jueves, octubre 15, 2009
Contención
Me sorprende su acrobacia e histrionismo, me provoca mayor deleite que tanta teatralidad pierda impacto a punta de repetición y que ello no sea óbice para que se continúe la función porque es el deber. Admiro la expresión de las reacciones impulsivas más genuinas ejecutadas con absoluta perfección de tanto ensayo de los gestos, las posiciones de las manos y el previsible desvío de la mirada selectivamente perdida. Me gustan los chubascos que a discreción hacen emanar de sus ojos sin importar en dónde o con quién se encuentren y el quebranto de voz que lo precede.
Celebro la perfecta coexistencia de su sentimentalismo y su insensibilidad. Me he detenido al impulso de ovacionar de pie la descarada declaración de fastidio y hueva que les provoca una persona que pasa por un mal momento, su pregón por lo incómodo que resulta la tristeza o la intensidad de un tercero y el hastío que les causa. Hay que ganar la partida de ajedrez que no sabían que jugaban: calificar con aire de superioridad como insignificante la pena ajena –mover al rey -, comparar situaciones para volver insustancial el relato competidor –gran enroque, jaque-, llorar, proclamar la miseria con la vista puesta al cielo- la reina avanza, jaque mate-.
La razón de que esto -que a muchas personas les pueda parecer bajo (que lo es, lo es)- no me desagrade del todo es que, en cierta forma, me causa envidia. A mi me funciona mucho más el hermetismo, contar mis penas con un toque entre irónico e hilarante, alejándome lo más posible de disertaciones emotivas. Prefiero honrar un buen dolor con silencio más que con lamentos. He aprendido a aprisionar el llanto tan bien, que rara vez sale a mi encuentro. La única forma en que puedo sentirme cómoda enredándome entre mis ideas es frente a un total extraño al que le pague para escucharme, generalmente loqueros (aunque pensándolo, no estaría mal incursionar en el terreno de los prostitutos), no por otra razón sino precisamente la de que ése es el servicio que prestan. Admiro al actor teatral de drama porque se precisa vocación, inmensurable coraje, sentido de oportunidad para divisar oyentes y de inoportunidad para empezar el discurso, persistencia al ser carrera de toda la vida; todas ellas, hermosas virtudes de las que carezco.
Hace un tiempo tuve el brazo izquierdo dormido por una semana. Después de descartar que sufría un ataque al corazón de a poco, alguien me sugirió visitar a un acupunturista. Así lo hice. Me dijo que tenía un bloqueo emocional y que necesitaba seis sesiones para arreglar el asunto físico y energético. El brazo dejó de hormiguear después de la segunda vez que fui al consultorio. Después de la tercera visita quedé con una tristeza sólo equiparable a la de un emo de la Glorieta de Insurgentes. A la cuarta vez que me pincharon le siguió un llanto incomprensible. No hubo ni quinta ni sexta vez, me dio demasiado miedo ir por la vida lagrimeando. Uno va al médico a sentirse mejor, no peor. Quizá debería iniciar el performance de alfiletero.
lunes, agosto 10, 2009
De la insoportable pesadez de la sobriedad
-Cuál será la mejor Afore?
-Debería investigar cuántos puntos (Dios, son puntos acaso?) del Infonavit tengo. Cuántos serán necesarios para dar el enganche de una casa? Por una casa debería entenderse un departamento y éste debe ser céntrico…
-Santiago es un nombre que siempre me ha gustado, pero qué tan choteado estará?
-Dónde habrá quedado mi libro de “La inmortalidad”... y “El Decamerón”?
-No me había dado cuenta qué malo es el servicio en este restaurante.
-Bendita la hora en que hubo que desparasitar a Fino y Josefino.
-Debería poner mi lana en Unidades de Inversión? Qué tan arriesgado será invertir en Bonos del Gobierno?
-Ya he dejado un tanto abandonado el blog, pronto escribiré. Habrá algo que contar?
-Creo que esa insolada en el estadio me ha dejado brazo de camionero. Por cierto, quizá en esta condición ahora sí podría entender eso del “fuera de lugar” o “posición adelantada”.
-Por qué demonios pienso estas cosas?
-Ya, ya, necesito dejar de dormir.
-Y para qué demonios me quedo despierta?
-Por qué puedo coexistir con todas estas ideas cuando bebo y ahora no?
-Dónde he dejado abandonada mi habitual levedad?
-Cómo se podría reducir la extensión de 3 días?
-Jack Daniels, dónde estas?
Conclusión: Necesito beber ya!
miércoles, julio 01, 2009
De falaces focos (o no todo lo que brilla es oro)
Comentaba que yo siempre quise un micro hornito. Ahora que lo pienso, quizá mis pocas habilidades para la cocina sean únicamente un reflejo, una barrera que puse años atrás a efecto de defender mi débil psique ante la decepción de nunca haberlo tenido. Lo importante era que el horno para mí era realmente mágico, no me cabía en la cabeza como siendo un juguete podía hornear de verdad, tal como lo prometía la publicidad. Era el más adelantado desarrollo científico entonces, tecnología de punta, polvos del saco de Merlín, hechizos nunca antes dichos y movimiento de varita mágica.
A una prima sí se lo regalaron y recuerdo que me emocionaba ir a su casa con tal de jugar con el horno. En cuanto llegaba lo sacaba de su caja sin siquiera preguntar, e inmediatamente conminaba a mi prima a sacar de su cocina los ingredientes para hacer el pastel de Chocomilk que venía en el recetario del juguetito. Podía pasarme la tarde entera haciéndolos.
Uno de esos días de visita familiar mi prima me recibió con el semblante serio como la seriedad misma. Después de darle la vuelta alguna que otra vez al asunto me informó que el micro hornito había valido madres: estaba descompuesto y sus papás no iban a pagar la reparación. Después de pasar un trago tan amargo y de sufrir no sólo por no tener yo mi hornito, sino de haber recién perdido el único que tenía, aunque fuera de lejos, propuse la solución más obvia y viable: juntar nuestros domingos y mandarlo a arreglar nosotras mismas. Alguien sugirió abrirlo y quizá averiguar lo que se encontraba mal. Me negué rotundamente a que se hiciera semejante cosa, el hornito sólo necesitaba una arregladita y, en realidad, la propuesta que hacían más bien se antojaba como una autopsia. No estaba lista para dejarlo ir del todo, eso no.
El hornito permaneció en su caja en el cuarto de mi prima algunos días. Ella y yo nos gastamos nuestros domingos en muchas otras cosas. Meses después el hornito fue llevado al cuarto de cachivaches por mucho mucho tiempo más. El día que lo encontramos de nuevo ya no éramos niñas y la ilusión del horno o de su reparación había pasado.
Su destino sería la basura. No podía regalarse a alguien porque precisamente estaba ahí por estar descompuesto. Decidimos abrirlo, quizá encontraríamos el enigma del por qué ya no pudimos hacer pasteles de chocolate.
Lo que encontré fue una sorpresa. Y no es que sea yo una experta en cosas de reparación, ni en eléctrica o en mecánica. En realidad, lo que fue motivo de asombro fue descubrir que la magia era algo más sencillo y común que polvos y varitas. La magia la hacía un foco. UN PUTO FOCO!!!! Eso era el hornito. Un chingado foco que se compra en cualquier lado. Un maldito foco de 100 watts, igualito al de mi lamparita de noche. Repudié la idea de pensar que toda mi infancia quise tener un foco! Que pasé navidades enteras esperando un foco en una caja de plástico, que tristeaba por no tener un vacuo foco y que me emocionaba ir a ver a mi prima porque ella sí tenía un foco!
La realidad es que me sentí engañada e insulsa. En qué momento algo tan del otro mundo se convirtió en algo tan inane?? Cómo pude haberme sentido tan triste por supuestamente no tener algo que efectivamente sí tenía? Y lo más importante: cuántas decepciones más me llevaría por descubrir que algo que parecía tan extraordinario y fuera de serie resultara algo falaz, ordinario y vano?
A la fecha, nunca me dio curiosidad hacer el experimento de hornear pasteles como aquéllos con un foco.
A un amigo le pasó igual, pero en su caso fue con la Máquina de Raspados (fiesta de sabor…). Las delgaditas aspas un día dejaron de funcionar. Él dio por inservible el juguete y a nadie se le ocurrió que las aspas podían ser afiladas nuevamente. Para su suerte, él descubrió entonces la licuadora.
jueves, junio 04, 2009
Adios a las Bahamas
Me comenta entonces que tiene la solución al problema, no al de la mundanza, sino al del stress: unos 4 días en Bahamas. No se si agradecer la buena aunque utópica propuesta, o si más bien enojarme por la burla que representa. Él ya lo sabe, pero se lo reitero: no tengo un duro, el plan resulta complicado. Contesta que la imposibilidad que le planteo es poco viable: los boletos y reservaciones están ya a mi nombre, todo está planeado para dentro de 3 o 4 semanas, según me resulte conveniente, por dinero, no hay nada que pagar. Resulta entonces obligado entrar al detalle ese de que no tengo vacaciones porque acabo de cambiar de trabajo, aunque él también lo sabe ya. Nada de qué preocuparse, me dice, su hermano me puede extender los justificantes necesarios, que de algo sirva tener un médico en la familia.
En mi mente se empiezan a crear imágenes de una típica playa caribeña tranquila y hermosa, como suelen serlo; y yo recostada en la arena blanca y fina, con un bikini en colores rojo y blanco para contrastar con el fondo neutral, con un chupe con sombrillita y cuadrito de piña en una mano y en la otra un libro. Casi puedo sentir la brisa salada y el rayo del sol sobre mi piel, por ahí corre una gotita de sudor que intenta huir del calor ambiental. Y sí, la escapada va muy bien, y la comida ha sido buena, y las pláticas y las risas no cesan, y en realidad esto ha servido para relajarme, y pásate otra cuba aprovechando que ya estoy medio borracha, y qué buena nalga tienen los lugareños.
Entonces empiezo a hacer cálculos de tiempos, nada más hay que pensar, si es gratis y tengo excusa para faltar al trabajo, pues entonces sólo hay que fijar fechas y ya. Julio me queda mejor, y el calorcito será más placentero por esas fechas y el bronceado quedará mejor.
Y entonces viene el pelo en la sopa: Bien, bien, partimos el jueves muy temprano a Miami, y de ahí hacemos la conexión a Bahamas. Mierda! Pequeño, pequeñisimo detalle: No tengo visa gringa ni oportunidad de que me la den en 3 semanas!. Dice que con suerte me la pueden dar. Y otra vez viene el dilema: es que no quiero solicitarla, no porque no quiera ir a Bahamas, es porque no quiero poner mi cara de circunstancia y amabilidad con los gringos. Por qué? pos si ni me voy a quedar en Miami: pa' ver sudacas con complejo de gringos puedo irme al norte de mi país. Sólo quiero ir a la playa, y no a una gringa, Por qué necesito visaaaa?
Pregunto si no hay otra forma de llegar a Bahamas. Dice que no, que el vuelo ya está así y no hay forma de cambiarle. Pide con serenidad y firmeza que saque la cita ya mismo, que quizá explicando bien las cosas todo salga a tiempo, que podría retrasar los planes una semana más.
Y entonces siento la punzada que me produce la idea de tener que pasar todo el show con tal que me dejen entrar a un país que por esta ocasión no pretendo visitar, y me enojo y quiero patalear, pero no puedo porque estoy en la oficina. Se que no me van a dar la cita pronto. Tengo que declinar la invitación, no sin sentir ganas de despepitar en contra de los gringos y decir que son unos putos, pero no lo haré, porque algún día quiero conocer NY, las Vegas y Nueva Orleans (un mardi gras no me caería mal).
Y entonces, con lágrima Remi en el ojo, tengo que decirle 'Adios' a Bahamas, aunque ni siquiera haya llegado a verle.
¿No podría ser algo más nacional, digamos, de perdida, Acapulco?
Voy a compar una alberca inflable, al fin ya habrá jardín!
lunes, abril 13, 2009
It's not me, it's you( ??) !!
Soy desordenada.
En esta opinión concedo razón. Lo confieso, soy absolutamente desordenada. La cosa interesante acá es encontrar el motivo por el que me fijo en gente obsesiva del orden. Opiniones de dos hombres totalmente ajenos entre sí, de edades, profesiones y entornos familiares distintas lo confirman.
No soy niña de gym, spa y salón de Belleza.
Nuevamente, gente que ni se conoce ni piensa igual coincide en este punto. No me muevo ni en defensa propia, jamás abandonaría mi cama 1 hora antes de lo debido por hacer deporte alguno, ni desperdiciaría mis tardes de chelas por ello. La única bicicleta fija que uso es la de casa del Rufián, quien siempre se sorprende de mi ingenio, pues sabe que la uso más bien para poner mi cenicero porque así me queda cerca de mi lugar de ver la tele.
Igual me pasa con los salones de belleza y con los spas. A lo sumo, pasaré por esos lugares cuando vea que mi cabello en realidad está hecho una aberración, lo que sucede entre 1 o 2 veces por año. No más. Por otro lado, jamás me he pintado el cabello, ni me hago tratamientos para alisarlo o enchinarlo. Y por qué gastar cualquier cantidad de dinero en masajes o que te unten aguacate, cuando ese mismo dinero podría comprar unos buenos whiskys en una cantina??? Creo que sobra decir cual termina siendo mi elección.
Desafortunadamente, los tipos que me gustan suelen querer niñas con super maquillajes, cabellos de concurso y ropa absolutamente a la moda. Alguno de mis antiguos galanes dijo que yo estaba a dos pasos de volverme hippie porque no me gusta maquillarme mucho ni estar con imagen de "lista pa' la foto" todo el tiempo; lo bueno (?) fue que reconoció que soy una niña muy bonita, aunque un poco de arreglo no me haría daño (hombre, gracias, qué detalle).
Soy muy mal hablada.
A quien chingados se le ocurre semejante mamada? Quién putas madres no suelta una grosería cada cierto tiempo? Estas sí son pendejadas. A la verga!
Así que a eso se resume todo. Esas son las cualidades por las que justo cuando están a punto, terminan dando la vuelta. Y entonces me pregunto si debo cambiar y ser una niña modosita, linda, afable, arpía y tan superficial como para no importarme otra cosa sino la manera en la que luzco. La verdad es que me niego. Esa no soy yo, me arreglo cuando tengo que hacerlo, no ando de cara lavada pero tampoco con plastas de maquillaje como si de máscara se tratase, prefiero tomar un café mientras veo las noticias en mi cama por la mañana y las tardes de chelas con amigos por la tarde, y hablar como hablo porque me place y ya. Estoy entonces tan mal?
En eso venía pensando mientras arrastraba por la calle mi autoestima cuando me disponía a acudir a una cita. Justo cuando bajé del camión me topé con un tipo absolutamente guapo: rubio de ojos verdes, complexión media y estatura aceptable. Cruzó la calle cuando yo lo hice. Lo perdí de vista cuando me paré a fumar un cigarro antes de entrar al edificio en donde tenía la reunión.
Encendí el cigarro mientras repasaba mentalmente los puntos importantes a tratar. De repente tenía enfrente al guapísimo hombre otra vez. Me preguntaba por una dirección y de inmediato se podía saber que era español. Respondí y él siguió haciendo la plática diciendo que había salido a dar un recorrido y se había perdido, que había llegado ese día al DF a hacer un trabajo y que al día siguiente tendría que irse a Guadalajara, lugar donde residía por una beca que se le había otorgado. Me preguntó por un buen lugar dónde parrandear más tarde. Le di santo y seña de varios lugares y entonces me dijo que venía solo y me invitó a acompañarlo. Yo había ya acordado verme con unos amigos, así que le dije que podía unirse a mi plan. Me pidió mi teléfono cuando le dije que me iba porque me esperaban en la oficina de la cita.
Como resulta natural, me dejó contenta la situación. Venía dando tantas vueltas a las respuestas del por qué siempre no se habían animado a andar conmigo y, al final, el suceso me elevó el ánimo de nuevo. Sobre todo, pensaba que en realidad no podía estar tan mal. Era realmente un tipo guapo, guapísimo, que me había hablado así de la nada, que seguramente se había inventado una historia para acercarse. No, de verdad, no podía estar yo tan mal después de algo así.
Esa noche nos fuimos de juerga con unos amigos y después con la Srita. P. La parranda fue algo maravilloso, me sentía bastante cómoda con el españolito, él se adecuó bien al desmadre de mis amigos y hubo harto Absinta. La fiesta terminó con la luz del día. A eso de la 1 de la tarde me mandó diciendo que regresaba a Guadalajara, que seguíamos en contacto.
No volví a saber de él hasta el siguiente fin de semana, en que me comentó que leía un libro y que me lo recomendaba. Me hacía llegar también la página de internet de donde podía bajarlo, para poder discutirlo después. Pensé que el tipo había escuchado bien que me gusta leer y que era una forma sutil y elegante de seguir en contacto.
Lo que sigue es lógico: Bajé el libro de internet y me puse a leerlo. Lo que no era lógico es el tipo de libro que leía. Trataba de esoterismo, de una doctrina antigua como el tiempo mismo (a la que se dice, incluso Buda y Jesús pertenecieron), que aspira a la santidad y divinidad del hombre, que atribuye poderes extrasensoriales y extradimensionales a sus iniciados, utilizando como elemento alquímico el amor y el sexo.
Cabe mencionar que la primera parte del libro habla de sexo. Conforme lo leía, podía notar que incluía algunas técnicas recomendadas por el Tantra o el Tao, cosa que me pareció harto interesante pues, después de todo, el muchacho traía buenas y bonitas intenciones. Era una forma poco sutil y algo sofisticada de ligarse, al menos por curiosidad, a esta Profana persona. Hablaba de la contención del semen para conservar energías, incluyendo explicaciones fisiológicas y endocrinológicas de los qués y porqués de este tópico. Hasta ahí, todo bien.
Lo que ya de plano no me cupo en la cabeza era la premisa de que jamás (nunca, olvídalo) se podía eyacular. Eso ya me pareció descabellado y antinatural. Después se podía leer un tratado de cómo seguir estas prácticas llevaba como efectos colaterales la capacidad de ver más allá de lo que los ojos miran y escuchar más allá de lo que los oidos perciben y, una vez logrado esto, poder entrar a otra dimensión. Eso ya estaba loquísimo. Y la pregunta en realidad era: cómo pasó esto, si se veía tan normal??? Sobra decir que no he sabido más de él.
Fue entonces que vislumbré que puedo ser desordenada, algo desarreglada y muy grosera, pero no pirada. Y que en realidad, los que están mal son ellos; aunque, por otro lado, lo que todos ellos tienen en común, soy yo ¿ no?
Soy yo, o son ellos?
lunes, marzo 02, 2009
De frases que están al puro chile!
El lenguaje no es diferente. El mundo globalizado implica el uso cotidiano de palabras en otro idioma. No es que haya un problema con ello, hay que estar pendientes de las tendencias. Sin embargo, el rescate y preservación de nuestro idioma, de nuestras merísimas raíces también resulta importante.
Por ello, Profana, siempre preocupada por la conservación de las costumbres y por la renovación de algunas frases conocidas, se ha lanzado en una investigación que les permita expresarse de forma distinta, pero no menos acertada. Así, aquí les dejo unas de los resultados más ilustrativos de esta ardua labor.
- Por qué no cambiar el vulgar "macitaaa" o "pacitooo" a algún objeto de nuestro deseo por Con usted de aguacate, me como cualquier guacamole...
- Y si acaso a usted, fino lector, le ha desagradado semejante expresión, en vez de responder con el ofensivo término "ay, naco" o alguno semejante, tendrá a bien dar como contestación Este aguacate no te lo embarras en tu bolillo!
Se da cuenta usted? Las ganas de emitir un piropo y su sentido no cambia, sin embargo, puede hacerse de forma educada, y más aún, conservando nuestro folklore típico mexicano.
Ahora bien, otra que puede usarse (o revivirse) y que seguramente dejará callado a mas de uno, es el que a continuación se enlista: Como dueño de mi atole, lo menearé con mi palo. No, malpensados amigos, esta frase no es precisamente de índole sexual (aunque bien podría aplicarse), la idea encapsulada en este dicho es la falta de necesidad de un consejo, pues uno hace de la vida propia lo que quiere. A poco no es una joya?
Supongamos ahora que usted está enamorado, de ese amor que le cala a uno hasta el hueso. Acudir a las gastadas frases que ya todos conocemos puede hacernos sentir incluso apenados, en obvio de que no estamos expresando en toda su magnitud nuestro poderoso sentimiento. Pero qué tal que se cambia la frase a un Contigo, la milpa es rancho y el atole champurrado? Imagine la cara del bienamado ante una afirmación tan especial y contundente. No hay margen de error, se lo aseguro, todos caen redonditos, seguramente el mismo Cyrano de Bergerac o Romeo Montesco la hubieran aplicado, de no ser por el hecho que desconocían el náhuatl.
- Si comes camote caliente, aléjate de la gente. Esta expresión tiene dos usos de práctica aplicación cotidiana. El primero de ellos implica una recriminación a la persona que perturba la paz de una reunión; el segundo implica la expulsión intencional o no de un flato. En cualquier caso, conmina elegantemente a la discreción. Bello!
-Estar al puro chile! Estar a la perfección o a la medida de las necesidades.
Ahora, amigos, cuántas veces hemos visto a una persona que no puede expresar abiertamente su cólera y sólo se mueve en el asiento? En este caso, podremos hablar de una persona que está haciendo chile con el culo. Dejemos expresiones vulgares como "encabronadísimo" o "se lo carga la chingada" para gente menos instruida o poco interesada por la conservación de nuestras lenguas indígenas. Al fin y al cabo, el énfasis de dicha frase no resulta más sutil y hasta deriva en mayor teatralidad.
Andar como cócono.- Estar borracho (aludiendo al conocido moco de guajolote).
Ahora bien, una forma sutil de negarse a participar en actividades presumiblemente deshonestas o problemáticas podría ser yo no como huausoncles por no ensuciarme los dedos. Claro y directo, pero ante todo, educado.
¿Batea de izquierda? Una frase tan gastada, qué poco original. Mejor, para referirnos a alguien de distinta preferencia sexual podemos usar le gusta que le llenen la jícara. Nótese el impecable uso de un elemento tan característico y mexicano. Lo dejo a su consideración, o como diría el puto: ay tu!
Ponerse a dos reatas y un mecate.- Comer y beber en exceso en una fiesta. Qué gran detalle sería sacar esta frase en el chismerío del día siguiente del convite!
Los gatos son animales muy hermosos y elegantes. Nunca he entendido la razón por la que se le llama gato a una persona de poca educación o gracia. Por tal motivo, abandonemos esta alusión y digamos en su lugar Prófugo del metate. Aplica también para gente que ha elevado su posición social sin que haya eliminado sus carencias culturales, al igual que Aunque ahora duermas en cama, sigues oliendo a petate, para denotar el origen rústico de alguien.
El que tenga miedo a las espinas, que no entre a la nopalera. Advertencia de riesgo y necesidad de valentía frente al mismo.
Coger es una palabra que ha perdido su sentido y de repente se antoja soez. Recuperemos la pasión del lenguaje al referirse a la cópula, diciendo en su lugar desgastar el petate. También constituye una buena proposición, sin duda.
Ilustremos:
Vamos a coger / vamos a desgastar el petate.
... y estábamos cogiendo cuando... /... y estábamos desgastando el petate cuando...
con cuál se quedan ustedes?
A todos nos han roto el corazón. Las frases que generalmente se usan para reprochar la falta de amor ya también suenan tan prefabricadas que han perdido eficacia ¿por qué me haces esto si yo te amo? vamos, ya todos casi conocemos los guiones. Saquen de terrenos conocidos a los ingratos, pregunten ¿Por qué con tamal me pagas, teniendo bizcochería?. Seguro el impacto de la pregunta les hará tener la absoluta verdad como respuesta.
Claro, claro, el que formula semejante pregunta se arriesga a tener contestación que lo lleve al más profundo abismo de tristeza y rabia (pero bueno, el que le tenga miedo a las espinas, que no entre a la nopalera). Por tal motivo, para no quedarse nomás callado, podemos dar una patada de ahogado- como coloquialmente se dice- y podemos hacer todavía patente nuestro desprecio (Advertencia: tomen en cuenta que son frases del náhuatl, así que esta puede ser un tanto machista), haciendo la siguiente cita: He frito mi longaniza en mejores tepalcates. Touché.
Aunque claro, el último recurso, la frase ardida, también tiene su símil: Presume de Pavorreal y no llega ni a zopilote. No necesitamos abundar, cierto?
Verdaderamente espero que podamos utilizar más seguido estas sencillas e ilustrativas frases. Después de todo, podemos crear moda y conservar nuestra rica tradición oral.
Antes de que el tecolote le cante a este post, si a alguno de ustedes ha surgido la curiosidad por aprender más frases, pueden consultar el Diccionario del Náhualt en el Español de México. UNAM, 2007.
Ponganse piocha, o lo que es lo mismo, listos!
martes, febrero 10, 2009
De cómo Profana rechazó tontamente la oportunidad de rozarse con los famosos
Sin embargo, la vida a veces da sorpresas maravillosas y nos hace ver que estamos equivocados. Hoy fui testigo de ello y me congratulo.
Hoy venía manejando por Insurgentes. Había tenido que ir a ver a una concertista, por lo que me arreglé un poco más de lo que suelo hacerlo. La tarde fue agradable, así que, pensando en ello, pude neurotizarme un poco menos a causa del tránsito propio de la hora pico sobre esa avenida. Justo a mi lado se paró un auto rojo descapotable. Venía conduciéndolo una chava no mayor de 30 años. Noté que se me quedó viendo en dos altos, pero tampoco le di mucha importancia. Justo en el tercer alto, la conductora se detiene justo al lado del auto que yo venía manejando, y me empieza a decir algo. Creí que se referiría a que quizá traía la puerta mal cerrada o probablemente a alguna falla con las luces o algo así.
Tuve que bajar un poco más el vidrio para escucharla mejor. Ahí, en ese momento, el cielo dirigió un rayo hacia esta profana persona:
Desconocida: Oye amiga, de casualidad no estás buscando trabajo?
Profana: (Amiga? pos cuándo robamos juntas, pendeja? Y sí, no estaría mal cambiar de chamba pero viene mi jefe) - No, no busco.
Desconocida (y aparentemente, amiga mía?): Ah, mira, lo que pasa es que estoy buscando gente. Es para trabajar en el Restaurante de Cuauhtémoc Blanco!
Profana: Ah, pos no, muchas gracias.
Entonces pensé: Oh, cielos, creo que he dejado pasar la oportunidad de mi vida!. Claro, acaso no es el sueño de todos trabajar para un futbolista que habla hasta con faltas de ortografía? Para qué demonios estudié derecho por laargos 5 años y me acongojo por no tener una maestría cuando mi vida podría resolverse trabajando en el restaurante del Cuau? Y lo más importante: de qué me vieron cara como para ofrecerme ese trabajo???
Desafortundamente, tuve que dejar pasar tan generoso ofrecimiento y una vez más postergaré mi oportunidad de rozarme con los famosos faranduleros del país o de escupir un plato antes de servirlo.
Después de tanta vuelta, sólo me quedaba una pregunta básica: ¿Mesa o gabinete?
Y yo creí que no habría oportunidades! Nomás no agarro talento. Ahora voy a ahogar el incidente en ron, qué más da!
miércoles, enero 28, 2009
De cartas de Navegación
No lo oculto: estuve muy contenta mientras la carrera duraba. No tenía porqué ser de otra forma, después de todo, el maratón siempre viene envuelto en un aura de alegría. El problema fue que terminó. Por algún motivo tuve que bajarle un poco a la fiesta.
El año nuevo trajo consigo noticias de mis conocidos: que si fulana ya se fue a hacer un máster a no-se-que-país, que si mengano acaba de agarrar la mega-chamba-que-todos-queremos-tener, que si perengana se acaba de comprometer. Después viene la pregunta incómoda: y tú, qué cuentas de nuevo? -Nada, todo sigue igual.
No pierdo de foco que mi situación no es mala. Tengo un trabajo que me permite pagar la renta y algunos muy buenos tragos. La cosa es que, al parecer, a cierta edad la gente "debe" tener un plan de vida; cosa de la que yo carezco.
No soy buena haciendo cartas de navegación. La vida cambia a cada minuto. O no. Pude haber despertado con ganas de comer pasta y, frente a la carta, cambio súbitamente de idea y pido un filete. Dicen que si quieres hacer reír a Dios, le cuentes tus planes. O está Cristóbal Colón, quien sin pensarlo descubrió un nuevo continente (sí, se que la objeción acá es que él tenía una supuesta ruta para llegar a las Indias) sin tener la intención de hacerlo.
Tanto pensar en planes me ha hecho pensar si realmente es tan malo no tenerlos, lo que a su vez plantea otros terribles cuestionamientos como si debería justo.ahora.ya buscar algo con qué empezar a hacer algo que disfrace al futuro de algo parecido a un terreno más fijo que móvil (cosa que me parece una falacia), o cuántas chupadas se necesitan para llegar al chiclocentro de una paleta de caramelo.
Es problable que mi aparente desidia se justifique con mis delirios de juventud. Pero es cierto: Me siento taaaaan joven que creo que eventualmente llegaré a ver alguna estrella del norte que me indique cuál es el norte o el sur (si eso es lo que busco). Creo que es apresurado pretender saber qué te va a hacer feliz en la vida (toda una vida???!!!) si ésta se encarga de hacernos vivir tantas y nuevas cosas que igual nos pueden hacer feliz. Sin embargo, por otro lado, puede también ser un error pretender ser como el burro que tocó la flauta.
Tanta pregunta (sin respuesta) me lleva a una conclusión: la sobriedad por periodos prolongados no deja nada bueno. No debí haberle bajado al alcohol. Ahora justo voy por un Wisky, ya me cansé de tanto mareo, necesito algo de estabilidad.
viernes, diciembre 19, 2008
De puntillas
Como suele pasar, desde por ahí de octubre empezaban a salir los comerciales de juguetes, listos para que los niños tomaran eligieran y encargaran concienzudamente a tiempo sus regalos para el día de reyes. Ese año salió uno de los juguetes que más anhelé durante mi infancia: una muñeca bailarina. Desde luego, aparte de ser preciosa, la dichosa bailarina tenía una gracia más, pues bailaba ballet, llevaba en una de sus manos una rosa con la que se le dirigía mientas ella, sobre puntillas, daba pasitos al tiempo que movía el otro brazo, que se encontraba en forma de arco y terminaba en una mano que hacía el delicado gesto artístico propio del ballet. Desde que vi el comercial en la tele, quedé prendada de ella y jamás dudé que, definitivamente, la quería.
Aparentemente, muchas más niñas también la convirtieron en su sueño; así que cuando mis papás confirmaron que no cambiaría mi elección, se hicieron a la búsqueda de la bailarina. Estuvo agotada en todas las jugueterías y, no se por qué azares del destino, terminaron encontrándola y comprándola en Tepito (creo) a un precio mucho más elevado del que la habían visto con anterioridad.
El día de Reyes desperté temprano emocionada por saber si estaba bajo el árbol mi muñeca. En cuanto vi la caja supe que era ella, así que empecé a arrancar la envoltura sin el menor asomo de elegancia; abrí la caja y ya le tenía enfrente.
Era verdaderamente perfecta, todo lo que había creído que era y más: Su cabello recogido en un chongo de gajos era refinado, tenía un tu tú de ensayos rosa que era justo como el mío, pero también traía uno para sus presentaciones de gala en color vino con plateado que era exquisito;traía una peineta con "joyas" para tan importante ocasión también y una barra de ensayos. Sus proporciones eran cuidadas, la carita era hermosa; y ese gesto en la mano era tan real, casi poético. Quise entonces verla bailar, e hizo una hermosa presentación, teniendo como escenario miles de luces que adornaban el arbolito de navidad.
Corrí luego a mi recámara a desocupar un cajón de la cómoda. Saqué la ropa, lo limpié y dispuse ese lugar únicamente para la bailarina, que era demasiado especial para dejarla junto con otros juguetes. Ella merecía su propio lugar. Todos los días abría ese cajón y me quedaba viéndole, luego la sacaba y la examinaba otra vez, para después regresarla a su refugio.
Algunos meses después, mi papá me pregunto algo extrañado si la muñeca no había sido de mi agrado, pues nunca me veía jugar con ella. Le contesté que era quizá el mejor regalo de Reyes que había recibido, que me encantaba. Después lo abracé. Lo que no le expliqué a mi padre era que esa bailarina era tan preciosa que no soportaba la idea de que se ensuciara, o que su ropa se arrugara, o que se despeinara, o que simplemente dejara de funcionar. Por eso había resuelto darle un lugar en donde no la tocara ni el sol, ni estaría expuesta al polvo, ni a que alguien la tocase siquiera. Por eso no jugaba con ella y sólo me dedicaba a verle, porque no quería arruinar la perfección que poseía. En mis ideas infantiles pensaba que quizá podría dársela a una hija mía cuando ya no jugara con muñecas para que la cuidara con tanta delicadeza como yo lo hice y esa muñeca fuera siempre como en ese entonces lo era.
Ese fue el cajón de la muñeca por muchos años. Ahí seguía resguardada. Todavía me asomaba a verla de vez en cuando y seguía intacta, hermosa. Con el tiempo también caí en cuenta que, aunque había sido muy feliz teniéndola así, había perdido la oportunidad de divertirme probablemente más jugando con ella, dejé pasar grandes recitales y tardes de danza que ya no se harían, de peinarle y cambiarle los atuendos cada veinte minutos. De alguna forma me convencí de que no dejaría que algo así pasara nuevamente.
Como bien dice el dicho, cae más rápido un hablador que un cojo. Cierto es que por un tiempo adopté el valemadrismo como estilo de vida, pocas cosas habían que no fueran dignas de hacerse, lo único necesario era que yo quisiera hacerlas. No importaba si las probabilidades estuvieran en contra, después de todo, morir en el intento no era fallar, sino aprender; y lo único que pasaría si me equivocaba, era que hallaría una solución para tratar, en la medida de lo posible, de restituir las cosas a su estado original, y aún más, si lo anterior no era factible, pues entonces lo mejor era dar vuelta a la página y dedicarse a otra cosas.
Sin embargo, de algún tiempo para acá, pienso todo ocho veces, pierdo la dimensión de los escenarios que podrían no resultar convenientes, magnificándolos; y ello me ha llevado, de alguna forma, a preferir evitar que la ropa se me arrugue, o a que el calor haga que me arda la piel, o a que el viento y el polvo me resequen la cara. Por otro lado, también me da miedo ensuciar lo que está alrededor mío.
La bailarina debe seguir intacta, en una cajón de mi antigua casa. Hoy me da miedo hacerlo, pero quisiera volver a batirme y a tocar todo lo que esté a mi alcance. Total, si algo se mancha, ya lo limpiaré, siempre habrá un poco de Windex que ayude en la labor. Me gustaría salir de mi cajón y dar de tumbos por ahí.
martes, noviembre 18, 2008
De tacos de canasta y "Leaving Bambi"
En cuanto llegué me puse a comer, ataqué la canasta que todavía tenía una generosa cantidad de tacos todos a mi disposición, pues el resto de la comitiva ya había comido. Una vez que pude aplacar un poco el hambre me dispuse a socializar. Un rato después sólo quedábamos 6 personas.
Ge propuso entonces irnos a la casa de Morelos. Todos se vieron animados con el plan, menos yo. No es que no quisiera irme, pero me disgusta sobremanera no tener dinero cuando se planea una salida, me causa incomodidad. Él propuso pagar las casetas y Niño D pondría el coche; según ellos, lo demás ya era cosa de nada: teníamos media canasta de tacos y había sobrado suficiente alcohol como para vivir el fin de semana bebiendo sin que pudiese haber escasez de espirituosas. Mi negativa entonces parecía ya poco viable y una de mis frases acostumbradas fue usada en mi contra, después de todo, si vivimos en una democracia y la mayoría había resuelto que nos fugásemos, no había más que discutir.
Pasamos a casa de cada uno. El tiempo para sacar lo que se pudiera de nuestros clósets era de 5 minutos cronometrados antes de que otro nos sacara a patadas de nuestras moradas. Así emprendimos el viaje.
Llegamos desde luego con muchas ganas de iniciar (o de continuar) la fiesta. Ese día nos fuimos a dormir temprano. Dicen que cayó una tormenta tan fuerte que despertó a todos. Yo estaba tan cansada y dormí tan profundamente que jamás me enteré de los truenos, ni de los portazos, ni de las corretizas por la casa, ni de los gritos que empezaron a levantarse cuando cayeron en cuenta que dejamos el estéreo en el jardín y éste ya más bien era una especie de fuente; no, yo sólo me abandoné a los brazos del buen Morfeo y no decidí regresar sino hasta la mañana siguiente.
Al día siguiente desayunamos tacos de canasta y pastel que sobró de la fiesta. La variedad era considerable: papa, frijol o chicharrón. De ahí nos pasamos a tomar el sol y escuchar música mientras seguíamos bebiendo. Empecé con Wisky, y luego se abrió el Vodka y después opté mejor por un buen Bacacho. Nos pusimos luego de un rato a jugar jueguitos de borrachos, donde la intención no es ganar, sino perder y hacer beber al otro hasta dejarlo completamente alcoholizado. Más tacos de canasta y pastel para comer-cenar y después a seguir bebiendo.
Abrí los ojos. Reconocí el cuarto, pero me preguntaba por qué estaba yo ahí, si el día anterior había ocupado otra habitación. Pensé en estirarme, pero alguno que otro dolor se asomó por mi cuerpo, sin que supiera a ciencia cierta de dónde venían o por qué estaban haciéndose presentes, así que, en búsqueda de su origen, me destapé. Seguía en traje de baño y éste permanecía mojado, cosa que no pudo sino extrañarme más, pues no ha habido ocasión en que no me ponga mi pijama antes de dormir; luego noté que no me había recogido el cabello y éste se encontraba todo desperdigado por la almohada, húmedo. Trataba de recordar cómo había llegado ahí, sin que la mente me diera una sola pista. Me levanté de la cama y me dirigí al baño. No tenía nauseas, pero necesitaba verme al espejo, eso quizá ayudaría a reconstruir la memoria. No podía creer lo que veía: mis codos estaban al doble de su tamaño y traían un color entre negro y morado horrible; justo igual que mis rodillas.
Salí a buscar a alguien que me explicara. Traté de ser sutil, pero todos cooperaron en la reconstrucción de hechos. Aparentemente, el día anterior me excedí de copas como nunca. Estaba metida en el jacuzzi y me salí intempestivamente de él. Iba caminando al baño, pero se me olvidó ponerme las sandalias, así que el agua y el piso me hicieron resbalar, y en mi intento por volver a ponerme de pie, volví a resbalarme sucesivamente como unas 7 u 8 veces más, cayendo con las rodillas y los codos. Una vez que pude ponerme en pie llegué al baño. Bacha me vio de lejos y me alcanzó. Creía que vomitaría o algo así. En realidad, yo sólo quería orinar. Descubrimos también que soy una borracha muy consciente: Una vez que salí del baño, me reconocí lo suficientemente ebria como para meterme de nuevo al jacuzzi, así que me senté en una banquita que está ubicada justo enfrente del jacuzzi. Podría estar cayéndome de borracha (literalmente, claro), pero la actitud fiestera no había sido mermada ni un ápice, por lo que aunque a ratos dormitaba sobre la banquita, en cuanto sonaba una canción que me gustaba, me reincorporaba para cantarla (que en realidad era balbucear, porque ya no podía decir bien ni una palabra). Entre Niño D y Ge trataron de llevarme al cuarto, pero no me pudieron mover, al parecer, mi peso muerto no es cosa de juego. Después de un rato, decidí que era hora de acostarme, así que sin más, me paré. Niño D corrió a sostenerme y llevarme a mi cuarto, me llevó en la cama, me tendió sobre ella (esto se pone emocionante, verdad?) ... y luego me tapó y se fue a seguir la fiesta. (Así termina la triste historia de la única vez que Niño D lleva a la cama a Profana).
Bacha hizo la observación de que esta profana persona bien podía haber sido merecedora a una presea por "la mejor imitación de Bambi, en la escena donde éste aprende a patinar en hielo" (sólo que en versión borracha, claro).
Al parecer esa noche también llovió a cántaros. Al día siguiente amaneció nublado y todo el día estuvo así. En grados mucho menores al mío, pero todos también se levantaron crudos, así que desayunamos tacos de canasta y pastel otra vez, pese al hastío que ya sentíamos por ellos, pero nuestra falta de presupuesto no nos daba muchas opciones. Decidimos ver películas tirados en la sala. Todos hicimos algún comentario malicioso respecto a mi fino e intachable comportamiento de la noche anterior cuando vimos "Leaving las Vegas" y yo estuve a punto de llorar conmovida por el drama de entender que la vida de un borracho no es fácil, aunque también me dio cierto gusto saber que me falta mucho para llegar a un extremo que me deshaga algo más que las rodillas y los codos.
De casualidad y por buena suerte encontramos una sopa instantánea que compartimos entre los cuatro a la hora de la comida, pues más tacos de canasta ya eran intolerables.
Regresé al D.F. con mis 40 pesos intactos, los codos y las rodillas hinchados y amoratados (mismos que permanecieron igual por una semana y media), con la duda de saber qué se sintió que niño D me llevase a la cama, con la hermosa reconstrucción de hechos de un blackout de varias horas y con una sonrisa en la cara.
Ese fue un buen fin de semana, la idea era escapar de la ciudad y de las presiones... y me disipé tanto de todo pensamiento esos días... regresé con la mente en blanco... y cierta aversión por los tacos de canasta, que no he querido volver a comerlos desde entonces.
lunes, noviembre 03, 2008
De villanos y Super Héroes (parte 1)
Efectivamente, pasé al cajero y salí. A la cuadra me di cuenta que no había comprado el Theraflú, pero me daba mucha pereza regresar, así que preferí llegar a casa y pedirlo por teléfono; por lo que seguí caminando hasta llegar a la esquina donde tomaría el taxi.
Por la hora, casi todos los taxis ya pasaban ocupados. En eso, se paró un taxi del que descendieron dos personas. Como quedó libre, tuve a bien subirme. Le dije al taxista que tomara ésta calle y luego ésta otra. Seguí el camino habitual, hacía frío y sólo tenía a bien tratar de cobijarme con el abrigo. Nos tocó un alto. Cuando me di cuenta, venía trepado al lado mío un tipo que decía que acababan de tratar de robarse un auto y que el plan se había frustrado, por lo que necesitaban dinero. Me tapó con sus manos los ojos, pero pude percibir que alguien se había subido también al lugar del copiloto. Me empezaron a pedir el dinero que traía en efectivo, el celular y el iPod (traía uno de los cables en la mano). Yo sólo atinaba en obedecer instrucciones sin mayor pregunta, no quería que me pasara nada y no sabía lo que ésos tipos podrían ser capaces de hacer. Me pidieron el reloj. Estiré el brazo para que lo tomaran, pero sólo me regresaron el brazo diciendo “quédate con tu chingadera” (eso me dio risa, pero me contuve). Me quitaron de un jalón la bolsa y pude escuchar cómo empezaban a esculcarla. Dieron con mis tarjetas y me pidieron los NIP. No me sé el número del de la tarjeta de crédito, el mismo día que lo recibí lo destruí como una forma de poner límite a mi consumismo (o a mi continua falta de efectivo), y así, evitaría, según yo, el cobro de altos intereses por disposiciones de este tipo. Desde luego, los tipos no se creyeron nada la historia, así que siguieron dando vueltas a ver si era posible que de repente me llegase a la memora el dichoso NIP. Desde luego, me amenazaron con enviarme a una bodega que era cuidada por un tipo “bien morboso y cochinote” que seguramente me haría mil cosas indecibles; también hicieron la acotación de que la mayoría de sus víctimas recordaba los NIPs después de dos días de encierro. El auto entonces hizo un alto; escuché el portazo y que el coche se sintió más ligero. Pensé por algún momento que habíamos llegado a la bodega. Después, supuse que estábamos enfrente de un cajero y que entonces vaciarían mi tarjeta de débito. Seguían preguntando por el NIP de la de crédito. No sé si vieron que no mentía o si de plano se empezaron a desesperar. El coche arrancó otra vez y me dijeron que me soltarían, pero que antes buscarían otra vez cosas que pudieran quedarse. Escuché el sonido de mis llaves y les pedí que me las dieran, que a ellos de nada les servían. La propuesta trajo como respuesta varios insultos, así que volví a quedarme callada. Habían pasado 45 minutos de dar vueltas cuando me soltaron a dos cuadras de la Universidad. Ví una tiendita a la que regularmente iba en esos días; pero no la reconocía, estaba todavía muy atontada y aunque hacía un esfuerzo por recordar dónde la había visto y, por tanto, ubicarme, la mente en ese momento nomás no me daba. Caminé entonces en el sentido que iba la calle hasta que me topé una avenida grande y pude saber mi ubicación.
Busqué un cigarro en mi bolsa. Ni eso me dejaron los hijos de puta. Tampoco me dejaron dinero, así que tuve que limosnear por algunos pesos que me dejaran hablar por teléfono con alguien. En tanto, con la mente en todo y en nada al mismo tiempo, me daba cuenta que pese a pesar de tanto horror, ya todo había acabado y que estaba bien, que no me habían golpeado, ni habían intentado manosearme o algo por el estilo o peor. Eso era magnífico.
miércoles, octubre 22, 2008
De andar en el centro fuera de centro
El lunes, ya por la noche veía el reloj esperando que me dejaran ir. Salí ya tarde de la oficina y estaba estresada. La regla es que uno no beba en lunes, pero un wisky no me caería mal y luego que de wisky estuvo bueno, pensé que unas cervezas ayudarían a conciliar el sueño más rápido.
Al día siguiente amanecí cruda y desvelada. Mi jefe estaba estresado y me mandó al centro a entregar unos documentos, supongo también un tanto como castigo a las muchas caras largas que le puse el sábado durante el trabajo. Desde luego, mi inconveniente estado me hizo fruncir el seño al imaginarme en el transporte público y en la apretura propia de la zona.
Ya que cumplí con mi misión, pensé que podría aprovechar para quedarme en algún restaurante de por ahí, comer y curarmela. Así fue, en cuanto me instalé en el localito, pedí una cerveza y unos chilaquiles. Comí con calma, como hace mucho tiempo no lo hacía entre semana, custodiada por tres ángeles (bueno, 3 cuadros de ángeles) que me veían con cara de placidez. De alguna forma, me sentí reconfortada, como si me estuvieran diciendo que lo tomara con calma, que ellos impedirían ser molestada entonces. Me sentí mucho mejor, no sólo de ánimo, la cura también iba surtiendo efectos.
Volví a la calle, a examinar algún que otro detalle de los edificios, a ver pasar a la gente que caminaba rápido, a asomarme a algún callejon por el que seguramente había pasado y jamás me detuve a ver. Llegué a la Catedral y, como parte de la visita turística que en ese momento hacía, tuve a bien meterme a darle una vuelta. Me senté en una de las bancas de la parte más alejada para examinarla, y ahí, en medio de un barullo ligero, entre enormes parades de piedra, pude sentarme a pensar o quizá sólo a sentir.
No se por qué, si fuese inercia, o necesidad, o desesperación, pero ese día recé, no como suelo hacerlo, porque aunque creo en Dios, no creo en las iglesias ni en religiones, así que me he inventado una forma de comunicacion más directa y menos formal, de tal suerte que mis oraciones son "no mames, güey, ya aliviáname, no seas pasado de lanza" ó "Ay, ya echame la mano por esta vez, no la chingues". Pero en esta ocasión, recé como mi abuela me enseño, de forma protocolaria, estricta, formal. Clamé por ayuda, por claridad, por temple, por humildad, por paciencia, por actitud, por todo aquello que depende de mí y que no he encontrado la manera de modificar; pedía por las personas a las que quiero y quise; pedí por ella y también por mí.
Regresé a la oficina pasadas las 6. Oli me dijo que, alarmado por mi estado anímico, pues según a su decir, mi imagen se encuentra relacionada con ojos grandes y sonrisa permanente, rentó películas de comedia para ver si la carcajada se volvía a dibujar en mi cara, al menos por unas horas. La selección fue buena, Novia por compromiso (El valet) y Un Funeral de Muerte, siendo ésta última la que más doblada de risa me tuvo, y que recomiendo ampliamente.
Ayer fue un buen día.
miércoles, septiembre 17, 2008
De Fantasmas sabatinos
Aquél sábado fui a comer con Srita. P y su mamá. El lugar era una casa que sirvió de refugio de artistas que huían de la guerra y que ahora parece, se ha convertido en un lugar cool para la expresión cultural con un ligero acento de caché. Todo sucedía normalmente, los platos circulaban, se escuchaba el barullo ligero de la gente que estaba presente y desde luego, de súbito, se colaba alguno que otro aroma que a modo caricaturesco adquiere forma de mano que te toca e irremediablemente te hace voltear a buscarle el origen. Y al parecer, ahí estaba. Le vi de espaldas y el corazón de repente se me quiso salir, se me bajó la presión y supongo, empecé a tartamudear.
Sabía que las posibilidades de que él estuviera ahí eran casi nulas. El estaba lejos desde hacía un rato. Nadie me había dicho que viniera. Sin embargo, como si no hubiese un océano de por medio, ahí estaba. Su ropa le delataba y el cabello era el mismo, si acaso un poco más largo, pero era igual. No sabía qué hacer, si permanecer en la mesa y continuar con el acostumbrado disimulo, o bien, pararme de un salto de la mesa e ir a abrazarle y decirle lo mucho que me ha hecho falta, quizá hasta reclamarle la indecencia de no avisar su visita. Mi padre decía que en aquéllos momentos en que uno no sabía qué hacer, lo mejor era no hacer nada. Así lo hice.
Seguí la plática con mis divinas acompañantes y de vez en cuando, volteaba de reojo para verle. Las caras de los que estaban en su mesa no se me hacían familiares, pero tampoco le di mucha importancia a eso. Lo que era una verdadera lástima, era que sólo podía verle la espalda, pero eso también era en cierto modo una bendición. Por la mente me pasaron mil imágenes de momentos que pasamos juntos y me sentí revivirlos con la misma intensidad que cuando fueron. En algún rato de esos, él volteó como si con la mente hubiese gritado su nombre. No era él, su cara me era ajena.
Traté de ocultar mi desmejoro por saber que él no estaba ahí. Un rato después, Srita. P puso cara de sorpresa, como si hubiese visto alguna aparición. Se quedó callada por un momento, como sopesando si valía la pena decirme de qué se trataba su sobresalto, y unos segundos más tarde no pudo contenerlo –Ya viste quién está ahí?, no puedo creerlo!- dijo. Supe inmediatamente a que se refería, así que sin voltear a rectificar sólo le dije que ya lo había visto, y que no era él. Se le quedó viendo un rato más y reconoció que tenía razón, pero que sin duda, el parecido –al menos por la espalda- era notable.
Seguimos comiendo todas. Cuando llegó el café tuve que reconocer en voz alta lo mucho que me hubiese gustado ser un poco más valiente y haberle dicho lo que sentía por él.
El siguiente plan para ese día era ir al cine. Ya habían comprado los boletos y llegamos un poco tarde por culpa de la charla de sobremesa, así que les dije que fueran a ocupar los asientos mientras yo compraría lo necesario en la dulcería. Cuando llegué a la sala tuve que hacer un rápido rastreo de rostros para encontarlas y sentarme con ellas. Noté a alguien que se encontraba muy cerca. Definitivamente sabía que no era él, pero con un solo gesto, una sonrisa, y nuevamente el recuerdo se hizo tan presente como hacía unas horas apenas. Tuve que hacer un esfuerzo por no tirar la charola y salir corriendo ante el fantasma que nuevamente me rondaba.
Llegué a repartir las provisiones. No quise decirle nada a Srta. P. Tenía miedo que al contarle, pusiese en blanco los ojos y me hiciera reconocer que lo mío ya se estaba volviendo obsesivo, más si ya había pasado tanto tiempo desde que se fue. Fue entonces que entre sorbos a los refrescos que teníamos en mano, sin esperarlo se volteó a preguntarme si ya había visto al otro muchacho, seguido de un –Se parece, verdad? Digo, no es idéntico, pero tiene algo que me hace pensar que es él-.Asentí y agradecí que no fuese yo la única que lo había visto dos veces esa misma tarde.
Ya por la noche, nos fuimos al bar de siempre. La sensación de haberle visto aún en otras personas 2 veces el mismo día no me abandonaba. Me reprochaba mi pendejada de no haberle dicho nada cuando debía, y finalmente me recomponía la mente al saber que había hecho lo correcto, que hice bien en guardar silencio porque nada hubiera cambiado en realidad, que aquello no prosperaría, porque ya todo estaba decidido cuando le conocí, porque yo tenía un novio y porque ninguno dejaría sus planes por el otro: ni yo podía acompañarle, ni él se quedaría por nadie.
A la fecha, me queda ese sabor de boca y me pregunto la razón por la cual los fantasmas se empecinan con desempolvar sus retratos en las bodegas del recuerdo. Definitivamente, la ciudad ése sábado por la tarde, estuvo llena de fantasmas.
lunes, agosto 04, 2008
de karmas, amores y amigos.
Como hicimos buen equipo, pasaba mucho tiempo con ellos. Generalmente los viernes se armaba la reunioncita después del trabajo en casa de alguno, se abrían las botellas y se podía pasar todo el tiempo del mundo entre videojuegos, karaoke, o simple y sencillamente, música y plática. Los sábados solíamos agarrar un plan para andar por la ciudad o salir de ella en la mañana y volver ya entrada la noche. Los domingos eran de carne asada y hamburguesas, casi siempre acompañados por una película mientras todos nos echábamos en donde hubiese acomodo y vegetábamos por el resto de la tarde. Tampoco sobra decir que Profanita solía ser la única novia de la bandita invitada a las borracheras de sólo niños (incluido mi entonces wey) y que, casi siempre era la única niña entre todos ellos, salvo evento al que el grupo acordaba que cada integrante fuese acompañado por su novia.
Así fue casi cuatro años, hasta que un día lo inevitable pasó. Decidí cortar con mi novio, pues ya no estábamos bien. La ruptura no fue en los mejores términos, por lo que no quise saber de él nuevamente en un buen rato. Aunque sus amigos me seguían cayendo bien, pues fueron totalmente ajenos a los pleitos entre él y yo, preferí también dejar de verlos. En realidad me agradaban, pero sabía que la proximidad con ellos implicaba, a su vez, no poner tierra de por medio con mi ahora ex.
Dos años después me encontré a uno de ellos. Me invitó a comer un día. Aunque no del todo convencida, acepté la invitación la cual quedó arreglada con fecha, lugar y hora en ese momento. Para mi sorpresa, llegó toda la bandita uno a uno (claro, sin mi ex). Creo que todos estábamos contentos de vernos. Al final de cuentas, cuatro años conviviendo religiosamente con la misma persona crea memorias, anécdotas y afectos. Me la pasé increíble esa tarde.
Como de educados suele ser, cuando estábamos por terminar la velada, la sugerencia de vernos de nuevo no se hizo esperar. En realidad tenía ganas de convivir con la banda nuevamente. Así que, corriendo el riesgo de que se ofendieran o lo tomaran a mal, fui muy honesta: Aceptaría gustosa verlos nuevamente, siempre que ello no incluyera encuentro alguno con mi ex. Para sorpresa mía, entendieron la situación y aceptaron mis términos.
Desde ese día, nos vemos con bastante frecuencia. Una vez a la semana, al menos. No han intentado llevar a mi ex, e incluso, alguna vez que cayó por casualidad al lugar de reunión, tuvieron la amabilidad de avisarme antes que yo llegara, que él se encontraba ahí; por lo que les dijera dónde iba a estar, y ellos, después de aplicar el “ya nos íbamos”, se reunirían conmigo. Así fue. Prefirieron “abrir” al amigo y pasar el resto de la tarde conmigo.
Debo admitir que la situación me tiene contenta. Después de algunos días, tuve una epifanía. Creo que tengo un karma que no había detectado: en mis relaciones amorosas, quien suele quererme más, no es mi novio/free/pareja, sino sus amigos (y en ocasiones, hasta su familia). Pasó con este ex y sus amigos. Desde luego, como todos ya sabrán, también pasó con D, quien terminó considerándome su "amiga" y cuyos amigos ahora son míos también.
Nunca he sido una niña posesiva, de pose, arrogante, caprichosa, aprehensiva o “panchera” con mis parejas. Todo lo contrario, intento siempre tener los menores problemas posibles, trato de llevarme bien con la gente que rodea a mis novios y suelo ser lo más light (o lo menos intensa) posible. Claro, que hasta ahora me doy cuenta que eso, a la larga, no trae muy buenos resultados con los ligues. Pasa una de dos: o terminas siendo la mejor amiga de los niños con los que sales (mereciendo ahora tú el lugar de pretensa) o bien, terminas convirtiéndote la mejor amiga de los amigos de tu amorcito (en este caso, tu novio siempre terminará siendo tu ex).
Me pregunto qué es mejor: Ser la nena linda, buena onda, comprensiva y cero pedos destinada a ser la mejor amiga; ó ser la nena arpía, maníaca posesiva, psicópata a las que a pesar del eterno odio de sus amigos, siempre gana la eterna devoción del novio? (he ahí el dilema, dirían por ahí).
No podría asegurar que ser el segundo cliché hubiese podido garantizar un amor que a la fecha durara. Tampoco podría afirmar lo contrario. También he aprendido por experiencia que una vez que tu ligue te llama "amiga", todo ha valido madres y no habrá vuelta atrás; jamás volverás a ser la niña con la que quisiera "andar". Lo que hoy puedo decir con gusto, es que ser como he sido, me ha traído buenos nuevos y viejos amigos. No está mal.
martes, julio 29, 2008
They're trying to make me go to Rehab...
Agradezco mucho poder seguir conociendo gente maravillosa que sé (y espero) estarán presentes en mi vida por largo rato, al menos. Pero también están aquellos que han estado demasiado. Ellos han vivido todo conmigo. Saben mis andanzas, mi forma de pensar, me han secado las lágrimas y hasta han organizado verdaderos operativos estratégicos para sacarme de algún problemilla, ya sea poniéndome un grupo de personas dispuestas a moverse a mi señal u organizando planes de mudanza y escape.
A mi grupo de la prepa, a quienes llamo “el grupo de Apoyo”, tengo ya de conocerlos más de 10 años. Solíamos ser, al menos, el grupo base compuesto por 5 amigas, más agregados culturales que eventualmente hacían intermitentes apariciones en las aventuras. Como aquélla canción de los perritos, para mí de los 5 que existían, ya nomás quedan 3, incluyéndome.
Las cinco solíamos ir siempre juntas de un lado para otro. Cuando salimos de la prepa establecimos la buena costumbre de vernos una vez a la semana al menos. Así fuera vernos para fumar un cigarro y platicar unos 10 minutos, no se faltaba a la reunión. Así fue semana con semana por casi 5 años.Ya después, hace como 2 años, Elsa y Lady Red tuvieron alguna serie de malentendidos de “líos de pantalones” y se dejaron de hablar por largo rato. Así que, aunque cada quien tuvo la oportunidad de continuar la amistad con ambas por cuerda separada, Elsa salió de la usual convivencia de el grupito. Después los malentendidos fueron arreglados por voluntad de las involucradas. De forma media forzada, ahora se vuelven a encontrar en algunas ocasiones, pero aquello nunca volvió a ser lo mismo.
Tiempo después, sobrevino el incidente del “Cuchitril Gate”, evento por el cual, tuve que solicitar a las otras 2 integrantes del grupo que no me juntasen con Charms Wannabe. A ellas, aquél incidente no les pareció tal alarmante para que yo tomase semejante resolución, de hecho, hasta se molestaron por mi petición y aún a la fecha, hay momentos en los que tratan de que le hable nuevamente. De cualquier manera, terminaron entendiendo que, sin importar lo que ellas opinasen, no había ya marcha atrás.
Para mí, desde entonces el famoso grupo de apoyo se redujo a 3 personas: Lady Red, Poniatos y yo. Como era evidente, este giro en el camino dio lugar a encuentros mucho más espaciados y redujo los temas de conversación, pues nadie se sentía cómoda si se mencionaba “ese” otro tema.
Las cosas ya tampoco fueron iguales. Cada vez pasa más tiempo sin que nos veamos y pareciera que a nadie le importa realmente. A veces, creo que no es más el curso de la vida el que nos complica seguir tan unidas como antes, pues evidentemente, cada quien tiene sus ocupaciones, sus otros amigos, su familia y sus parejas muy formales (soy la única sin novio). También he llegado a pensar que de alguna manera, aún no han encontrado la perfecta absolución para aquélla persona que una vez más cuarteó al grupito feliz (entiéndase que fue Profana la malvada que decidió mandar a la chingada a Wannabe). Probablemente sólo sea que mi ondita ya no les parezca tan graciosa y ellas buscan ahora algo distinto a lo que yo quiero para este momento de mi vida. Claro que ya también me han aventado el rollo de "es que te la pasas en el desmadre y en las pedas" (chale, me siento como Amy Winehouse) y dicen estar legítimamente agobiadas, porque, por lo pronto, no tengo planes de tener una pareja formal, ni casarme, ni tener hijos, ni la vida de Stepford Wife feliz con la que debería soñar (y que parece ellas sí buscan).
Lo cierto, es que todo esto me trae sacada de onda. Aunque suene excesivamente cursi, siempre pensé que hay cierta gente con la que envejecería, y que desde luego, yo sería el testigo de su vida. Hoy dudo sobre la viabilidad de esas esperanzas. Y no me es fácil.
lunes, junio 16, 2008
De holanes y gustos mínimos
Evidentemente, la estrategia a seguir era ir vestidas y arregladas como si a uno le estuviesen esperando para tomarle la foto que eventualmente aparecería en alguna de las páginas de en medio de alguna revista de sociales que tanto abundan. Así que claro, por excepcional vez en la vida, la faena de hojalatería y pintura duró algo así como unas módicas dos horitas. Ya que nos veíamos como gente decente (o sea, era como si me hubiese disfrazado y yo no fuera yo), nos dirigimos al lugar.
La puerta estaba a reventar entre la gente que quería entrar y aquélla que había salido a fumar un cigarro. No tuvimos problema para pasar. El lugar era bastante lindo y la gente que en él estaba no era de mal aspecto. Llegamos a pedir nuestros tragos (primero lo primero), y después nos dedicamos a cazar lugar, en obvio de que el establecimiento estaba a su máxima capacidad. En cuanto encontramos asiento, me puse a examinar el bar y su comitiva.
Mientras paseaba la vista por cada personaje que se encontraba ahí reunido, no pude evitar reprimir el deseo de quitarme la chamarra. Es que las nuevas generaciones son algo especial. ¿Cuándo la talla 7 comenzó a ser de obesos? Parecía que la talla para el concepto de complexión mediana, ahora resultaba ser la 5, de esas niñas que podrían ponerse a dieta, pero no lo hacen. Sin duda, ahora la gente delgada usa 3 o menos. Serán todas la niñas de 23 o menores anoréxicas? o entonces, que alguien me explique cómo demonios le hacen para estar taaan delgadas!
Los zapatos, también merecen glosa aparte. En obvio de los lluviosos días en que últimamente se han hospedado en la ciudad, confieso mi absoluta necesidad de zapatos cerrados y las botas. Generalmente, no uso tacones porque, en realidad, no son cómodos y no me cabe en la mente que la gente los use todo el día y mucho menos, que se dispongan a pasar largo rato parados sobre ellos o, peor, a bailar toda la noche en esas condiciones. Sin embargo, también observé que las niñas que asistieron al lugar traían, casi a modo de uniforme, zapatos de tacón altos (qué digo altos, altísimos), y también, que entre más extravagantes eran éstos, más cotizada se sentía su portadora. Ahora, para las nuevas generaciones, poco importa el hecho de que ante su excesiva delgadez, las piernas luzcan por sus medidas más bien como brazos y se vea ridículo que los zapatos sean enormes y hagan más evidente el hecho de que dichas piernas son huesudas y nada torneadas.
Creo que ya estoy vieja. Aunque nací y fui niña durante los 80’s, donde la moda fue absolutamente decadente por su exageración, en realidad, probablemente la etapa que me hizo considerar y construir mis vértices de lo que considero como "lindo" en cuestiones de outfit, fue el llamado “minimalismo”, donde menos era más. Los zapatos eran discretos; la ropa era de líneas simples, pulcras, lisas y el estampado en realidad era no tan recurrido; y los accesorios no tan necesarios y casi imperceptibles, pequeños y sencillos. Ahora me cuesta trabajo lidiar con estas nuevas modas, esto de que hayan vuelto los holanes, las lentejuelas, las chaquiras, los accesorios enormes, los estampados gigantes, los mallones (¿??) las plataformas y los zapatos casi sacados de los 70’s, los maquillajes casi teatrales y algunos peinados en donde se utiliza el conocido “crepé”; simplemente me deja en clara desventaja en lo que “estar a la moda” se refiere. Para mí, es demasiado, casi un estilo barroco de lo mucho que ahora se necesita.
No niego que el ambiente en el lugar era excelente, que la gente estaba verdaderamente divertida y hasta envanecida por estar en el bar-lounge de moda; que se adoptaban poses que luego se perdían en el alcohol, pero nunca se dejaba el estilo. La noche, sin embargo, en ese lugar no se acaba tarde. Así, que ante la negativa de regresar a casa temprano, decidimos hacer parada en uno de los recurrentes bares que visitamos. Me sentí mucho mejor, es más fácil estar donde uno domina… y ser reina tuerta entre los ciegos, tiene sus ventajas.
Si regresan las hombreras gigantes y los pantalones bombachos, habrá que tomar medidas extremas... ya no soy joven!!!!
miércoles, mayo 28, 2008
De brujas y amores eternos.
No soy yo muy creyente de esto de las leídas de cartas o de manos, o en general de cualquier mancia. Tampoco soy tan escéptica; quizá como ante cualquier mito, uno guarda cierto respeto o más bien, quizá un poco de esperanza. Algo así como aquello del “coco” o el famoso “amor a primera vista”. Pero bueno, tampoco podemos decir que el hecho de que alguien le diga a una mexicana que va a conocer a un hombre moreno claro, de cabello castaño y ojos café; sea precisamente una cosa que pocas veces pudiese pasar en este país y que sólo una excelente vidente pudiera vaticinarlo. Vaya, lo interesante fuera que te dijeran hasta su CURP!!!
Pero no me desvío. Aquella vez me había quedado de ver con ella para comer juntas, así que me pidió la acompañara a su esotérico compromiso. Acepté.
Mientras ella pasaba con su bruja, yo esperaba en la salita leyendo una revista. Escuché que me llamaron desde dentro, así que me asomé tímidamente para verificar. Mi amiga me pidió que entrase. Después de un buen rato en el estira y afloja de que me leyeran las cartas, terminé cediendo y cuando menos cuenta me di, ya esta revolviendo las cartas con mis manos.
Al tiempo que la señora iba acomodando las cartas en la mesa, comenzó a decir que había vivido una separación muy fuerte. No supe a cuál se refería, tenía aproximadamente medio año de haberme ido a vivir sola y menos tiempo aún de terminar una relación que duró casi los 4 años. Aún así, evité la pregunta. Después me dijo que veía que me encontraba muy contenta en mi trabajo, que no estaba muy de acuerdo en la forma en que se repartían los ingresos. -¿Y qué trabajador lo estaría?- pregunté para mis adentros, sin emitir sonido nuevamente.
Después vino lo interesante. –Veo que trabaja contigo un hombre de tez apiñonada. Tú lo quieres mucho y el sentimiento es recíproco. Han sido amigos por mucho tiempo, aún antes de trabajar juntos, se han ayudado mucho y adoran pasar tiempo juntos-. Creí, ahora sí, saber de quién se trataba, había concordancia entre lo que me decía y la circunstancia real. –Pero aquí también veo a una mujer morena, que también trabaja con ustedes. Es su novia o tiene una relación con ella. Te tiene mucha envidia, ella no cree que su cariño sea sólo de amigos- continuó la mujer. También eso era cierto, nunca me quiso mucho, pero bueno, pocas novias de mis amigos suelen apreciarme, por lo que tal vicisitud me tenía sin cuidado en realidad. – Valgame!- dijo escandalizada nuevamente, para posteriormente explicar – Ella es de un lugar en donde la magia se usa con regularidad, y aunque ella vive aquí, sigue teniendo contacto con su bruja. Te ha mandado hacer un trabajo para que te alejes de su hombre y para que no tengas una relación amorosa exitosa. Se te acercarán los hombres, pero con ninguno podrás establecer algo serio. No te preocupes, puedo ayudar a romperlo-. A este punto, ya no sabía que creer, en obvio que, si bien era cierto que esos dos personajes existían en mi vida, eso del “trabajo” ya se me hacía exagerado.
Una vez que terminó la dichosa lectura, tuve a bien agradecer y retirarme. Mi amiga, quien escuchó palabra por palabra, parecía algo agobiada. Insistió varias veces por la tarde en la necesidad de que acudiera nuevamente a su bruja para romper el hechizo. Por mi parte, prefería pensar que era algún tipo de treta de la señora para cobrar un dinero extra por la ayuda metafísica. No volví a tocar el tema y después lo olvidé en algún cajón de la memoria.
No sé por qué me acordé de eso hoy. Quizá el calor ha deshidratado mi cuerpo, impidiendo, en consecuencia, que el oxígeno llegue correctamente a mi cerebro. Probablemente sea porque sigo buscando determinar las variables que me aclaren la ecuación, aunque ésta ya no pueda resolverse. Lo más lógico sería pensar que es sólo porque hace un momento, me habló precisamente la misma amiga y acabo de acordar comer con ella este sábado.
Pero bueno, lo importante es que ahora que tengo eso en mente, no pude evitar preguntarme si la bruja habría tenido razón. Lo sé, es una postura cómoda; mucho más para alguien que cree que cada quien es forjador de su destino y creador de sus caminos. Y aunque probablemente ahora pareciese que me he tomado un descanso en la banca de la autocompasión, mi parte lógica me pregunta: Si, esta vez tampoco ha salido. No empezó, y por ende, mucho menos fue para siempre. Pero, ¿Qué relación lo es en realidad? ¿Cuáles son las probabilidades de que algo así suceda según estadística?. Y es cierto, al final, el amor es y debe ser eterno… hasta que se acabe.
lunes, mayo 12, 2008
De abrir los ojos
Podría decirse que tiene la imagen de lo que la gente generalmente considera un ganador. Vive una vida tranquila, le va bien en los negocios, es saludable y ambicioso. Nadie duda que algún día, no lejano, llegará más allá de lo que sus padren han llegado. Ha tenido oportunidades y las ha aprovechado y, seguramente, buscará incansablemente más.
Yo soy una gran bohemia, cuando tarde, empiezo la fiesta el jueves, y si se puede antes, mejor. Fumo como chacuaco, sea por asiedad, de alegría, de nervios, por lo que sea, fumo y fumo. Eventualmente me echo un toque. Suelo comer lo que se aparezca en el camino, saludable o no, y nunca hago ejercicio, so pretexto de que va en contra de mi religión (y la degradada condición física que tengo a consecuencia de mis excesos). Tengo amigos de todos tipos, los niños bien, los pobres, los intelectuales, los trabajadores, los borrachos. Me considero abierta y me gusta conocer nuevos mundos y formas de pensamiento. Veo como fuerte a la gente que opta por vivir lo más posible, pues a mi entender, sólo aquella gente que se conoce y que tiene criterio, puede a final de cuentas elegir qué le sirve, qué le gusta y qué necesita; después de todo, apartarse del estereotipo no implica un camino fácil. Soy flexible respecto de lo que pueda considerarse la felicidad o el éxito. Me aparté de mi familia por decisión y creo que, de lejos, estamos mejor.
Soy de humor negro y sarcástica. Se que en variadas ocasiones doy la apariencia de ser frívola y valemadrista. Habrá, no lo dudo, quien me considere una hija de puta.
Su cumpleaños acaba de pasar. Para festejar la ocasión, organizó una cena a la que concurrimos la banda de siempre y sus amigos, a los que el tiene a bien llamar "los fresas". La división de banditas no se hizo esperar. Por un lado platicaba una y por la otra, el otro grupo. Pocas anécdotas se compartieron, generalmente, por nuestra parte, era de relajos que habíamos organizado.
Una de sus amigas, de esas que tienen toda la actitud de ser la perfecta hija de familia, terminó haciendo tremendos desfiguros después de haberse tomado tres copas de vino, descuidando su pose de dama perfecta. Otra, le demandaba al anfitrión casi entregarle por escrito los resumés de la gente de la otra banda, pues al parecer le importaba más nuestra profesión y lugar de trabajo, que acercarse a conversar con nosotros; al tiempo que le decía que era una pena enterarse de que él ahora era así, cuando ella lle había conocido siendo un "buen muchacho".
Salí a fumar un cigarro a la banquita que se encontraba afuera del restaurante. El ambiente empezaba a sofocarme y necesitaba respirar humo que me disipara la mente. Él me alcanzó después, presentándose sin aviso y tomando asiento a mi lado. Me dijo haberse dado cuenta que no podía juntar a la banda con sus amigos "los fresitas". Aunque manifestó sentir cierto alivio porque no hubo los roces que él pensó podrían darse, confesó que a sus amigos "los fresas" les parecía triste nuestro concepto de diversión y estilo de vida, y más aún, que él se hubiese integrado en él dejando de lado el buen camino. Me expresó su malestar por no poder lograr que sus mundos coincidieran. No me mencionó si hizo el menor intento, siquiera, por desvirtuar tal cosa, o exhaltar alguna virtud nuestra. Sólo resolvió que no podía juntarnos, porque aunque a su decir, él es como ellos, también era cierto que él es más abierto.
Justo ahí me di cuenta: somos (y soy) su lado B, el obscuro, el que prefiere no sacar a la luz. El relajo en el que le gusta estar sin que nadie lo ubique en el. La parte que esconde para no dejar de lado su otra imagen y no perder el aplauso silente de los que le rodean. También, porqué no decirlo, yo era la mujer que jamás pensaría tener a su lado.
La verdad me cayó como bomba. Es cierto, no soy el prototipo de niña bien, ni de dama perfecta; pero también creo que debió en algún momento ver que aunque sea parrandera, aunque haya cosas que tome con ligereza, aunque haya salido de muchos parámetros sociales, también es cierto que soy inteligente, que trabajo arduamente y mi trabajo es profesional, que soy responsable, que estoy dispuesta a hacer todo lo que esté en mis manos por la gente que quiero y que, aunque suene cursi, tengo un gran corazón debajo de la capa de frialdad que me cubre.
Sin embargo, no lo hizo. Me percaté de que para él, la única palabra que me podría describir es desmadre. Eso, sin duda, dolió. Al tiempo que él seguía hablando, con cada palabra que se iba en el aire, se llevaba un tanto de respeto que tenía por él. Se fue empequeñeciendo ante mi vista. Me sentía decepcionada.
Regresamos a la mesa. Noté la mirada de Bacha algo triste y perdida: se había dado cuenta de todo también, el mazo le golpeó la espalda al mismo tiempo que a mí. Un par de miradas bastaron para saber que ella también compartía mi situación. Así, llené nuestras copas con vino nuevamente, la de Bacha, la de Niño D y la mía. La levanté en señal de brindis, primero chocándola con D en señal de callada despedida; después contra la de Bacha, en señal de esperanza; y finalmente con los dos, en agradecimiento por lo que vivimos juntos, así como por lo que no podrá ser.
Cuando el vino terminó, tomé mis cosas y me levanté del asiento. Me despedí cortesmente de todos. Mientras caminaba a la salida volteé el rostro para ver lo que quedaba atrás. Le hice una señal a Bacha indicando que al día siguiente nos veríamos. A Niño D, sólo le hice un ademán de adios. Después atravesé la puerta.
lunes, mayo 05, 2008
De rollos en círculo.
Sabía que teníamos que hablar. Muchas veces tuve que reprimir el arrojo de decir esa frase porque aunque era recomendable hacerlo, no quería dar pasos en falso y después tener que resignarme a llevar en hombros las consecuencias que vinieran por ello; fuera por la plática en sí y/o por ser yo la primera en tomar la iniciativa. Ahora el me lo pedía, la frase había sido dicha, supongo que también D ya un poco envalentonado ante la borrachera que traíamos.
-Por qué estas rara conmigo? – dijo D en cuanto tomamos aquélla mesita. Sólo le dije que no entendía a qué se refería, que en realidad, no estaba rara con él, y le pedí que me explicara la razón de su pregunta. -“Últimamente, me has hecho sentir mal… de todo lo que hago te burlas, no pierdes ocasión para decirme que soy un pendejo y ya no sé si te hice algo para que te portes así conmigo o qué onda”- expuso D. Por un momento me sentí aliviada, respiré un poco de calma mientras contestaba que eran simples bromas, que me gusta tirar carrilla, que tomara en cuenta que con toda la banda hago lo mismo. “Aún así, me queda claro que lo haces con los demás, pero a mí nunca me habías tratado así y me súper saca de onda que lo hagas”- insistió con cierto desasosiego. Aunque seguro se asomó por mi cara un gesto de “no mames”, le expliqué que no lo hacía con mala intención, que mis bromas no las hacía con el afán de molestarlo, era sólo jugar; y que si realmente le molestaba, limitaría los comentarios.- “Ok, te lo agradezco, pero aún así, quiero saber porqué estás así conmigo cuando antes no eras así”- reviró niño D.
Para ese momento me encontraba ya bastante tomadona, y aunque por un momento pensé en callar la boca y fingir que todo era lindo; algo en mi cabecita llegó a la conclusión de que era mejor aclarar las cosas de una vez por todas. Así, ante el deshinibidor efecto del alcohol, le reté: “Ok, quieres de verdad llegar al fondo de esto?? Bien, lo puedo hacer. Ahora, tu dime: aguantas platicar como adulto y tan cuates como siempre?”. Niño D asintió; por lo que me solté:
Profana: Veamos. Tu y yo comenzamos a salir plan ligue. Después me presentas a tus amigos y nos llevamos bien. Por tal motivo, como a tu parecer hay todas las probabilidades de que haya divisiones entre nosotros y la banda si tú y yo andamos, me dices que prefieres que la dejemos como amigos. Respeté tu decisión, aguanto vara y actúo en consecuencia; o sea, te trato como cuate. Tu, por otro lado, eres absolutamente errático: te molesta que te trate como amigo, no obstante tu lo resolviste de esa manera. Más aún, tampoco respetas tu propia decisión; debes ser honesto y reconocerlo, un día me tratas como amiga y al otro me das trato de date. Realmente es confuso!
Niño D: Si, lo reconozco. Pero también trata de entender: Me gustas mucho y en ocasiones me la quiero jugar valiéndome madre todo; y otras, pienso las cosas y no quiero que este ambiente chido en el que todos salimos como cuates se pierda, pero sé que si algo sale mal entre nosotros pasará precisamente eso… y te quiero a ti, y los quiero a ellos junto contigo.
Profana: Si, ya lo habías dicho, y aunque la verdad se me hace un pretexto muy tonto, no es mi labor disuadirte, ni convencerte lo contrario; simplemente ya te hubieras aventado… Como eso lo entiendo así, entonces insisto, yo sí he respetado tus conclusiones y tu no lo has hecho. Así que, por favor, respeta tus decisiones. Si me vas a tratar como amiga, está bien, pero entonces no me estés tratando eventualmente como date, eso no es jugar limpio… y si me quieres como amiga, al menos, no seas injusto.
Niño D: Lo entiendo, pero en buen plan, créeme que tampoco lo hago por mala onda. Es neto, me gustas cañón y a veces se me sale el querer que si fuéramos algo más que amigos… pero dime algo: tu qué quieres??? Tienes alguna otra solución a esto??
Profana: Noooo, querido, qué lindo… ahora si me preguntas que qué quiero, cuando antes ni te importó??? Como para qué preguntas ahora?? Nene, déjame aclarar algo: yo no estoy confundida, ni soy yo la que cambia el juego. Ya estás grandecito. Mis decisiones las he tomado y respetado. No pretendas que tome tus decisiones. Así que mejor, en tanto no sepas que hacer, respeta lo que me habías dicho.
Niño D: y si cambio de opinión??
Profana: Pues tu deberás ver cómo le haces. Nada más, si lo haces, avísame, porque ya nos queda claro que no adivino pensamientos, y tu te estás comprometiendo a hablar las cosas claro.
Después nos interrumpieron y tuvimos que ocuparnos de un Ge, que ya también estaba fundido.
Al día siguiente, no pude evitar sentirme mal por aceptar que probablemente había cerrado la puerta yo sola, pero me intentaba consolar con la idea de que al menos, estarían más claras las cosas y sabría qué papel me toca jugar. No lo niego: me hubiera gustado que las cosas hubiesen sido diferentes, que se hubiera aventado.
Ha pasado ya de eso más de una semana, y ahora platica mucho más conmigo por Messenger, me manda mas mails y me llama por teléfono más seguido. También lo sé: dijimos mucho sin resolver nada, probablemente sigo corriendo en círulos, quizá sólo no quiero ver los hechos tal y como son, sólo una ciega que se resiste a ver. Creo que soy una reina del drama! Ahora me pregunto si será este el final de esta temporada de la serie...
Chale, si nací para perder!!!
martes, abril 22, 2008
De asquerosos manjares y cortesías.
Durante la mañana del viernes estuve atendiendo desde alla cuestiones de la oficina. Nos reuniríamos con los chinos a la hora de la comida para discutir el asunto de la consultoría. A la hora acordada pasó un automóvil blanco para llevarnos con ellos. Nos llevaron a un restaurante pequeño, pero de apariencia muy selecta. Pasamos entre las mesas y seguimos de largo, nos conducían a una especie de pequeñas salas, donde ya nos esperaba el chino mayor junto a su asistente personal. Mientras nos explicaban el problema sobre el que había que emitir opinión, se hizo presente otro simpático chino, medio regordete, vestido de chef. Comenzó a hablar con los otros dos chinos en su idioma. El chino mayor se volteó hacia mi y me dijo en ingles que en virtud de nuestra visita, quería agradecernos ordenando una delicadeza gourmet china, por lo que había pedido la "sopa especial", un huachinango, camarones y verduras. -Suena delicioso. Muchas gracias- contesté mostrando simpatía por ser merecedora del honor.
Siguió la plática. Imaginaba suculentos platillos, del tipo de comida del Hunan, o ya de perdida, de un China in a box. En eso, llegó el mesero sosteniendo una sopera con detalles que evocaban algún ornamento de dinastía Ming, la colocó sobre una charola junto a nuestra mesa y comenzó a servir los tazones. No pude evitar notar que primero los llenaba de material sólido. Esparció primero algo, que no sabía bien que era, pero que tenía un fatal aspecto; un tipo de masa gelatinosa (parecida a la pata que se hace para las tostadas), de color ámbar, porosa, cortada en cubos, para después añadir unas bolas de carne de no muy buen aspecto, y finalmente, vació el caldo de la sopa.
Entré en pánico... soy excesivamente quisquillosa con la comida, un mal legado de mi nana, quien ante mi desaprobación por la sencilla vista de un platillo, corría a la cocina a preparar otra cosa al momento sólo para darme gusto. No puedo tolerar cierto tipo de texturas en la boca, especialmente aquellas que son viscosas o gelatinosas (razón por la que jamás me verán comiendo "cueritos"), por ciertos sabores (ejemplo: odio el jitomate) y ni siquiera me arriesgo a probar algo que mi vista no me recomiende. Preferí no preguntar qué contenía la dichosa (y putísima) "sopa especial"; bien sabía que si a mis oidos llegaba el nombre de algún animal extraño, mi mente me iba a hacer tal jugada que de entrada, ni siquiera me arriesgaría si quiera a oler.
Cuando ya se encontraban los tazones frente a sus respectivos comensales, el chino mayor se volteó hacia mi, como esparando que hiciera yo la monada de empezar a comer. Metí la cuchara al plato y decidi intentar partir uno de los chingados y nada apetitosos cubitos, sólo para tratar de determinar un parecido con algún alimento conocido. Era suave, pero viscoso... así que para mis adentros repetía con insistencia a tipo de programación mental: "piensa que es manzana cocida, piensa que es manzana cocida". Levanté de nuevo la mirada sólo para descubrir que seguían viéndome, por lo que tuve que reunir fuerzas y abatir voluntad, al tiempo que sumergía la cuchara en la mentada sopa nuevamente para llenarla, y después, ir acercando el menjurje hacia mi boca. Comprobé con desagrado que efectivamente, la textura era espantosa. Evidentemente tuve el refrrejo de escupir, pero sabía que no podría darme ese lujo pues se trataba de potenciales clientes, dinero y al final de cuentas, era un gesto amable de su parte. Tragué sin intentar encontrar sabor alguno. Aún así, quería mentar madres, salir corriendo, mínimo aventar la chingadera de sopa al suelo. Únicamente me limité a hacer un gesto de mínima y discreta aprobación por el supuesto manjar, haciendo mención de que definitivamente, la sopa era algo especia. Los chinos se mostraron complacidos y comenzaron a comer, mientras que yo sólo sorbía el caldo, que tenía un sabor fuerte. En cuanto pude, llamé al mesero y pedí que retirara mi plato, al ver que el chino menor tomaba el cucharón de la sopa para sevir otra ronda. El resto de la comida no fue mala. Me dediqué a pensar lo mucho que hubiera disfrutado de unos simples (pero exquisitos) tacos al pastor, o un pozole.
Ya que hubo terminado la comida, y estando a solas, le pregunté a mi jefe por los ingredientes de la sopa, en obvio de que el visita china con mucha regularidad. Contestó con una sonrisa burlona que en realidad, por mi bien, prefería no decirme. Insistí hasta que obtuve la respuesta: Era carne de cerdo, algo así como testículos de pájaro, y por qué chingados no? Carne de vívora amarilla!!!!. -Me carga la chingada, qué asco!- dije exhaltada. Solicité la anuencia para salir sola en la tarde una vez que concluyeran las labores. Tuve que tomarme unos vodkas para pasar el sabor de boca y miniminzar las probabilidades de sufrir alguna enfermedad por haber consumido semejante asquerosidad.
El sábado, aprovechando la visita, fui a comer lo típico: una torta ahogada ligeramente picosa. No pude evitar pensar en el enorme regocijo que sentiría de ver a los pinches chinos tragando lo mismo, y que después les cayera "La maldición de Moctezuma".
Concluisiones del viaje:
1.- Soy bien naca.
2.- La comida china gourmet y sofisticada apesta en más de un sentido.
3.- Mis deseos de venganza son grandes.
4.- Aún siento asco de recordar.
