacha me contó (juro que no se si por ayudarme o no, pues según yo, ella no sabe que me gusta D), que como tuvo mucho frío, durmió entre los dos para no pasar tan mala noche (jajajajajaj, otra vez se te cebó Fly!!!!).

A la mañana siguente nos fuimos a dar la vuelta por el lugar, disfrutamos las delicias de la comida poblana y visitamos hartos lugares. Todos íbamos como turistas, típico de los chilangos, pero casi la mitad del tiempo D y yo íbamos un poco separados del resto. Las interrupciones por parte de Fly jamás cesaron, igual que mi aparente indiferencia por tales actitudes. Fuera de esto, fue una maravillosa experiencia.

Fiuuuuuu, un rubro más de la lista de cosas por hacer que puedo tachar!!!!

jueves, enero 17, 2008

Del Portuloco y subidas de volumen

El Portuloco partía el jueves siguiente a algún lugar del país del norte.

Era domingo, ya un poco más tarde de la hora en que él acostumbraba a retirarse a su casa. Dijo sentirse mal físicamente, y solicitó permiso para pernoctar en mi casa esa noche. Dije que sí.
El lunes, pensó que era muy buena idea que, en vista de que estaríamos separados algunos días, permaneciera en la casa hasta el día de su partida. Acepté el trato.

El jueves, lo llevé al aeropuerto. Salí el viernes por la noche con mis amigas, tal y como dictan las reglas de etiqueta del fin de semana. Mandé algunos mensajes al Portu al día siguiente, que estuve con Srta. P. Los mensajes no tuvieron respuesta. Ya en la noche, P. recibió invitación a un bar al que somos asiduas (para muestra, un botón: Una bebida de ese bar tiene el nombre de mi amiga y ha sido nombrada la mejor cliente del mes en varias ocasiones). Estuvimos en gran plática hasta que cerraron las cortinas del lugar, después nos fuimos a casa del compañero de trabajo de P. a seguir la fiesta, que terminó una vez que el sol ya había salido. Regresamos a dormir a casa de mi socia de parrandas.

No habían pasado ni 2 horas desde que concilié el sueño cuando recibí un mensaje del Portuloco, reclamando mi ausencia en casa. Le marqué. En lugar de saludo, recalcó el reclamo. Le dije lo que pasó, que me había ido desde el día anterior a casa de mi amiga, que habíamos salido a echar fiesta y que me quedé a dormir en su casa. Él se encontraba bastante molesto y yo no quería discutir, así que colgué.

El día de regreso fui por él al aeropuerto. Me encontraba muy molesta porque había desconfiado de mi y en términos generales, no concibo relación interpersonal que sea sana si no existe confianza. Una vez que estuvimos frente a frente, lo saludé y él notó mi obvia molestia. Me comentó que todo el fin de semana estuvo muy mal del estómago, por lo que prefería que nos quedáramos un rato más en el aeropuerto mientras bajaba el tránsito de la hora pico. Aproveché ese tiempo para exponer mi molestia, muy seria, ecuánime y firme, sin gritar, sin panchos. Supongo que realmente vio que no estaba jugando, siempre hubo coherencia entre mi actitud y el discurso, por lo que pidió perdones a diestra y siniestra. Después, nos fuimos a mi casa.

Ya en mi hogar platicamos un buen rato de lo que sucedió en el viaje. Curiosamente esa noche solicitó también permiso para quedarse en mi casa en razón de que seguía mal del estómago y no quería faltar al trabajo el día siguiente, y aprovechando que mi casa quedaba a 10 minutos de su oficina, le sería más cómodo trasladarse. No me negué. Y así, cada día que pasaba alegaba su enfermedad o la evidente cercanía con el fin de semana para permanecer en mi casa. Cuando me di cuenta, ya pasaba más tiempo en mi casa que en la suya, y cada vez aparecían más y más cosas suyas por todos lados. O seaaaaa, el wey ya se mudó a mi casa!!!

Luego, empezó a hacer planes para futuro: que si era muy buena idea buscar opciones para irnos a vivir a Lisboa, en obvio de que él tenía la nacionalidad portuguesa también (si listillos, de ahí el mote); que si era buena idea abrir una cuenta mancomunada para podernos ir de viaje a un lugar exótico y lejano, que si tendríamos hijos en un futuro, etc. Yo estaba apanicadísima, pues en realidad la relación era muy joven y no estaba preparada para vivir con él, menos en Lisboa, ni para juntar mi dinero con él y de hijos, ni pensarlo. Cada vez que proponía semejantes cosas, me negaba muy diplomáticamente; y siempre, sin excepción, él hacía un berrinche que terminaba fastidiándome y acabábamos en guerra sin cuartel.

Finalmente, a todos nos molesta que invadan nuestro espacio, nuestra forma de pensar y cómo queremos vivir nuestro futuro. Decidí que lejos de ser un aliciente, mi pareja se había vuelto un gran dolor de cabeza, un estorbo, una causa de agobio en lugar de ser ayuda y motivación. Decidí que no había nada más que hacerle, por lo que había que terminar esa relación.

Me armó todo un drama, me lloró, me la armó de tos y así estuvimos como 2 horas. Se fue de mi casa sin decir ni ahí nos vemos.

Y podría acabar acá el post, pero me gustaría poner algunas consideraciones finales, pero eso, ya será mañana…

jueves, diciembre 27, 2007

De cuando me dijeron que era fea.

Como cualquier humano, no soy la persona favorita de mucha gente. En mi oficina existe particularmente una Directora, joven como de 32 años, no fea pero un poco desarreglada, a la que jamás le he hecho nada, ni platicado con ella cosa diferente a trabajo, y por alguna razón (que juro desconocer), le caigo en la punta del hígado. He llegado a sospechar (es que soy muy intiuitiva), que más bien no me traga porque todos los días como que traigo alguna nueva ropuesta de fechoría que cometer en la oficina y ya me he hecho de secuaces están más que dispuestos a cooperar en el trazo de mis malas jugadas con los demás, y que aunque nadie deja de hacer su trabajo por realizar la travesura del día, quizá se le haga que soy muy pendeja porque me rio bastante en la planeación del ardid del día, por lo que ha de pensar que soy medio coprocéfala, o ya si me va bien, pos que tengo puro Froot Loops por materia gris.

Pero bueno, vamos para atrás un poco. Todo comenzó con un curso que nos dieron acá en la chamba. Cabe mencionar que soy burócrata y que estas usanzas de hablar como político de la época de Díaz Ordaz, de la vieja guardia, no han pasado de moda. Así, para decir algo que se puede resumir en ocho palabras, la gente se echa discursillos de unos 10 minutos, echando mano de palabras como "sinergia" y "coyuntura" a cada momento e indiscriminadamente, claro, ps pa' que se vea que el que habla tiene amplio conocimiento de la verba y que no es un pendejo cualquiera. Eso si, mientras hablan siempre buscan la cara de los oyentes, no para captar su atención, sino para ver si "entendemos lo que quiso decir con su supuestamente intrincado y docto vocabulario", y pos ya de paso, pos aprovechar la oportunidad de pavonearse (gran palabra, que lo he puesto sin intención de época eh! jajaja) si me encuentro alguno que puso cara de what???.

La conducta descrita a mi me resulta particular fuente de placer, porque estos weyes verdaderamente sólo usan las 2 palabras mencionadas, creyendo el uso de esas dos palabras los consagra como diccionario con patas certificados por la mismísima RAE.

Como soy bastante burlona, uno de éstos días, haciendo mofa de estas modas, se me ocurrió decir que si resultaba cierta la leyenda urbana de que las mujeres o son bonitas y pendejas, o bien, inteligentes y feas; pues entonces podíamos llegar a la conlusión de que seguramente podía ser candidata al más selecto concurso de belleza, porque estaba muuuuy difícil (jaja) poder entender tan excelsa exposición de ideas.

A mis compañeros de trabajo les causó bastante hilaridad el sarcasmo que utilicé para aminorar los arduos esfuerzos del adecuado, suficiente y vasto uso del leguaje de mis otros compañeros de trabajo, por lo que para seguir la burla, cuando no quería hacer algo, sólo me limitaba a decir que no, porque yo soy muuuy bonita, por lo que todos me empezaron a decir frases como: es que eres hermosísima, es que estás hecha una divinura, eres taaan bonita, etc.

Evidentemente, la directora de la que comencé hablando en el post, a quien nos referiremos como Herr Direktor Amargues, no fue parte de la broma, así que ella simplemente comenzó a escuchar cómo día a día me chuleaban más y más. Creo que esto le desagradó.

Pues bien, uno de éstos días fui invitada a presenciar un evento protocolario para la firma de un documento legal por parte de la dependencia para la que laboro en uno de los monumentos históricos más importantes de esta ciudad. Como no muchas personas tienen acceso a estas instalaciones a la hora en que el evento se llevaría a cabo, la invitación resultó tentadora, y cuando me dijeron que iba a haber chupe y comida gratis, acepté el trato sin vacilar.

En obvio de la importancia del evento, ése día hasta tuve que ir a la oficina vestida de abogada, peinada y un poquito más arreglada que de costumbre. La verdad es que creo que no me veía nada mal (ya fuera de broma).

Justo cuando me despedía de mis amigos para partir a la tertulia, se dio el siguiente diálogo:

Amigo 1: qué, ya te vas al acto protocolario??
Profana: Ya wey, a ver a la crema de la crema, hijito!!!
Amiga 2: Ah, pues claro, con razón vienes tan guapa, si pareces una princesa, te ves súper bien.
Profana: Obvio amiga, cualquiera creería que me invitaron porque yo anduve checando ese contrato, pero no, realmente me invitaron porque necesitaban gente bonita que levantara la vista del eventito (evidente tono sarcástico).
Amigo 1: Claro, tienes toda la razón Profana, se necesitaba algo de clase en el evento.
Amiga 2: Ah, eso si amiga, es muy claro, pues tu eres muy bonita.

Jamás nos dimos cuenta, pero Amargues estaba escuchándonos todo el tiempo, y en este momento, entra a escena:

Amargues: Ah, qué Profana, ya te vas al eventillo ese?
Profana: Ps si, digo, jamás he estado en uno. Hay que ver cómo se ponen. En el peor de los casos, si el evento resulta arrullador, poder estar en el monumento histórico a esta hora y disfrutar la vista de la ciudad es de entrada un privilegio que no todos los chilangos pueden gozar, por lo que creo que vale la pena ir. Usted no asistirá??
Amargues: Aaaasssshhhh, no!, Odio este tipos de eventos de socialité. Pero bueno, al margen de eso, ya les estuve oyendo... y déjame decirte que tienes una altísima autoestima.
Profana: (nomamesgüey, creo que me dijo que estoy fea) perdón??? no entendí muy bien a lo que te refieres con el comentario de la autoestima.
Amargues: Pues si, eso de que vas porque eres super bonita! Me queda claro que no tienes problemas de inferioridad.
Profana: (No mameswey, sí me dijo que soy fea, bien, ahora haz gala de diplomacia y sal rápido de aquí para evitar las ganas de partirle la madre a esta vieja hija de su chingada madre) - Sonrisa- Bueno, Licenciada, es que uno tiene que echarse porras, si no, quién lo hará??? Pero bueno, los dejo porque se hace tarde y tengo que llegar temprano al evento. Buenas tardes a todos.

Y así me di cuenta de que en realidad, soy fea.... entonces, siguiendo la tesitura por la que se desencadenó todo esta anécdota, si soy fea... no hay más. ..soy inteligente!. Al menos, simpática???. Bueeehhh, la neta no se, y me vale un rábano!!!

lunes, diciembre 10, 2007

De los lunes y la cara larga.

Lunes, lunes. Uno de los más horribles días de la semana.

Generalmente, siempre me ha encantado trabajar. No tengo tantos años trabajando, apenas llevo 6 en el mundo productivo y participando en el PIB. Pero soy de ésas personas que gustan de dar todo en el trabajo; echarle ganas sin morir en el intento y también siempre he adquirido un cariño especial tanto por mi lugar de trabajo, al grado de convertirlo algo así como en mi segunda casa (importante mencionar que posiblemente esto se deba al hecho de que odiaba estar en mi casa cuando vivía con mi familia), así como a la gente con la que trabajo. Siempre ha sido un gran aliciente para mí ser buena en lo que hago.

Hasta ahora, siempre me había dedicado al litigio, lo que era verdaderamente emocionante, un tanto porque soy neurótica y peleonera, y otro tanto porque poseo un peculiar sentido de búsqueda de lo que algunos llaman justicia. El corrientazo de adrenalina que recorre las venas cuando tu oponente contesta algo y la ansiedad que produce la búsqueda de nuevos argumentos para revirar cargas de prueba o darle la vuelta a variadas situaciones jurídicas, se volvieron alimento para mi psique y mi adicción.

He ganado casos que el sentido común del abogado da por perdidos, y eso te hace sentir en la cima verdaderamente, consagrado. Eso me dio maravillosa experiencia de tener la plena confianza de mis jefes, al grado de ser casi casi la que diseñaba estrategias litigiosas, supervisora, y encargada del adecuado despacho de los asuntos encomendados a mis jefes.

Estar en trabajos adecuados me ha ayudado en gran manera a suplir las deficiencias que he tenido a lo largo de mi vida, me ha fortalecido.

En julio cambié de trabajo. No por mucho gusto, ni por no encontrarme encantada en mi anterior trabajo, sino porque me ofrecieron más dinero, y francamente, viviendo sola, ése extra es sumamente necesario. Económicamente me siento mucho más estable, pero no soy feliz acá.

No obstante encontrarme en un área jurídica, mi trabajo no es precisamente jurídico, y en últimas fechas, también me he convertido en excepcional archivista y capturista, y no siento ninguna emoción de estar trabajando aquí (salvo el día que me pagan, obviamente).

Otro factor importante es el ambiente laboral, que tampoco es excelente. En la oficina que trabajo, convivo a diario con 5 personas más. Y la verdad, es gente que no tiene la menor intención de ser personal, que cuchichea en forma por demás obvia y que en general, no muestra apertura en lo más mínimo. Bueno, también puede ser que mi característico humor ácido y esto de ser políticamente incorrecta, profana al fin y al cabo, los asuste.

Los únicos amigos que tengo en este trabajo están en la oficina de al lado. Ellos si son harina de otro costal: Abiertos, se esfuerzan en ser personales, se interesan por el otro, hablan de lo que les pasa y te toman en cuenta. En mi oficina me siento como el “escritorio en la isla”, pero siempre puedo salir a fumar un cigarro con mis “compañeritous” de al lado, echar la broma, seguir un nuevo juego, reír un rato y ver el lado bueno de estar trabajando aquí. Me cae que si no fuera por ellos, estaría más amargada de lo normal.

Éste, de algún modo, es un agradecimiento a estas personitas tan lindas e importantes en mi vida, aunque no reciban este mensaje (debo proteger mi personalidad secreta).

Quién me acompaña al coffee break?

Dato extra: para acabarla de chingar, acabo de escuchar a Mr. Carcamán decir una frase célebre: "Nuestro Jurídico de nosotros, o su jurídico de ellos".

Grrrrrrrrrrrrrrrr, me caga mi oficina!, ahora sí necesito el cigarro desesperadamente!

miércoles, diciembre 05, 2007

De mi "jefe", Mr. Carcamán.

Si de suyo esta servidora no es muy dada a alegrarse de estar en compañía de algunas personas (muchas, por cierto); éxisten aquéllas otras personas, un grupo muy selecto de ellas, que en un momento de arranque bien podrían impulsarme a volverme una total misántropa.

Uno de ellos, bien han pensado, es el wey que se supone es mi jefe, no porque en realidad lo sea, sino que más bien, mi verdadera jefa es medio huevas y el otro, que en términos de un ilustre ser (o sea, mi padre), no es más que un pendejo con iniciativa, que se cree el super-chingonazo-bajado-del-cielo-que-todos-esperabamos, al que en lo sucesivo denominaremos Mr. Carcamán.

Habría que dedicar varios posts a desmenuzar la interesantísima personalidad de Mr. Carcamán, podrían hacerse tratados de su vileza, pendejez y tal y como su apodo lo dice, de sus muchas pretensiones y pocos méritos.

Ya sabes, el típico pelagatos que siente que porque fue a una universidad privada y hasta con maestría (gooooei) ya nomás por eso es un "niño bien" y de varo; pero a estas alturas supongo que no tiene espejos en casa, pues falta verle la cara de cerril que tiene para darse cuenta que más bien es un silvestre más en la urbanidad.

Por otro lado, nadie le ha dicho que la llamada gente bien, a la que mucho quisiera pertenecer (él, obvio), no termina los verbos en "S", verbigracia, vinistes, trajistes, sentastes, dijistes, etc. Tampoco le ha sido informado que decir "ambos dos" ha sido, es y será siempre incorrecto, un pleonasmo (aunque me pregunto si también habrá que explicarle qué es un pleonasmo); sin embargo, cada vez que utiliza su rimbombante expresión idiomática, se le llena la boca de gloria y en su cara resplandece el brillo de sentir en sus adentros un aynomanchesquechingónsoy.

Aqí uno de sus miles faux pas:

(fondo musical: Requiem Mass, Mozart.)
Mr. Carcamán: Quién está escuchando eso????
Profana: yo... por???
Mr. Carcamán: Licenciada, por favor, súbale a la música.
Profana: ok... creí que le iba a molestar, por eso lo he puesto bajito.
-subo el volumen de la música-
Mr. Carcamán: No, cómo cree, Licenciada, si a mi me encanta la pieza que oye, la Traviatta!!! (alabanza mental propia: ahora se verá lo culto y chingón que soy, nomamesmeadoro!!)
-silencio-
Profana: Ah, ps que bueno que le guste la Traviatta, nomás que lo que yo estoy oyendo es el Requiem de Mozart, no hay pedo???

Ok, bueno, si hasta ese punto no es ya de por sí mala onda exponerse de esa manera frente a toooda la oficina, la necedad del zoquete ñor Carcamán, tiene todavía un rato para llegar a su límite.

Mr. Carcamán: Segura Licenciada??? pero si es la traviatta no??? estoy casi seguro.
Profana: no, ps usted estará casi seguro, pero yo le puedo firmar ante Notario Público que es el Requiem de Mozart.
Mr. Carcamán: Segura segura?? es que se parece a la traviatta no???
Profana: (pensamiento interno: no mames hijo de la chingada, me cae que tu sí tomaste los cursos del pendejo excelente y cómo no morir en el intento. Ni pedo, no hay cómo educarlo.) No, Licenciado, de veras, de veritas es el Requiem de Mozart. Si no me cree, le dejo la cajita del disco para que lo vea. Yo me voy a fumar un cigarro.

Ya más adelante les contaré montones de simpáticos episodios con Mr. Carcamán.