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lunes, abril 13, 2009

It's not me, it's you( ??) !!

Ya he recibido el breviario de las razones por las que los tipos que me gustan o me han gustado no andarían conmigo. Los resultados a continuación:



Soy desordenada.


En esta opinión concedo razón. Lo confieso, soy absolutamente desordenada. La cosa interesante acá es encontrar el motivo por el que me fijo en gente obsesiva del orden. Opiniones de dos hombres totalmente ajenos entre sí, de edades, profesiones y entornos familiares distintas lo confirman.


No soy niña de gym, spa y salón de Belleza.


Nuevamente, gente que ni se conoce ni piensa igual coincide en este punto. No me muevo ni en defensa propia, jamás abandonaría mi cama 1 hora antes de lo debido por hacer deporte alguno, ni desperdiciaría mis tardes de chelas por ello. La única bicicleta fija que uso es la de casa del Rufián, quien siempre se sorprende de mi ingenio, pues sabe que la uso más bien para poner mi cenicero porque así me queda cerca de mi lugar de ver la tele.


Igual me pasa con los salones de belleza y con los spas. A lo sumo, pasaré por esos lugares cuando vea que mi cabello en realidad está hecho una aberración, lo que sucede entre 1 o 2 veces por año. No más. Por otro lado, jamás me he pintado el cabello, ni me hago tratamientos para alisarlo o enchinarlo. Y por qué gastar cualquier cantidad de dinero en masajes o que te unten aguacate, cuando ese mismo dinero podría comprar unos buenos whiskys en una cantina??? Creo que sobra decir cual termina siendo mi elección.


Desafortunadamente, los tipos que me gustan suelen querer niñas con super maquillajes, cabellos de concurso y ropa absolutamente a la moda. Alguno de mis antiguos galanes dijo que yo estaba a dos pasos de volverme hippie porque no me gusta maquillarme mucho ni estar con imagen de "lista pa' la foto" todo el tiempo; lo bueno (?) fue que reconoció que soy una niña muy bonita, aunque un poco de arreglo no me haría daño (hombre, gracias, qué detalle).


Soy muy mal hablada.


A quien chingados se le ocurre semejante mamada? Quién putas madres no suelta una grosería cada cierto tiempo? Estas sí son pendejadas. A la verga!



Así que a eso se resume todo. Esas son las cualidades por las que justo cuando están a punto, terminan dando la vuelta. Y entonces me pregunto si debo cambiar y ser una niña modosita, linda, afable, arpía y tan superficial como para no importarme otra cosa sino la manera en la que luzco. La verdad es que me niego. Esa no soy yo, me arreglo cuando tengo que hacerlo, no ando de cara lavada pero tampoco con plastas de maquillaje como si de máscara se tratase, prefiero tomar un café mientras veo las noticias en mi cama por la mañana y las tardes de chelas con amigos por la tarde, y hablar como hablo porque me place y ya. Estoy entonces tan mal?


En eso venía pensando mientras arrastraba por la calle mi autoestima cuando me disponía a acudir a una cita. Justo cuando bajé del camión me topé con un tipo absolutamente guapo: rubio de ojos verdes, complexión media y estatura aceptable. Cruzó la calle cuando yo lo hice. Lo perdí de vista cuando me paré a fumar un cigarro antes de entrar al edificio en donde tenía la reunión.


Encendí el cigarro mientras repasaba mentalmente los puntos importantes a tratar. De repente tenía enfrente al guapísimo hombre otra vez. Me preguntaba por una dirección y de inmediato se podía saber que era español. Respondí y él siguió haciendo la plática diciendo que había salido a dar un recorrido y se había perdido, que había llegado ese día al DF a hacer un trabajo y que al día siguiente tendría que irse a Guadalajara, lugar donde residía por una beca que se le había otorgado. Me preguntó por un buen lugar dónde parrandear más tarde. Le di santo y seña de varios lugares y entonces me dijo que venía solo y me invitó a acompañarlo. Yo había ya acordado verme con unos amigos, así que le dije que podía unirse a mi plan. Me pidió mi teléfono cuando le dije que me iba porque me esperaban en la oficina de la cita.


Como resulta natural, me dejó contenta la situación. Venía dando tantas vueltas a las respuestas del por qué siempre no se habían animado a andar conmigo y, al final, el suceso me elevó el ánimo de nuevo. Sobre todo, pensaba que en realidad no podía estar tan mal. Era realmente un tipo guapo, guapísimo, que me había hablado así de la nada, que seguramente se había inventado una historia para acercarse. No, de verdad, no podía estar yo tan mal después de algo así.

Esa noche nos fuimos de juerga con unos amigos y después con la Srita. P. La parranda fue algo maravilloso, me sentía bastante cómoda con el españolito, él se adecuó bien al desmadre de mis amigos y hubo harto Absinta. La fiesta terminó con la luz del día. A eso de la 1 de la tarde me mandó diciendo que regresaba a Guadalajara, que seguíamos en contacto.

No volví a saber de él hasta el siguiente fin de semana, en que me comentó que leía un libro y que me lo recomendaba. Me hacía llegar también la página de internet de donde podía bajarlo, para poder discutirlo después. Pensé que el tipo había escuchado bien que me gusta leer y que era una forma sutil y elegante de seguir en contacto.

Lo que sigue es lógico: Bajé el libro de internet y me puse a leerlo. Lo que no era lógico es el tipo de libro que leía. Trataba de esoterismo, de una doctrina antigua como el tiempo mismo (a la que se dice, incluso Buda y Jesús pertenecieron), que aspira a la santidad y divinidad del hombre, que atribuye poderes extrasensoriales y extradimensionales a sus iniciados, utilizando como elemento alquímico el amor y el sexo.

Cabe mencionar que la primera parte del libro habla de sexo. Conforme lo leía, podía notar que incluía algunas técnicas recomendadas por el Tantra o el Tao, cosa que me pareció harto interesante pues, después de todo, el muchacho traía buenas y bonitas intenciones. Era una forma poco sutil y algo sofisticada de ligarse, al menos por curiosidad, a esta Profana persona. Hablaba de la contención del semen para conservar energías, incluyendo explicaciones fisiológicas y endocrinológicas de los qués y porqués de este tópico. Hasta ahí, todo bien.

Lo que ya de plano no me cupo en la cabeza era la premisa de que jamás (nunca, olvídalo) se podía eyacular. Eso ya me pareció descabellado y antinatural. Después se podía leer un tratado de cómo seguir estas prácticas llevaba como efectos colaterales la capacidad de ver más allá de lo que los ojos miran y escuchar más allá de lo que los oidos perciben y, una vez logrado esto, poder entrar a otra dimensión. Eso ya estaba loquísimo. Y la pregunta en realidad era: cómo pasó esto, si se veía tan normal??? Sobra decir que no he sabido más de él.

Fue entonces que vislumbré que puedo ser desordenada, algo desarreglada y muy grosera, pero no pirada. Y que en realidad, los que están mal son ellos; aunque, por otro lado, lo que todos ellos tienen en común, soy yo ¿ no?

Soy yo, o son ellos?

lunes, marzo 02, 2009

De frases que están al puro chile!

A veces la rutina pesa, cansa, se vuelve un lastre. Estar a sabiendas de lo que hay que hacer, de la ruta que vamos a seguir, de las caras que veremos y hasta de la ropa que usamos da, desde luego, cierto marco de seguridad, pero el hecho de que las cosas se vuelvan predecibles quita ese algo que le de chispa a la vida.

El lenguaje no es diferente. El mundo globalizado implica el uso cotidiano de palabras en otro idioma. No es que haya un problema con ello, hay que estar pendientes de las tendencias. Sin embargo, el rescate y preservación de nuestro idioma, de nuestras merísimas raíces también resulta importante.

Por ello, Profana, siempre preocupada por la conservación de las costumbres y por la renovación de algunas frases conocidas, se ha lanzado en una investigación que les permita expresarse de forma distinta, pero no menos acertada. Así, aquí les dejo unas de los resultados más ilustrativos de esta ardua labor.

- Por qué no cambiar el vulgar "macitaaa" o "pacitooo" a algún objeto de nuestro deseo por Con usted de aguacate, me como cualquier guacamole...

- Y si acaso a usted, fino lector, le ha desagradado semejante expresión, en vez de responder con el ofensivo término "ay, naco" o alguno semejante, tendrá a bien dar como contestación Este aguacate no te lo embarras en tu bolillo!

Se da cuenta usted? Las ganas de emitir un piropo y su sentido no cambia, sin embargo, puede hacerse de forma educada, y más aún, conservando nuestro folklore típico mexicano.

Ahora bien, otra que puede usarse (o revivirse) y que seguramente dejará callado a mas de uno, es el que a continuación se enlista: Como dueño de mi atole, lo menearé con mi palo. No, malpensados amigos, esta frase no es precisamente de índole sexual (aunque bien podría aplicarse), la idea encapsulada en este dicho es la falta de necesidad de un consejo, pues uno hace de la vida propia lo que quiere. A poco no es una joya?

Supongamos ahora que usted está enamorado, de ese amor que le cala a uno hasta el hueso. Acudir a las gastadas frases que ya todos conocemos puede hacernos sentir incluso apenados, en obvio de que no estamos expresando en toda su magnitud nuestro poderoso sentimiento. Pero qué tal que se cambia la frase a un Contigo, la milpa es rancho y el atole champurrado? Imagine la cara del bienamado ante una afirmación tan especial y contundente. No hay margen de error, se lo aseguro, todos caen redonditos, seguramente el mismo Cyrano de Bergerac o Romeo Montesco la hubieran aplicado, de no ser por el hecho que desconocían el náhuatl.

- Si comes camote caliente, aléjate de la gente. Esta expresión tiene dos usos de práctica aplicación cotidiana. El primero de ellos implica una recriminación a la persona que perturba la paz de una reunión; el segundo implica la expulsión intencional o no de un flato. En cualquier caso, conmina elegantemente a la discreción. Bello!

-Estar al puro chile! Estar a la perfección o a la medida de las necesidades.

Ahora, amigos, cuántas veces hemos visto a una persona que no puede expresar abiertamente su cólera y sólo se mueve en el asiento? En este caso, podremos hablar de una persona que está haciendo chile con el culo. Dejemos expresiones vulgares como "encabronadísimo" o "se lo carga la chingada" para gente menos instruida o poco interesada por la conservación de nuestras lenguas indígenas. Al fin y al cabo, el énfasis de dicha frase no resulta más sutil y hasta deriva en mayor teatralidad.

Andar como cócono.- Estar borracho (aludiendo al conocido moco de guajolote).

Ahora bien, una forma sutil de negarse a participar en actividades presumiblemente deshonestas o problemáticas podría ser yo no como huausoncles por no ensuciarme los dedos. Claro y directo, pero ante todo, educado.

¿Batea de izquierda? Una frase tan gastada, qué poco original. Mejor, para referirnos a alguien de distinta preferencia sexual podemos usar le gusta que le llenen la jícara. Nótese el impecable uso de un elemento tan característico y mexicano. Lo dejo a su consideración, o como diría el puto: ay tu!

Ponerse a dos reatas y un mecate.- Comer y beber en exceso en una fiesta. Qué gran detalle sería sacar esta frase en el chismerío del día siguiente del convite!

Los gatos son animales muy hermosos y elegantes. Nunca he entendido la razón por la que se le llama gato a una persona de poca educación o gracia. Por tal motivo, abandonemos esta alusión y digamos en su lugar Prófugo del metate. Aplica también para gente que ha elevado su posición social sin que haya eliminado sus carencias culturales, al igual que Aunque ahora duermas en cama, sigues oliendo a petate, para denotar el origen rústico de alguien.

El que tenga miedo a las espinas, que no entre a la nopalera. Advertencia de riesgo y necesidad de valentía frente al mismo.

Coger es una palabra que ha perdido su sentido y de repente se antoja soez. Recuperemos la pasión del lenguaje al referirse a la cópula, diciendo en su lugar desgastar el petate. También constituye una buena proposición, sin duda.

Ilustremos:

Vamos a coger / vamos a desgastar el petate.
... y estábamos cogiendo cuando... /... y estábamos desgastando el petate cuando...

con cuál se quedan ustedes?

A todos nos han roto el corazón. Las frases que generalmente se usan para reprochar la falta de amor ya también suenan tan prefabricadas que han perdido eficacia ¿por qué me haces esto si yo te amo? vamos, ya todos casi conocemos los guiones. Saquen de terrenos conocidos a los ingratos, pregunten ¿Por qué con tamal me pagas, teniendo bizcochería?. Seguro el impacto de la pregunta les hará tener la absoluta verdad como respuesta.

Claro, claro, el que formula semejante pregunta se arriesga a tener contestación que lo lleve al más profundo abismo de tristeza y rabia (pero bueno, el que le tenga miedo a las espinas, que no entre a la nopalera). Por tal motivo, para no quedarse nomás callado, podemos dar una patada de ahogado- como coloquialmente se dice- y podemos hacer todavía patente nuestro desprecio (Advertencia: tomen en cuenta que son frases del náhuatl, así que esta puede ser un tanto machista), haciendo la siguiente cita: He frito mi longaniza en mejores tepalcates. Touché.

Aunque claro, el último recurso, la frase ardida, también tiene su símil: Presume de Pavorreal y no llega ni a zopilote. No necesitamos abundar, cierto?

Verdaderamente espero que podamos utilizar más seguido estas sencillas e ilustrativas frases. Después de todo, podemos crear moda y conservar nuestra rica tradición oral.

Antes de que el tecolote le cante a este post, si a alguno de ustedes ha surgido la curiosidad por aprender más frases, pueden consultar el Diccionario del Náhualt en el Español de México. UNAM, 2007.

Ponganse piocha, o lo que es lo mismo, listos!

miércoles, enero 28, 2009

De cartas de Navegación

Terminé el martón un poco tarde. La carrera fue intensa, así que aún y cuando ya había llegado a la meta, el impulso me tuvo corriendo un poco más, quizá sea malo parar así de golpe.

No lo oculto: estuve muy contenta mientras la carrera duraba. No tenía porqué ser de otra forma, después de todo, el maratón siempre viene envuelto en un aura de alegría. El problema fue que terminó. Por algún motivo tuve que bajarle un poco a la fiesta.

El año nuevo trajo consigo noticias de mis conocidos: que si fulana ya se fue a hacer un máster a no-se-que-país, que si mengano acaba de agarrar la mega-chamba-que-todos-queremos-tener, que si perengana se acaba de comprometer. Después viene la pregunta incómoda: y tú, qué cuentas de nuevo? -Nada, todo sigue igual.

No pierdo de foco que mi situación no es mala. Tengo un trabajo que me permite pagar la renta y algunos muy buenos tragos. La cosa es que, al parecer, a cierta edad la gente "debe" tener un plan de vida; cosa de la que yo carezco.

No soy buena haciendo cartas de navegación. La vida cambia a cada minuto. O no. Pude haber despertado con ganas de comer pasta y, frente a la carta, cambio súbitamente de idea y pido un filete. Dicen que si quieres hacer reír a Dios, le cuentes tus planes. O está Cristóbal Colón, quien sin pensarlo descubrió un nuevo continente (sí, se que la objeción acá es que él tenía una supuesta ruta para llegar a las Indias) sin tener la intención de hacerlo.

Tanto pensar en planes me ha hecho pensar si realmente es tan malo no tenerlos, lo que a su vez plantea otros terribles cuestionamientos como si debería justo.ahora.ya buscar algo con qué empezar a hacer algo que disfrace al futuro de algo parecido a un terreno más fijo que móvil (cosa que me parece una falacia), o cuántas chupadas se necesitan para llegar al chiclocentro de una paleta de caramelo.

Es problable que mi aparente desidia se justifique con mis delirios de juventud. Pero es cierto: Me siento taaaaan joven que creo que eventualmente llegaré a ver alguna estrella del norte que me indique cuál es el norte o el sur (si eso es lo que busco). Creo que es apresurado pretender saber qué te va a hacer feliz en la vida (toda una vida???!!!) si ésta se encarga de hacernos vivir tantas y nuevas cosas que igual nos pueden hacer feliz. Sin embargo, por otro lado, puede también ser un error pretender ser como el burro que tocó la flauta.

Tanta pregunta (sin respuesta) me lleva a una conclusión: la sobriedad por periodos prolongados no deja nada bueno. No debí haberle bajado al alcohol. Ahora justo voy por un Wisky, ya me cansé de tanto mareo, necesito algo de estabilidad.

lunes, enero 05, 2009

De Lunas y fuego

Salió de mi cartera sin el menor asomo de prudencia. No sabía que seguía allí, tampoco recuerdo haberlo sacado desde que me lo diste. Era aquél trocito de papel donde me dibujaste una luna y varias estrellas, te acuerdas?

Yo lo vi como si hubiese sido ayer, cuando todavía tomábamos clases juntos. Fue mientras tomábamos Procedimiento Civil gringo, donde nos sentábamos en bancas contiguas a escuchar los murmullos de las suspicacias que levantaba nuestra sospechosa cercanía, y entre involuntarias introspecciones que la cátedra nos obligaba a tener, con tal de no quedarnos flagrantemente dormidos. Entonces sacaste tu línea, aquella que usabas para impresionar: te conté que yo estudiaba antropología?; y me empezaste a escribir historias, de esas que hablaban de dioses y de tierras sagradas. En esa ocasión en particular, me contaste la historia del sol y de la luna, de aquél dios hermoso que se ofreció a alumbrar la tierra y de aquél otro más bien viejo y feo que también lo hizo, cuyo nombres no recuerdo, y de la hoguera en la que ambos se aventaron para renacer.

El reloj a esa hora nos jugaba bromas pesadas, parecía que lejos de avanzar, retrocedía; así que aunque tu tardaste un buen rato en escribir la historia y yo tardé menos en leerla, todavía quedaba mucho tiempo para podernos ir. Volví a mi introspección y luego voltee a verte con los ojos entrecerrados para quejarme del sueño que tenía mientras hablaban de plaintiffs y discoverys. Tú te pusiste a hacer rayones en la hoja y después me extendiste la mano. Habías dibujado una luna y varias estrellas, y al reverso pusiste “Para que te duermas”.

Así fue. Yo me dormí, no en clase, sino en ese cuadrito de papel que fuimos juntos. Las tardes de clases se acabaron y dieron paso a tardes después del trabajo. Y como en el cuento que me dijiste, iluminabas mis noches y los sueños se venían con ellas; hasta aquél día en que la luna se obscureció en la mesa de una cantina entre alcohol y sonidos de láminas, o de truenos, no recuerdo bien.

Supuse que se lo habían llevado cuando me robaron. La verdad es que tampoco lo volví a buscar desde que lo puse en mi cartera. Pero claro, tenía lógica, ese papel ya no vale nada, era como haberse encontrado una acción de empresa multimillonaria de antaño que después de verse devastada por la depresión del ’29, obligó a su tenedor a ponerse una pistola en la boca, y que no valió más de lo que un trozo de papel después. Así era, un título que ya no podría hacerse efectivo, sin promesa consignada. Así que lo dejaron donde originalmente lo puse.

Ayer que me encontré de nuevo con el pedacito de papel, con su luna y sus estrellas, me acordé de todo eso. Recordé a los dioses en la Ciudad, y tú, que eras el dios grácil que se volvió en luna, seguías apagado. Lo quemé. No había otro final que darle. La hoguera era su destino, así que otra vez, aventé a los dos al fuego para volverme a iluminar. Salí yo, con mis días y mis noches claras.

miércoles, septiembre 17, 2008

De Fantasmas sabatinos

Y no me refiero a entes incorpóreos metafísicos. Hablo más bien de que la mente a veces nos juega extrañas tretas que nos hacen recordar lo mucho que quisiéramos olvidar a alguien que ya considerábamos en el rincón más lejano de la memoria. Como sea, siguen siendo fantasmas.

Aquél sábado fui a comer con Srita. P y su mamá. El lugar era una casa que sirvió de refugio de artistas que huían de la guerra y que ahora parece, se ha convertido en un lugar cool para la expresión cultural con un ligero acento de caché. Todo sucedía normalmente, los platos circulaban, se escuchaba el barullo ligero de la gente que estaba presente y desde luego, de súbito, se colaba alguno que otro aroma que a modo caricaturesco adquiere forma de mano que te toca e irremediablemente te hace voltear a buscarle el origen. Y al parecer, ahí estaba. Le vi de espaldas y el corazón de repente se me quiso salir, se me bajó la presión y supongo, empecé a tartamudear.

Sabía que las posibilidades de que él estuviera ahí eran casi nulas. El estaba lejos desde hacía un rato. Nadie me había dicho que viniera. Sin embargo, como si no hubiese un océano de por medio, ahí estaba. Su ropa le delataba y el cabello era el mismo, si acaso un poco más largo, pero era igual. No sabía qué hacer, si permanecer en la mesa y continuar con el acostumbrado disimulo, o bien, pararme de un salto de la mesa e ir a abrazarle y decirle lo mucho que me ha hecho falta, quizá hasta reclamarle la indecencia de no avisar su visita. Mi padre decía que en aquéllos momentos en que uno no sabía qué hacer, lo mejor era no hacer nada. Así lo hice.

Seguí la plática con mis divinas acompañantes y de vez en cuando, volteaba de reojo para verle. Las caras de los que estaban en su mesa no se me hacían familiares, pero tampoco le di mucha importancia a eso. Lo que era una verdadera lástima, era que sólo podía verle la espalda, pero eso también era en cierto modo una bendición. Por la mente me pasaron mil imágenes de momentos que pasamos juntos y me sentí revivirlos con la misma intensidad que cuando fueron. En algún rato de esos, él volteó como si con la mente hubiese gritado su nombre. No era él, su cara me era ajena.

Traté de ocultar mi desmejoro por saber que él no estaba ahí. Un rato después, Srita. P puso cara de sorpresa, como si hubiese visto alguna aparición. Se quedó callada por un momento, como sopesando si valía la pena decirme de qué se trataba su sobresalto, y unos segundos más tarde no pudo contenerlo –Ya viste quién está ahí?, no puedo creerlo!- dijo. Supe inmediatamente a que se refería, así que sin voltear a rectificar sólo le dije que ya lo había visto, y que no era él. Se le quedó viendo un rato más y reconoció que tenía razón, pero que sin duda, el parecido –al menos por la espalda- era notable.

Seguimos comiendo todas. Cuando llegó el café tuve que reconocer en voz alta lo mucho que me hubiese gustado ser un poco más valiente y haberle dicho lo que sentía por él.

El siguiente plan para ese día era ir al cine. Ya habían comprado los boletos y llegamos un poco tarde por culpa de la charla de sobremesa, así que les dije que fueran a ocupar los asientos mientras yo compraría lo necesario en la dulcería. Cuando llegué a la sala tuve que hacer un rápido rastreo de rostros para encontarlas y sentarme con ellas. Noté a alguien que se encontraba muy cerca. Definitivamente sabía que no era él, pero con un solo gesto, una sonrisa, y nuevamente el recuerdo se hizo tan presente como hacía unas horas apenas. Tuve que hacer un esfuerzo por no tirar la charola y salir corriendo ante el fantasma que nuevamente me rondaba.

Llegué a repartir las provisiones. No quise decirle nada a Srta. P. Tenía miedo que al contarle, pusiese en blanco los ojos y me hiciera reconocer que lo mío ya se estaba volviendo obsesivo, más si ya había pasado tanto tiempo desde que se fue. Fue entonces que entre sorbos a los refrescos que teníamos en mano, sin esperarlo se volteó a preguntarme si ya había visto al otro muchacho, seguido de un –Se parece, verdad? Digo, no es idéntico, pero tiene algo que me hace pensar que es él-.Asentí y agradecí que no fuese yo la única que lo había visto dos veces esa misma tarde.

Ya por la noche, nos fuimos al bar de siempre. La sensación de haberle visto aún en otras personas 2 veces el mismo día no me abandonaba. Me reprochaba mi pendejada de no haberle dicho nada cuando debía, y finalmente me recomponía la mente al saber que había hecho lo correcto, que hice bien en guardar silencio porque nada hubiera cambiado en realidad, que aquello no prosperaría, porque ya todo estaba decidido cuando le conocí, porque yo tenía un novio y porque ninguno dejaría sus planes por el otro: ni yo podía acompañarle, ni él se quedaría por nadie.

A la fecha, me queda ese sabor de boca y me pregunto la razón por la cual los fantasmas se empecinan con desempolvar sus retratos en las bodegas del recuerdo. Definitivamente, la ciudad ése sábado por la tarde, estuvo llena de fantasmas.

lunes, agosto 04, 2008

de karmas, amores y amigos.

A ellos tengo ya de conocerlos casi 7 años. En realidad, eran los amigos de un ex novio. Sé que hicieron migas conmigo lo más posible, en gran parte, porque la ex de mi novio nunca fue de su agrado (ni ellos del de ella). Supongo que creyeron que estrechar vínculos minimizaría potenciales riesgos de regresar a esa relación.

Como hicimos buen equipo, pasaba mucho tiempo con ellos. Generalmente los viernes se armaba la reunioncita después del trabajo en casa de alguno, se abrían las botellas y se podía pasar todo el tiempo del mundo entre videojuegos, karaoke, o simple y sencillamente, música y plática. Los sábados solíamos agarrar un plan para andar por la ciudad o salir de ella en la mañana y volver ya entrada la noche. Los domingos eran de carne asada y hamburguesas, casi siempre acompañados por una película mientras todos nos echábamos en donde hubiese acomodo y vegetábamos por el resto de la tarde. Tampoco sobra decir que Profanita solía ser la única novia de la bandita invitada a las borracheras de sólo niños (incluido mi entonces wey) y que, casi siempre era la única niña entre todos ellos, salvo evento al que el grupo acordaba que cada integrante fuese acompañado por su novia.

Así fue casi cuatro años, hasta que un día lo inevitable pasó. Decidí cortar con mi novio, pues ya no estábamos bien. La ruptura no fue en los mejores términos, por lo que no quise saber de él nuevamente en un buen rato. Aunque sus amigos me seguían cayendo bien, pues fueron totalmente ajenos a los pleitos entre él y yo, preferí también dejar de verlos. En realidad me agradaban, pero sabía que la proximidad con ellos implicaba, a su vez, no poner tierra de por medio con mi ahora ex.

Dos años después me encontré a uno de ellos. Me invitó a comer un día. Aunque no del todo convencida, acepté la invitación la cual quedó arreglada con fecha, lugar y hora en ese momento. Para mi sorpresa, llegó toda la bandita uno a uno (claro, sin mi ex). Creo que todos estábamos contentos de vernos. Al final de cuentas, cuatro años conviviendo religiosamente con la misma persona crea memorias, anécdotas y afectos. Me la pasé increíble esa tarde.

Como de educados suele ser, cuando estábamos por terminar la velada, la sugerencia de vernos de nuevo no se hizo esperar. En realidad tenía ganas de convivir con la banda nuevamente. Así que, corriendo el riesgo de que se ofendieran o lo tomaran a mal, fui muy honesta: Aceptaría gustosa verlos nuevamente, siempre que ello no incluyera encuentro alguno con mi ex. Para sorpresa mía, entendieron la situación y aceptaron mis términos.

Desde ese día, nos vemos con bastante frecuencia. Una vez a la semana, al menos. No han intentado llevar a mi ex, e incluso, alguna vez que cayó por casualidad al lugar de reunión, tuvieron la amabilidad de avisarme antes que yo llegara, que él se encontraba ahí; por lo que les dijera dónde iba a estar, y ellos, después de aplicar el “ya nos íbamos”, se reunirían conmigo. Así fue. Prefirieron “abrir” al amigo y pasar el resto de la tarde conmigo.

Debo admitir que la situación me tiene contenta. Después de algunos días, tuve una epifanía. Creo que tengo un karma que no había detectado: en mis relaciones amorosas, quien suele quererme más, no es mi novio/free/pareja, sino sus amigos (y en ocasiones, hasta su familia). Pasó con este ex y sus amigos. Desde luego, como todos ya sabrán, también pasó con D, quien terminó considerándome su "amiga" y cuyos amigos ahora son míos también.

Nunca he sido una niña posesiva, de pose, arrogante, caprichosa, aprehensiva o “panchera” con mis parejas. Todo lo contrario, intento siempre tener los menores problemas posibles, trato de llevarme bien con la gente que rodea a mis novios y suelo ser lo más light (o lo menos intensa) posible. Claro, que hasta ahora me doy cuenta que eso, a la larga, no trae muy buenos resultados con los ligues. Pasa una de dos: o terminas siendo la mejor amiga de los niños con los que sales (mereciendo ahora tú el lugar de pretensa) o bien, terminas convirtiéndote la mejor amiga de los amigos de tu amorcito (en este caso, tu novio siempre terminará siendo tu ex).

Me pregunto qué es mejor: Ser la nena linda, buena onda, comprensiva y cero pedos destinada a ser la mejor amiga; ó ser la nena arpía, maníaca posesiva, psicópata a las que a pesar del eterno odio de sus amigos, siempre gana la eterna devoción del novio? (he ahí el dilema, dirían por ahí).

No podría asegurar que ser el segundo cliché hubiese podido garantizar un amor que a la fecha durara. Tampoco podría afirmar lo contrario. También he aprendido por experiencia que una vez que tu ligue te llama "amiga", todo ha valido madres y no habrá vuelta atrás; jamás volverás a ser la niña con la que quisiera "andar". Lo que hoy puedo decir con gusto, es que ser como he sido, me ha traído buenos nuevos y viejos amigos. No está mal.

lunes, junio 23, 2008

De consejos

Eran algo así como las 2 de la mañana de ese, bueno, ya domingo, cuando sonó mi celular. La pantalla me avisaba que la llamada era de una buena amiga, así que contesté inmediatamente. Supuse que estaría en alguna tertulia a la que me invitaría. La sorpresa fue que en cuanto le saludé, noté su voz un tanto temblorosa, como si algo le hubiese sacudido gravemente. Me explicó que se había visto con el galán y que habían sostenido una pequeña discusión por alguna de las ya conocidas faltas de cortesía del imberbe ése. Le invité a unírseme a la fiesta en la cual estaba. No se bien cómo le hizo (considerando que ni yo misma sabía bien la dirección del convite), pero llegó. Ya estando ahí, me contó con lujo de detalle los diálogos, gestos, acciones y reacciones de todo el evento. Inmediatamente cuando terminó el relato, soltó las preguntas que suelen mezclarse en estas conversaciones: Necesitaba conocer mis impresiones, deslinde de responsabilidades y modo de proceder. Hice un pequeño análisis de la situación y le expliqué lo que, a mi parecer, debería hacer (o no hacer). Ella, en respuesta, me dijo que tenía razón.

Durante la semana, recibí la invitación de otro amigo para tomarnos un café. A él, tenía algo así como un mes de haberle puesto en su lugar, toda vez que estaba considerando seriamente ir a casi medio mundo de distancia a visitar a una persona que a él le gusta, porque la dama en cuestión, recién se había mudado a esa locación para estudiar un master de 2 años. En esa ocasión, después de plantear correctamente la ecuación que representaban y tomando en cuenta la cantidad de variables (más del lado de la bien amada que del de mi amigo), había concluido que el resultado no podría ser otro que una catástrofe. Sin embargo, en esta oportunidad, sometía a mi consideración una nueva disyuntiva amorosa con otra persona, que aunque también presenta toda una serie de retos, la terminé reconociendo más viable: Le dije que se expusiera en esta ocasión. Desde luego había posibilidades de fallar en el intento, pero ahora si debía “rifarse”, porque el amor, también a veces precisa locura. Él agradeció el consejo, indicando que actuaría en consecuencia.

Después me habló otra persona, quien sostenía un momento de tensa pasividad en su relación. Previa exposición del caso, en pose de actitud salomónica, aconsejé poner las cosas claras sobre la mesa, punto por punto, sin quedarse nada y que, a partir de entonces, tomara una resolución que conviniese a sus intereses. Días después me dijo que se había arreglado todo después de la charla.

Mentiría si digo que no me siento halagada por el hecho de que la gente a mi alrededor me busque solicitando mi punto de vista. Creo firmemente que una de los principales razones de que vivamos en pequeñas “manadas” es, precisamente, la de poder ayudar a aquél que está a nuestro lado. No dudo que cada observación respecto de un mismo hecho sea totalmente válido y que necesitemos de varios ángulos para ver la fotografía completa. Sin embargo, si no es secreto para mis amigos que mi vida amorosa es un completo desastre, si no es que, más bien nula; que actúo de maneras que se encuentran en total contradicción con aquello que pueda parecer lógico o atinado; ¿Por qué, entonces, creen que puedo resolver su vida amorosa? ¿Qué les hace pensar que mi consejo será el basado en buen criterio, y por ende, no tan incorrecto?


Esa otra noche, mientras salíamos momentáneamente de la cantina a fumar un cigarro, mi amigo me acusaba de ser una mala influencia. Decía que era la culpable de que los viernes llegara crudo y desvelado al trabajo. Le empecé a contar mis técnicas para evitar que los jefes se pasaran de lanza con el abnegado y sufrido trabajador los viernes cuando a uno se le atraviesa una parranda un día antes. Se reía al tiempo que me decía que no ponía en tela de juicio el ingenio de mis artimañas.

Al día siguiente, mientras trabajábamos, me sorprendió un agradecimiento suyo en el mensajero diciendo que había aplicado mi “know how” para las crudas en viernes; me decía que le habían funcionado tan bien, que hasta cocas le habían regalado y que la secretaria de su oficina, quien no solía ser un dulce, se había comportado hasta considerada con él.


Entre risas virtuales, le comentaba que no sería capaz de dar un consejo de semejante naturaleza y seriedad si no lo tuviese comprobado. He tratado, en medida de mis posibilidades, de no ser indolente, por lo que suelo aconsejar lo que a mí me ha servido. Justo en ese momento, caí en cuenta de algo.

Aconsejo arrojo, cuando yo jamás salgo de mi zona de confort; incito al diálogo abierto y claro, cuando suelo guardar un montón de cosas que siento en los cajones para que no se noten, aunque me quede con mil cosas en la cabeza; y desde luego que hago aquéllo que a los demás aconsejo de absenerse. ¿Qué por qué soy buena dando consejos en temas amorosos? Fácil! Porque aconsejo hacer todo aquello que yo misma no hago. No podría asegurar que lo que aconsejo será eficaz siempre, pero al menos, es opuesto a lo que yo hago, que puedo saber a la perfección que, de plano, no funciona.

miércoles, mayo 28, 2008

De brujas y amores eternos.

Empezaba el año 2007, si mal no recuerdo. Como todos los años (sobre todo cuando inician), es costumbre de mi amiga fijar a la brevedad posible una fecha con su bruja, para que le diga los augurios que el año que entra traen consigo. Ese año no fue la excepción.

No soy yo muy creyente de esto de las leídas de cartas o de manos, o en general de cualquier mancia. Tampoco soy tan escéptica; quizá como ante cualquier mito, uno guarda cierto respeto o más bien, quizá un poco de esperanza. Algo así como aquello del “coco” o el famoso “amor a primera vista”. Pero bueno, tampoco podemos decir que el hecho de que alguien le diga a una mexicana que va a conocer a un hombre moreno claro, de cabello castaño y ojos café; sea precisamente una cosa que pocas veces pudiese pasar en este país y que sólo una excelente vidente pudiera vaticinarlo. Vaya, lo interesante fuera que te dijeran hasta su CURP!!!

Pero no me desvío. Aquella vez me había quedado de ver con ella para comer juntas, así que me pidió la acompañara a su esotérico compromiso. Acepté.

Mientras ella pasaba con su bruja, yo esperaba en la salita leyendo una revista. Escuché que me llamaron desde dentro, así que me asomé tímidamente para verificar. Mi amiga me pidió que entrase. Después de un buen rato en el estira y afloja de que me leyeran las cartas, terminé cediendo y cuando menos cuenta me di, ya esta revolviendo las cartas con mis manos.

Al tiempo que la señora iba acomodando las cartas en la mesa, comenzó a decir que había vivido una separación muy fuerte. No supe a cuál se refería, tenía aproximadamente medio año de haberme ido a vivir sola y menos tiempo aún de terminar una relación que duró casi los 4 años. Aún así, evité la pregunta. Después me dijo que veía que me encontraba muy contenta en mi trabajo, que no estaba muy de acuerdo en la forma en que se repartían los ingresos. -¿Y qué trabajador lo estaría?- pregunté para mis adentros, sin emitir sonido nuevamente.

Después vino lo interesante. –Veo que trabaja contigo un hombre de tez apiñonada. Tú lo quieres mucho y el sentimiento es recíproco. Han sido amigos por mucho tiempo, aún antes de trabajar juntos, se han ayudado mucho y adoran pasar tiempo juntos-. Creí, ahora sí, saber de quién se trataba, había concordancia entre lo que me decía y la circunstancia real. –Pero aquí también veo a una mujer morena, que también trabaja con ustedes. Es su novia o tiene una relación con ella. Te tiene mucha envidia, ella no cree que su cariño sea sólo de amigos- continuó la mujer. También eso era cierto, nunca me quiso mucho, pero bueno, pocas novias de mis amigos suelen apreciarme, por lo que tal vicisitud me tenía sin cuidado en realidad. – Valgame!- dijo escandalizada nuevamente, para posteriormente explicar – Ella es de un lugar en donde la magia se usa con regularidad, y aunque ella vive aquí, sigue teniendo contacto con su bruja. Te ha mandado hacer un trabajo para que te alejes de su hombre y para que no tengas una relación amorosa exitosa. Se te acercarán los hombres, pero con ninguno podrás establecer algo serio. No te preocupes, puedo ayudar a romperlo-. A este punto, ya no sabía que creer, en obvio que, si bien era cierto que esos dos personajes existían en mi vida, eso del “trabajo” ya se me hacía exagerado.

Una vez que terminó la dichosa lectura, tuve a bien agradecer y retirarme. Mi amiga, quien escuchó palabra por palabra, parecía algo agobiada. Insistió varias veces por la tarde en la necesidad de que acudiera nuevamente a su bruja para romper el hechizo. Por mi parte, prefería pensar que era algún tipo de treta de la señora para cobrar un dinero extra por la ayuda metafísica. No volví a tocar el tema y después lo olvidé en algún cajón de la memoria.

No sé por qué me acordé de eso hoy. Quizá el calor ha deshidratado mi cuerpo, impidiendo, en consecuencia, que el oxígeno llegue correctamente a mi cerebro. Probablemente sea porque sigo buscando determinar las variables que me aclaren la ecuación, aunque ésta ya no pueda resolverse. Lo más lógico sería pensar que es sólo porque hace un momento, me habló precisamente la misma amiga y acabo de acordar comer con ella este sábado.

Pero bueno, lo importante es que ahora que tengo eso en mente, no pude evitar preguntarme si la bruja habría tenido razón. Lo sé, es una postura cómoda; mucho más para alguien que cree que cada quien es forjador de su destino y creador de sus caminos. Y aunque probablemente ahora pareciese que me he tomado un descanso en la banca de la autocompasión, mi parte lógica me pregunta: Si, esta vez tampoco ha salido. No empezó, y por ende, mucho menos fue para siempre. Pero, ¿Qué relación lo es en realidad? ¿Cuáles son las probabilidades de que algo así suceda según estadística?. Y es cierto, al final, el amor es y debe ser eterno… hasta que se acabe.

lunes, mayo 12, 2008

De abrir los ojos

Él odia el cigarro, no fuma y le molesta que alguien más lo haga cerca de donde él se encuentra. Huelga decir que considera a aquéllos que fuman mota, o peor, que usen alguna droga de diseño; para él sólo son perdedores de extrema debilidad que no pueden resistir tratar de ocultar sus problemas en la drogadicción. Pocas son sus borracheras, casi no toma y a lo más, sólo consume espirituosas un día a la semana, siempre en viernes o sábado, pues nunca sale entre semana. Bajo la premisa de que cada quien es lo que come, cuida mucho su alimentación. Es quisquilloso e impecable en su aspecto. Tiene horarios casi rigurosos, sale a caminar con su perro a las siete de la mañana, llega al trabajo a las 10, come a las 3, sale a las 8 y duerme a eso de las 12. Hace ejercicio al menos cuatro veces a la semana y le pesa no hacerlo, para colmo, no ha habido deporte en el que no sea bueno. Es estricto en su trabajo, dedicado y exigente; aun bien podría vivir vida de hijo de papi. Es apegado a su familia, más de lo que suele serlo alguien de su edad, son su prioridad y ellos corresponden a su cariño con atención y lisonja.

Podría decirse que tiene la imagen de lo que la gente generalmente considera un ganador. Vive una vida tranquila, le va bien en los negocios, es saludable y ambicioso. Nadie duda que algún día, no lejano, llegará más allá de lo que sus padren han llegado. Ha tenido oportunidades y las ha aprovechado y, seguramente, buscará incansablemente más.

Yo soy una gran bohemia, cuando tarde, empiezo la fiesta el jueves, y si se puede antes, mejor. Fumo como chacuaco, sea por asiedad, de alegría, de nervios, por lo que sea, fumo y fumo. Eventualmente me echo un toque. Suelo comer lo que se aparezca en el camino, saludable o no, y nunca hago ejercicio, so pretexto de que va en contra de mi religión (y la degradada condición física que tengo a consecuencia de mis excesos). Tengo amigos de todos tipos, los niños bien, los pobres, los intelectuales, los trabajadores, los borrachos. Me considero abierta y me gusta conocer nuevos mundos y formas de pensamiento. Veo como fuerte a la gente que opta por vivir lo más posible, pues a mi entender, sólo aquella gente que se conoce y que tiene criterio, puede a final de cuentas elegir qué le sirve, qué le gusta y qué necesita; después de todo, apartarse del estereotipo no implica un camino fácil. Soy flexible respecto de lo que pueda considerarse la felicidad o el éxito. Me aparté de mi familia por decisión y creo que, de lejos, estamos mejor.

Soy de humor negro y sarcástica. Se que en variadas ocasiones doy la apariencia de ser frívola y valemadrista. Habrá, no lo dudo, quien me considere una hija de puta.

Su cumpleaños acaba de pasar. Para festejar la ocasión, organizó una cena a la que concurrimos la banda de siempre y sus amigos, a los que el tiene a bien llamar "los fresas". La división de banditas no se hizo esperar. Por un lado platicaba una y por la otra, el otro grupo. Pocas anécdotas se compartieron, generalmente, por nuestra parte, era de relajos que habíamos organizado.

Una de sus amigas, de esas que tienen toda la actitud de ser la perfecta hija de familia, terminó haciendo tremendos desfiguros después de haberse tomado tres copas de vino, descuidando su pose de dama perfecta. Otra, le demandaba al anfitrión casi entregarle por escrito los resumés de la gente de la otra banda, pues al parecer le importaba más nuestra profesión y lugar de trabajo, que acercarse a conversar con nosotros; al tiempo que le decía que era una pena enterarse de que él ahora era así, cuando ella lle había conocido siendo un "buen muchacho".

Salí a fumar un cigarro a la banquita que se encontraba afuera del restaurante. El ambiente empezaba a sofocarme y necesitaba respirar humo que me disipara la mente. Él me alcanzó después, presentándose sin aviso y tomando asiento a mi lado. Me dijo haberse dado cuenta que no podía juntar a la banda con sus amigos "los fresitas". Aunque manifestó sentir cierto alivio porque no hubo los roces que él pensó podrían darse, confesó que a sus amigos "los fresas" les parecía triste nuestro concepto de diversión y estilo de vida, y más aún, que él se hubiese integrado en él dejando de lado el buen camino. Me expresó su malestar por no poder lograr que sus mundos coincidieran. No me mencionó si hizo el menor intento, siquiera, por desvirtuar tal cosa, o exhaltar alguna virtud nuestra. Sólo resolvió que no podía juntarnos, porque aunque a su decir, él es como ellos, también era cierto que él es más abierto.

Justo ahí me di cuenta: somos (y soy) su lado B, el obscuro, el que prefiere no sacar a la luz. El relajo en el que le gusta estar sin que nadie lo ubique en el. La parte que esconde para no dejar de lado su otra imagen y no perder el aplauso silente de los que le rodean. También, porqué no decirlo, yo era la mujer que jamás pensaría tener a su lado.

La verdad me cayó como bomba. Es cierto, no soy el prototipo de niña bien, ni de dama perfecta; pero también creo que debió en algún momento ver que aunque sea parrandera, aunque haya cosas que tome con ligereza, aunque haya salido de muchos parámetros sociales, también es cierto que soy inteligente, que trabajo arduamente y mi trabajo es profesional, que soy responsable, que estoy dispuesta a hacer todo lo que esté en mis manos por la gente que quiero y que, aunque suene cursi, tengo un gran corazón debajo de la capa de frialdad que me cubre.

Sin embargo, no lo hizo. Me percaté de que para él, la única palabra que me podría describir es desmadre. Eso, sin duda, dolió. Al tiempo que él seguía hablando, con cada palabra que se iba en el aire, se llevaba un tanto de respeto que tenía por él. Se fue empequeñeciendo ante mi vista. Me sentía decepcionada.

Regresamos a la mesa. Noté la mirada de Bacha algo triste y perdida: se había dado cuenta de todo también, el mazo le golpeó la espalda al mismo tiempo que a mí. Un par de miradas bastaron para saber que ella también compartía mi situación. Así, llené nuestras copas con vino nuevamente, la de Bacha, la de Niño D y la mía. La levanté en señal de brindis, primero chocándola con D en señal de callada despedida; después contra la de Bacha, en señal de esperanza; y finalmente con los dos, en agradecimiento por lo que vivimos juntos, así como por lo que no podrá ser.

Cuando el vino terminó, tomé mis cosas y me levanté del asiento. Me despedí cortesmente de todos. Mientras caminaba a la salida volteé el rostro para ver lo que quedaba atrás. Le hice una señal a Bacha indicando que al día siguiente nos veríamos. A Niño D, sólo le hice un ademán de adios. Después atravesé la puerta.

lunes, mayo 05, 2008

De rollos en círculo.

“Quiero hablar contigo”- me dijo niño D mientras sostenía el vaso del que había bebido toda la noche y me señalaba una mesa que se encontraba desocupada.

Sabía que teníamos que hablar. Muchas veces tuve que reprimir el arrojo de decir esa frase porque aunque era recomendable hacerlo, no quería dar pasos en falso y después tener que resignarme a llevar en hombros las consecuencias que vinieran por ello; fuera por la plática en sí y/o por ser yo la primera en tomar la iniciativa. Ahora el me lo pedía, la frase había sido dicha, supongo que también D ya un poco envalentonado ante la borrachera que traíamos.

-Por qué estas rara conmigo? – dijo D en cuanto tomamos aquélla mesita. Sólo le dije que no entendía a qué se refería, que en realidad, no estaba rara con él, y le pedí que me explicara la razón de su pregunta. -“Últimamente, me has hecho sentir mal… de todo lo que hago te burlas, no pierdes ocasión para decirme que soy un pendejo y ya no sé si te hice algo para que te portes así conmigo o qué onda”- expuso D. Por un momento me sentí aliviada, respiré un poco de calma mientras contestaba que eran simples bromas, que me gusta tirar carrilla, que tomara en cuenta que con toda la banda hago lo mismo. “Aún así, me queda claro que lo haces con los demás, pero a mí nunca me habías tratado así y me súper saca de onda que lo hagas”- insistió con cierto desasosiego. Aunque seguro se asomó por mi cara un gesto de “no mames”, le expliqué que no lo hacía con mala intención, que mis bromas no las hacía con el afán de molestarlo, era sólo jugar; y que si realmente le molestaba, limitaría los comentarios.- “Ok, te lo agradezco, pero aún así, quiero saber porqué estás así conmigo cuando antes no eras así”- reviró niño D.

Para ese momento me encontraba ya bastante tomadona, y aunque por un momento pensé en callar la boca y fingir que todo era lindo; algo en mi cabecita llegó a la conclusión de que era mejor aclarar las cosas de una vez por todas. Así, ante el deshinibidor efecto del alcohol, le reté: “Ok, quieres de verdad llegar al fondo de esto?? Bien, lo puedo hacer. Ahora, tu dime: aguantas platicar como adulto y tan cuates como siempre?”. Niño D asintió; por lo que me solté:

Profana: Veamos. Tu y yo comenzamos a salir plan ligue. Después me presentas a tus amigos y nos llevamos bien. Por tal motivo, como a tu parecer hay todas las probabilidades de que haya divisiones entre nosotros y la banda si tú y yo andamos, me dices que prefieres que la dejemos como amigos. Respeté tu decisión, aguanto vara y actúo en consecuencia; o sea, te trato como cuate. Tu, por otro lado, eres absolutamente errático: te molesta que te trate como amigo, no obstante tu lo resolviste de esa manera. Más aún, tampoco respetas tu propia decisión; debes ser honesto y reconocerlo, un día me tratas como amiga y al otro me das trato de date. Realmente es confuso!

Niño D: Si, lo reconozco. Pero también trata de entender: Me gustas mucho y en ocasiones me la quiero jugar valiéndome madre todo; y otras, pienso las cosas y no quiero que este ambiente chido en el que todos salimos como cuates se pierda, pero sé que si algo sale mal entre nosotros pasará precisamente eso… y te quiero a ti, y los quiero a ellos junto contigo.

Profana: Si, ya lo habías dicho, y aunque la verdad se me hace un pretexto muy tonto, no es mi labor disuadirte, ni convencerte lo contrario; simplemente ya te hubieras aventado… Como eso lo entiendo así, entonces insisto, yo sí he respetado tus conclusiones y tu no lo has hecho. Así que, por favor, respeta tus decisiones. Si me vas a tratar como amiga, está bien, pero entonces no me estés tratando eventualmente como date, eso no es jugar limpio… y si me quieres como amiga, al menos, no seas injusto.

Niño D: Lo entiendo, pero en buen plan, créeme que tampoco lo hago por mala onda. Es neto, me gustas cañón y a veces se me sale el querer que si fuéramos algo más que amigos… pero dime algo: tu qué quieres??? Tienes alguna otra solución a esto??

Profana: Noooo, querido, qué lindo… ahora si me preguntas que qué quiero, cuando antes ni te importó??? Como para qué preguntas ahora?? Nene, déjame aclarar algo: yo no estoy confundida, ni soy yo la que cambia el juego. Ya estás grandecito. Mis decisiones las he tomado y respetado. No pretendas que tome tus decisiones. Así que mejor, en tanto no sepas que hacer, respeta lo que me habías dicho.

Niño D: y si cambio de opinión??

Profana: Pues tu deberás ver cómo le haces. Nada más, si lo haces, avísame, porque ya nos queda claro que no adivino pensamientos, y tu te estás comprometiendo a hablar las cosas claro.

Después nos interrumpieron y tuvimos que ocuparnos de un Ge, que ya también estaba fundido.

Al día siguiente, no pude evitar sentirme mal por aceptar que probablemente había cerrado la puerta yo sola, pero me intentaba consolar con la idea de que al menos, estarían más claras las cosas y sabría qué papel me toca jugar. No lo niego: me hubiera gustado que las cosas hubiesen sido diferentes, que se hubiera aventado.

Ha pasado ya de eso más de una semana, y ahora platica mucho más conmigo por Messenger, me manda mas mails y me llama por teléfono más seguido. También lo sé: dijimos mucho sin resolver nada, probablemente sigo corriendo en círulos, quizá sólo no quiero ver los hechos tal y como son, sólo una ciega que se resiste a ver. Creo que soy una reina del drama! Ahora me pregunto si será este el final de esta temporada de la serie...

Chale, si nací para perder!!!

martes, abril 15, 2008

De sorpresas y enlaces

Tuve que ir a comprar un vestido, zapatos y accesorios dignos de la ocasión a la hora de la comida. Esa tarde de jueves corría por las calles de la Condesa buscando el atuendo perfecto, probándome las cosas cual si fuese maratón con obstáculos. El evento era una boda a la que niño D también estaba invitado; así que no iba a dejar pasar la ocasión de que por primera vez en su vida me viera lo más “femenina” y girly que mi capacidad me permitía, y darle una interesante vuelta a su idea de que sólo soy un Tom Boy.

Quedamos de vernos el jueves para organizarnos, pues la idea era quedarnos a acampar junto al lago después de la boda. Al final de cuentas, terminamos cenando en un restaurant de señora cincuentona en Insurgentes. No pudimos evitar confesarnos que seguramente nos sorprenderíamos mutuamente:

Niño D: No manches, Profana, por primera vez en la vida te voy a ver de vestido. Qué raro va a estar esto.

Profana: Lo mismo digo, querido, será la primera vez que te vea en traje. Te debes ver súper gracioso.

Niño D: Qué te pasa? Si me veo súper guapo en traje, bueno, mejor dicho, siempre me veo guapo.

Profana: Ni tanto, pero con respecto a lo del traje, bien aplica eso de que hasta no ver, no creer. Pero bueno, si es cierto, hasta te diré “Buenas nocheeees”.

Niño D: Mejor dime “Buenos diaaaaas”.

Profana: Cierto, cierto… si la boda es de día.

Niño D: No, yo me refería a que me dijeras eso… el domingo.

Profana: D, que barbaridad… tienes razón, me vi muy lenta!


El sábado me tuve que despertar muy temprano para arreglarme, me examinaba detalle por detalle para estar perfecta, casi literalmente, me vestía para matar. A las 8 pasó por mí. Como evidentemente no era mi intención destapar mi juego de primer momento, salí perfectamente arreglada enfundada en un abrigo que cubría el vestido. Emprendimos el camino hacia el pueblito donde tendría lugar la boda. Cuando llegamos, le dije que era momento de ponerme la chalina; así que me puse de espalda hacia él, y con toda delicadeza fui quitando el abrigo, al tiempo que se descubrían los finos tirantes que terminaban en mi espalda, hasta dejarlo con movimiento suave en la cajuela de la camioneta, para después dejar caer, con el intento más gracioso de movimiento, la chalina sobre mis hombros. Inmediatamente me dijo que me tomaría una foto, a lo que yo accedí con una sonrisa, al tiempo que pensaba que mi estrategia no iba mal.

Como fuimos los primeros en llegar, nos vimos forzados a dar una vuelta por los alrededores. Él me ofreció su brazo de la forma más caballerosa y yo no dudé ni medio segundo en tomarlo. A momentos, se paraba y me pedía tomarme otra foto. Después regresamos al jardín cuando ya estaba casi encima la hora de la misa. Durante el tradicional rito, de reojo percibía que se volteaba a verme, a ratos nos volvíamos cómplices de risas. Tomó mi mano todo el tiempo, y no obstante que los amigos empezaron a llegar, no la soltó.

Ya cuando pasamos al banquete, se sentó junto a mí y siguió tomando mi mano. Si me paraba para ir a algún lado, me acompañaba y me tomaba de la cintura mientras caminábamos. Seguían tomando foto tras foto, y él siempre se ubicaba a mi lado. El corazón me daba de tumbos, y me preguntaba por qué niño D ahora actuaba como si hubiésemos ido a la boda en pareja (y no de amigos).

El clima nos jugó una mala racha, y después de un tremendo aironazo que se sintió, comenzó a llover, en consecuencia, la luz se fue. Sin embargo, como sacaron una guitarra, la boda dio un giro a convertirse en una noche bohemia. A la luz de las velas, so pretexto de frío, pasamos el resto del convivio abrazado de mí. En obvio de que acampar no era una buena opción, tomamos la decisión de regresar esa misma noche al Distrito Federal.

Siempre que vamos en su coche, tengo la prerrogativa de elegir la música que se escuchará mientras dura el viaje. Sin embargo, en esta ocasión, él me solicitaba las canciones a poner, todas ellas de carácter romanticón. Suelo llevar las manos sobre mis piernas cuando voy en coche, pero en esta ocasión, el estiró su mano hasta encontrar la mía, y todo el camino la acariciaba mientras manejaba. Justo cuando sonaba una canción llamada “It had better be tonight”, volteaba la cantaba con disimulo. Yo me quedaba petrificada, no sabía qué hacer ni qué pensar: efectivamente me estaba lanzando una indirecta, o sólo cantaba una canción que le gusta y yo me estaba emocionando de más, exagerando un gesto.

Ya cuando llegamos a mi casa, niño D me dijo encontrarse gratamente sorprendido por la forma en que me veía ese día, que en esta ocasión, lo había dejado impactado. Dejé escapar una sonrisa de legítima satisfacción ante el comentario, después de todo, mi estratagema había servido, y después, educadamente agradecí el gesto con un gran abrazo y un beso en la mejilla. Nos despedimos, le di las buenas noches y para corresponder, el besó mi mejilla justo en la parte donde comienza el labio.

Ya fuera de todo, creo que el sábado si me veía muuuuuuuy bien, modestia aparte.

Ustedes cómo ven??? Se aceptan apuestas y vaticinios…

jueves, abril 03, 2008

De juegos de manos

Dicen en mi pueblo que el miedo no anda en burro. Honestamente, no creo que en el caso que hoy expongo sea miedo lo que mueva a uno de los protagonistas, sino como ya bien me pusieron en un comentario, su ego un tanto menoscabado.

Niño D me marcó el martes para invitarme al cine. Decidí hacer una pequeña prueba para ver qué tanto pueden mover los celos a alguien, o si definitivamente, mi apreciación sobre aquella pequeña muestra de inseguridad de su parte había sido valuada en exceso. Así, justo cuando me avisó que ya estaba a la vuelta de la esquina, empecé a fingir hablar por el celular, sacando una que otra risa, y supuestamente disculpándome porque esa tarde no podría ver a la persona con la que “hablaba” en virtud de tener un compromiso previamente acordado para esa noche; al tiempo que, a modo de consolación, prometía una cita para el día siguiente, como a eso de las ocho de la noche. Terminé la conversación ya dentro del coche de niño D mientras nos dirigíamos al cine.

Profana: Disculpa, ya ni te saludé bien por estar hablando por teléfono.

Niño D: No te preocupes. Qué, ya hiciste plan para mañana??

Profana: Si (ahuevo, creo que si lo creyó)

Niño D: Qué bárbara, últimamente estás saliendo mucho no??? Qué tu nunca descansas??

Profana: (en tono de broma) No, mis compromisos sociales no me lo permiten, ya ves que me he vuelto tan popular….

Niño D: Ay, bájale… pero bueno, ahora sí que andas en el socialitos a todo lo que da!

Evidentemente, aunque Niño D mantuvo la pose de indiferencia, puedo decir que parecía algo desencajado por la situación. No habló más del tema, ni yo lo traje a la mesa de nuevo.

Curiosamente, una vez que llegamos al cine, lejos de negociar la película a ver, me dijo que quería que ese día la elección fuera mía. Entramos a la sala unos minutos antes y empezamos a platicar. Me dijo que GE ya estaba organizando el plan del viernes, y que ante la reapertura de cierto antro, había conseguido invitación. Sin embargo, como D todavía está enfermo, prefería no ir. Le comenté que a mi también me resultaba complicado, pues el sábado tenía una boda en la mañana, y que tendría que madrugar prácticamente para arreglarme. – Ah, y de quién es la boda?- me preguntó D con suspicacia. Respondí que no sabía, que al parecer los novios eran conocidos de un amigo mío y que éste último me había pedido que lo acompañara. Se me quedó mirándome como si pidiera mayor explicación, misma que no le di y cambié el curso de la conversación.

La película comenzó a proyectarse. Casi en la mitad de ella, Niño D hizo un comentario al que yo reaccioné dándole una ligera palmada en el pecho. No dejó que regresara mi mano a su lugar, sino que la tomó entre las suyas y la recargó sobre su pierna. Tiempo después, extendió mi mano, que seguía atrapada en la suya, y comenzó a dibujar líneas con su dedo sobre los míos, como siguiendo los trazos, como conociéndolas. Mis latidos se aceleraron al tiempo que mentalmente me reclamaba mi ignorancia sobre el correcto proceder en ese tipo de situaciones. Mi papá siempre decía que cuando no supiera que hacer, que entonces no hiciera nada. Seguí el consejo, y continué viendo la película como si nada ocurriese. No soltó mi mano en lo que quedó de la película.

Cuando se encendieron las luces, tomé mi bolsa con la mano libre y aún de la mano, me hizo el gesto para darme paso y salir, sin soltarme.

De regreso a mi casa, dijo en tono inocente que había encontrado la forma de negarse a ir al evento de GE de la manera más educada, pero que requería mi cooperación:

Niño D: Podríamos decirle que como me visitaste el fin de semana, te contagié y que ahora tú te encuentras enferma, y que yo te voy a ir a cuidar.

Profana: Podría ser, a mi tampoco me conviene desvelarme ese día, y conociendo a GE, si le digo eso, seguramente se va a indignar.

Niño D: Lo se, por eso hay que decirle eso, para que no crea que es en mala onda. … es más, como ese día no vamos a ir ni tu ni yo a la reapertura del antro, y GE y Bacha si van a ir, podríamos hacer algo leve tu y yo!

Profana: No suena mal, pero definitivamente tendría que ser algo muy leve, ok?

Quedó de hablarme para ponernos de acuerdo. Sin embargo, aunque podría decirse que por el momento no teníamos nada más que decirnos, pues para esta hora ya habíamos estado hablando un buen rato parados frente a la puerta de mi casa, niño D me seguía mirando callado sin la intención de moverse. Tuve que decirle que lo dejaba, pues tenía que despertar temprano. Esperó hasta que cerrara la puerta para regresar a su coche.

Y esta Profana persona, sigue en la nada total. Podría suponer que la agarrada de mano no es de amigos, podría casi decir que se siente celoso. Por otro lado, podría decir que quizá solo me está aceptando y aprendiendo a conocerme como amiga. Todo esto, sólo son mis conjeturas, ustedes qué creen?

lunes, marzo 31, 2008

De niños y juguetes

El teléfono me dio aviso de guardar un nuevo mensaje para mí. No pude sino sorprenderme por el nombre del remitente. Habían pasado dos semanas desde que nos conocimos y ahora recibía otra vez un mensaje suyo.

Ya conocen la historia de cómo nos conocimos (la relaté en este post). Después de eso, quedamos de vernos un día entre semana para irnos al cine o tomar un café. Tuve varios compromisos esa semana, por lo que el encuentro no pudo darse. Me invitó a salir el fin de semana, pero iba a salir del Distrito Federal, por lo que sugerí la siguiente semana para apuntar la reunión. Él me dijo que le resultaba imposible, pues salía de vacaciones de semana santa.

Después de eso, poco supe de él. Pensaba que el creería que estaba siendo poco accesible para él a modo de receta de técnica de ligue, y que por tanto, no me buscaría más. Eso, sin embargo, no me pesaba.

No obstante, ahí estaba otra vez. Anunciaba su regreso a la ciudad y me sugería concertar de una vez y por todas la cita. Fijé la fecha: el jueves. Inmediatamente recibí la respuesta, el jueves era el día para vernos.

Llegó por mí justo a la hora acordada, con tres propuestas: un café, cine o cena con alguno de sus amigos. Prefería la última de ellas, pues no implicaba mucha proximidad.

Entre la convivencia con sus compañeros, poco tuve que contarle de mi vida y no me veía en la necesidad de preguntarle por la suya. Aún así, el me confesó estar divorciado y tener un hijo de 6 años, cosa que me pareció honesta de su parte, pero me dejó un tanto intranquila en obvio de ser una situación nueva para mí. Sin embargo, podría decirse que estaba bastante agusto, como si ya le conociese de tiempo antes y que él conocía mi humor y mis formas. El, por su parte, y sin que yo se lo comentara, me dijo sentirse igual. La velada terminó temprano. Me invitó a salir al día siguiente. Tuve que declinar la amable invitación, pues ya había quedado de ir a parrandear con Niño D.

Al día siguiente, recibí la llamada de Niño D cancelando la festividad, alegando una terrible gripa que lo tenía prisionero en cama. Me ofrecí a visitarlo esa tarde, pero los tiempos me impidieron hacerlo a decente hora, por lo que dejé abierta la posibilidad de verlo el fin de semana. Salí con Srita. P. y con el otro socio del bar en donde nos conocimos.

El sábado fui a visitar a D. Estaba verdaderamente enfermo, así que se había armado de todo un catálogo de películas para pasar el fin de semana. Me acomodé en mi esquina del sillón a acompañarlo en tan enriquecedora actividad. Durante la película, a modo de disimulada investigación, me comentó que GE le contó que me había invitado a ir a un bar con él el jueves, y que le contesté que no podía. -Es cierto-, le dije con indiferencia, -ese día había quedado de ir a cenar con un amigo, y no le podía cancelar-. Tiempo después, me preguntó, como no queriendo, qué había hecho el día anterior. Contesté que me había ido con el mismo amigo, el dueño del bar de la condesa, precisamente a uno de sus bares. D se quedó callado y siguió viendo la película.

Mi teléfono comenzó a sonar. Era él nuevamente, para invitarme a acompañarlo a otro de sus bares esa noche. Le indiqué la hora en que debía pasar por mí, después de una pequeña charla acompañada de risas. En cuanto colgué, D se volteó hacia mi preguntando, ya con algo de desconcierto, si volvería a salir esa noche. Asentí. -¿Con el dueño del bar otra vez?- dijo con inquietud. Asentí nuevamente. Con aire de suficiencia, sólo espetó que quizá una vez que él se encontrara mejor me podría acompañar al bar de mi amigo. Accedí a su petición con falsa naturalidad.

Después, todavía en el sillón, empezó a hacerme cosquillas. Luego, me tomó la mano, y no la soltó hasta que la pélícula terminó (si, después de no habermela tomado en aproximadamente un mes y de esto). Quince minutos más me disculpé, le deseé su pronta recuperación y salí hacia casa de P, lugar en donde pasarían por nosotras.

Él llegó a tiempo por nosotras y nos dirigimos al bar. Toda la noche me dio trato de VIP, desde la sencillez de encender mis cigarros, hasta dirigiendo al personal de seguridad para que no fuese molestada en el lugar. Durante el baile, se detuvo un momento, tomamos asiento y me dijo encontrarse muy emocionado conmigo, que quería seguirme conociendo, pues le había encantado, y buscaba la oportunidad de construir algo más o menos serio conmigo. Al dejarme en casa de P nuevamente, me invitó al día siguiente a salir con él.

Así fue. Al día siguiente, justo a la hora acordada, se encontraba esperándome afuera del edificio. La pasé muy bien nuevamente. El problema, fue que a las 6 me solicitó la anuencia para dejarme en casa, pues había dejado a su hijo en casa de su mamá, y necesitaba pasar por él. Acepté, pero dentro de mí, reconocí que la situación no me resultaba simpática.

So pretexto de platicar, D me habló al poco tiempo esa tarde para saber qué había hecho durante el día. Sugirió después vernos en la semana.

Y así las cosas: Los giros de la vida, o quién (chingados) entiende a los hombres??? D, al ver que aparentemente otro niño quiere tomar su juguete, ahora parece tener ánimo de ponerse las pilas.

Por otro lado, aunque con el dueño del bar me la paso súper bien, es cariñoso y ha mostrado un legítimo interés por mi, me produce desconfianza. Eso de tener un algo con alguien que tenga un hijo es una experiencia totalmente nueva para mí, y no creo poder manejarla. A ratos pienso que no tengo necesidad de involucrarme en este tipo de situaciones tan complicadas, a veces, creo que vale la pena dejar que las cosas pasen y ver qué sucede.

Ustedes qué piensan??? Necesito puntos de vista....perspectiva...

miércoles, marzo 19, 2008

De netas con disfraz.

La salida del Distrito Federal se volvió indiscutible. No podíamos desaprovechar la ocasión de salir de la cotidianidad, sobre todo si un poco de calor se apreciaba como opción. Justo el viernes nos reunimos todos para irnos a relajar a un paradisiaco lugar por el puente vacacional. Bacha, GE, niño D y Profana se lanzaron a la aventura.
La pasadita al minisuper antes de llegar a instalarnos era una conducta mandatoria con la que cumplimos sin excepción alguna. Empezamos a abrir las espirituosas más rápido de lo que pudiese imaginarse: ya habían comenzado la fiesta. Ese día nos fuimos a dormir como a eso de las 4 de la madrugada.
La mañana fue muy típica. Después del desayuno, nos avocamos a tareas de recreación y esparcimiento como tomar el sol, nadar, jugar... lo usual. Por alguna razón del destino, en algún momento tuvimos que hacer uso de un estuche de herramientas. GE adoptó su posición acostumbrada al tomar el manual y hojearlo al tiempo que ponía cara de estar entendiendo la forma correcta de dirigir los pasos que faltaban por cumplir, Bacha se reía de la pose de GE mientras niño D batallaba con sus habilidades mecánicas. Decidí intervenir, le pedí a D me diera espacio para intentar sacar el tornillo que fungía como barrera para el siguiente reto. Tras sacarlo, D se me acercó con cara de sorpresa y me dijo- No mames wey, estás cañona... de verdad que eres todo un Tom Boy!!- Al tiempo que entre los dos seguíamos con las labores que nos ocupaban, me preguntaba en la mente si ese comentario era bueno o malo. ¿Era entonces malo no ser la niña super femenina casi inútil (girly) y saber usar una que otra herramienta y meter las manos a ensuciar???. Como siempre que suelo hacerme este tipo de cuestionamientos tiendo a sacar un sinnúmero de conjeturas de la que nunca obtengo la respuesta verdadera, al final de las maniobras decidí preguntar.
Profana: Pues bien, ya está, ya quedó. A que ni te imaginabas que podría hacerlo verdad???
Niño D: Pues no, si estoy sorprendido!!! Mejor te aventaste tu a hacerlo que GE. Eres como un wey, neto que eres un Tom Boy!!!
Profana: Chale, lo dices como si fuera algo que no está bien... qué si está muy de la fruta que sea Tom Boy y no toda femenina-cute???
Niño D: No, para nada. Digo, está chido que sepas hacer cosas por tí... pero tampoco está mal ser femenina... aunque ser así como tan femenina que rayes en lo estúpido no está cool.
Como dicen en mi pueblo, no me dijo ni si, ni no, sino todo lo contrario. Dejé pasar el incidente ante el ofrecimiento de más alcohol y juegos. Durante uno de esos juegos, verdad o reto, le hicieron a D la pregunta de qué era lo que cambiaría del cuerpo de las niñas que estabamos ahí presentes. Respecto a mi, mencionó que me pondría mas senos, porque los tenía chiquitos. Con respecto a Bacha, dijo que ella si tenía un buen de pecho, por lo que le quitaría un poco de cadera.
Ya llegada la noche, después de horas y horas de beber, ya estábamos un tanto pasados de copas, jalaones! Me quedé platicando un rato con D de mil cosas sin importancia. La plática evidentemente fue brincando de un tema a otro... plática de borrachos simpáticos. De repente, entre uno de estos saltos de tema, terminamos hablando de un cumpleaños, que fue el evento en que lo conocí, y pasó lo siguiente:
Niño D: Si, me acuerdo perfecto... ese fue el día que te conocí. Te veías super bien. Casi ni te hice plática ni me acerqué esa noche; pero recuerdo perfecto que ese día me dije: No se cómo, pero TIENES que salir con ella. Así que como a los 2 días le pedí a P tu teléfono, y luego te mandé el mensaje por HI5... te acuerdas???
Profana: Si, claro que me acuerdo... que luego te tuve que cancelar... sorry! Ah, entonces me echaste el ojo!
Niño D: Claro, me gustaste un buen. Recuerdo que fuimos al Starbucks de siempre... me la pasé genial, súper divertido... y empezamos a salir y me gustó mucho tu forma de ser.
Profana: Ah, orale! .... y luego ya no te gusté o qué??
Niño D: No, luego te presenté a la banda, y les caíste súper bien y te llevaste super chido con ellos ... y eso se volvió un problema... porque me sigues gustando, pero lo pienso y si algo sale mal o nos peleamos, pos se va a poner complicado.... entonces prefiero ser tu amigo un buen de tiempo y no como que estemos juntos 2 años y ya!
Profana: ah! ( o sea, literalmente me quedé sin palabras y no tuve ni puta idea de qué contestar).
La plática evidentemente cambió y no era mi intención volver a ese tema. Tenía que reconocerlo: me vi muy pendeja al no preguntar algo o dar una contrapropuesta o una solución, y en este punto, volver al tópico ya era necedad.
El resto de la noche me seguí preguntando si era verdad lo que me había dicho. Quizá sólo fingía estar pedo para batearme sin que yo pudiera decirle nada después. Quizá sólo encontró la forma más bonita (o la excusa más pendeja) para decirme muy amablemente que el sólo me veía como otro integrante de su banda.... y que de ahí no pasaría. Había sido que no le gusto físicamente??? Era acaso que no soy super femenina y una niña de pose??? De verdad ser un Tom Boy está tan mal???
Ya en la madrugada, seguimos haciendo preguntas que todos debían responder. Cuando le preguntaron que qué era lo que más le gustaba de la personalidad de cada uno de los que estábamos en la peda, D respondió que admiraba mi lealtad y que sabía que era una amiga incondicional. Podría decirse que en ese momento, sentí que se me faltaba el aire... hubiera preferido una mentada de madre a esa respuesta.
Así las cosas, supongo que me quedaré con las preguntas sin responder. Por otro lado, como sus amigos me caen verdaderamente bien y creo que el sentimiento es recíproco, la opción será aprender a ver a D como un amigo nada más.
Pero me caga: si te llevas mal con sus amigos, te mandan a la chingada porque los pones en una disyuntiva y les complicas la vida.... y si te llevas bien con su banda, igual te mandan a la chingada porque las cosas se complican por estar mezcladas.... o sea... qué chingados quieren???
Yo sigo sin entender...
Chale... y todo esto acercándose mi cumple (o sea, el sábado 22 de marzo)??? Qué mal son.

viernes, febrero 22, 2008

De amigos (nomás)????

Pues ya no se ni por dónde van las cosas. Como bien recordarán, por ahí de noviembre empecé a salir con el. La salida semanal, al menos estaba asegurada. Cinito, cenita, evento cultural o barecito, siempre en plan muy leve. Las cosas iban muy bien, las cosas parecían a encajar y caer por su propio peso.

Después se atravesaron las semanas de vacaciones decembrinas. Yo no gocé de tal beneficio, pero él corrió con otra suerte. Ante la falta de evento familiar navideño mío, me invitó a pasar nochebuena con su familia. Decliné la invitación pues ya había aceptado otra con anterioridad. Después él se fue al extranjero. Cuando él regresó las cosas cambiaron. Me seguía hablando, pero no con la misma insistencia. Llegó una invitación para irnos de fin de semana con él y sus amigos; después vino otra al rave (si, el del post de la bien recordada “fly”, de este post), una ida más al cine el y yo, y después un antro al que fuimos en bola. Hasta ahí todo iba muy bien, esa noche el me trataba de aislar de todos y prácticamente estuvimos bailando sólo el y yo. No se si fueron las copas, o arrojo de su parte (o una potenciada a causa de otra), pero esa noche me besó (si, después de casi 3 meses), acto que repitió en el momento de despedirnos en la entrada de mi casa.

Después de eso, estuvimos hablando toda la semana con algunos de los pretextos más absurdos; sin embargo, por alguna u otra razón, esa semana fue imposible vernos. El viernes me dijo que se reuniría con sus amigos (que ahora aparentemente también ya se habían vuelto míos), informándome que me encontraba absolutamente invitada. Después me hablaron sus amigos para avisarme del evento y confirmar mi presencia. El saludo fue de beso en el cachete. No pude evitar sentir que aquello ya había valido madres. Cuando se despidió de mi, me besó en los labios nuevamente.

Dos días después me despertó el celular anunciándome su llamada. El plan era que los de “la banda” fuésemos a Six Flags a recrearnos ese día. Todo el día estuvimos tomados de la mano o abrazados. Parecía que las cosas tomaban nuevamente rumbo. Ese día le expresé mi deseo de ir a ver con él una película que yo ya había visto, pero que me encantaría que él viera. Tampoco lo vi el resto de la semana y el sábado que pudimos ponernos de acuerdo para salir, me recibió con la sorpresa de que ya la había visto el jueves de esa semana (dia que por cierto, le tuve que cancelar la cita de ese día por sacar un trabajo urgente). Preferí evitar preguntarle con quién había ido al cine.

Pasó una semana y media antes de que me llamara nuevamente. Decidió que era momento de irse a vivir solo (bueno, con un roomie) y me solicitó lo acompañase a ver departamentos, pues aparentemente, mi opinión le resultaba importante. Accedí. Me pidió que lo acompañase el fin a seguir buscando. Después me habla para pedir consejo sobre algunas opiniones de sus planes personales.

Y yo sigo perdida. Ya no se si sigue interesado en mi, o si ya me volví una de “la banda” o su súper amiga…. Nomás.

Yo no entiendo, pero se aceptan opiniones.

lunes, enero 14, 2008

De sentencias, dilemas y riesgos.

El jurado sesionó y ya había llegado a un acuerdo. La botella me señaló y ellos sentenciaron. Me asignaron como castigo besarle, un picorete. Él me advirtió que los besos le gustaban con un poco más de intensidad y esfuerzo a lo prescrito por órdenes de mis jueces. La frase duró nanosegundos en mi cabeza, sin embargo, miles de ideas hicieron remolinos de confusión al mismo tiempo.

Cumplir con la condena era seguro, la voluntad propia no intervenía en el hecho de besarlo, era voluntad del jurado. Hacer caso de la sugerencia no lo era tanto. No supe si ésta ultima fue formulada en tono de broma o en súplica elevada en voz baja y disfrazada. De cualquier manera, la segunda implicaba cierto grado de riesgo y finalmente, me resulta altamente complicado lidiar con cierto tipo de rechazos. Generalmente, me esfuerzo por diluir la intensidad del interés del tipo romántico con actitudes de aparente indiferencia porque me siento en control de situaciones, al menos frente a la gente, incluido por supuesto el objeto de mi capricho, aunque a veces tras bambalinas termine reprochándome la falta de coraje y arrojo precisamente por no arriesgar y, por ende, no ganar.

Comencé a reducir la distancia que nos separaba lo más lento posible. Necesitaba ganar tiempo. “Sí” me aconsejaba arriesgarme: al fin y al cabo, ya habíamos bebido demasiado y me sugería que si él me había señalado cómo esperaba recibir el ósculo (sin albur, jejeje), las probabilidades de una obtener reacción negativa eran visiblemente bajas. Mi corazón empezó a latir con fuerza. “No”, por su parte, miraba a “sí” con recelo y me susurraba que aunque las probabilidades pudiesen ser bajas, existían de cualquier manera posibilidades de que el castigo combinado con voluntad propia trajese malas consecuencias. De repente, no había más distancia que recorrer, me encontraba cara a cara con el dilema y no podía postergar más la toma de decisión.

Tomé su cara entre mis manos. Las miradas se cruzaron, así que para que los ojos no me delataran, decidí aprisionarlos en mis párpados. Conforme cerré los ojos, acercaba el rostro al mío al tiempo en que mi cara acortaba también el espacio ente los labios. La adrenalina fluía cada vez con mayor intensidad y el autocontrol iba cediendo al químico segregado, como los sentidos al enervante. Me sentía desvanecer y no lo podía permitir. Estaba casi débil, por lo que sacando fuerzas de flaqueza, tomé la resolución. Junté los labios con los suyos, los oprimí y luego los liberé.

No vi (o no quise ver) la reacción que vino, por lo que una vez que me separé de el volteé la cabeza en un rápido giro y regresé a mi lugar.

Dicen que el “hubiera” es la conjugación en pasado del verbo “ya ni pedo”; pero hoy me pregunto qué hubiera pasado si hubiera tomado el otro consejo. Como diría mi nana: Ni hablar...

... pinche botella, me delató! (No por perjurar, pero creo que me echó de cabeza. O la que se echó de cabeza fui yo??). De cualquier manera, pinche botella.

martes, enero 08, 2008

De la infatuación más pendeja del 2007 (parte III).

Seguimos viéndonos un tiempo. Yo seguía preguntándome qué demonios hacía el Mr. saliendo conmigo; pero mientras, me encontraba feliz. No siempre concordábamos en puntos de vista de algunas cosas, pero cada uno siempre hacía valer férreamente sus opiniones, cosa que me encantaba. Para ser honestos, me emocionaba muchísimo salir con él, me encantaba la forma en que se dirigía, me tenía verdaderamente cautivada, arrebatada, suspendida en una realidad alterna … como si no estuviera yo misma en mi vida.

Ese día era jueves. Srta. P y yo habíamos resuelto ir al barecito aquél en que nos conocimos, ése en el que nos hemos convertido en clientes más que frecuentes. Recibí una llamada de Mr. Amb. invitándome a salir. Le sugerí que nos alcanzara.

Después de unos minutos, nos alcanzó en el Bar. Bailamos, bebimos, conversamos, la pasamos genial. A ratos, suponía lo bueno que sería tenerlo en mi vida, de planta, como algo siempre presente. No pude evitar emocionarme. Sabía lo que quería, y lo quería a él.

Salimos ya de madrugada. Llevamos a la Srta. P a su casa y después me acompañó a la mía.

Mr. Amb.: Podría pasar al sanitario?

Hasta ahora, el nene no había pasado a mi casa, soy un poco quisquillosa de mi espacio, y como antes había comentado, no dejo que mucha gente entre.

Profana: Si, pasa.

Esperé a Mr. Amb. en la sala, mientras el hacía lo propio.

Mr. Amb.: Debe ser increíble vivir solo. No vivo con mis padres, pero no es igual a ser independiente.

Se acercó. Me besó con desesperación.

Mr. Amb.: Tengo algo que decirte.
Profana: (no mames, creo que ahora si, como que se me hace que me va a solicitar exclusividad…. No mames!) si? Dime.
Mr. Amb.: Mira, como ya te comenté, hace un rato no ando formalmente con alguien, y pues medio me fue mal con mi última novia….
Profana: (si wey, awebo, como que este arroz esta a punto de cocerse… siiiiiii). Lo se.
Mr. Amb.: Y te he conocido este tiempo, y puedo decir que eres una niña súper linda, divertida, y eres increíble….
Profana.: (no mames, sí, me va a pedir que andemos…. Ya no digas más….obvio que quiero andar contigo). Gracias- dije ruborizada.
Mr. Amb.: Y para ser honesto… pues no ha cambiado mi punto de vista, no busco una relación seria (inserte aquí efecto sonoro de disco rayado)… pero me encantaría pasar la noche contigo!
Profana.: (inserte acá efecto sonoro de corazón que se quiebra). Agradezco tu sinceridad… pero tampoco es lo que yo busco. Me gustas, me caes increíble y me la paso súper bien contigo… pero yo creo que mejor pasas la noche en tu casa. Te lo agradezco, pero no.

Mr. Amb. se fue de la casa. Sentí como si me tiraran una cubetada de agua fría, que digo fría, con hielos!. Me sentí engañada… mucho teatro para terminar en esto… me había ilusionado tanto, jamás estuve preparada para esta situación, nunca lo vi venir.

Me sentí muy mal conmigo. Fue un duro golpe a mi ego. Si me preguntaba qué demonios hacia este personaje conmigo, ahí tuve la respuesta. Me reproché mucho tiempo no ser más inteligente, o más bonita, delgada, de ojos de color claro, quizá más blanca o güerita. Pasaba largos ratos sacando vacías conjeturas de si las cosas hubiesen sido igual si no le hubiera dicho que vivía sola, probablemente si hubiera sido una “niña de familia” las cosas hubieran sido diferentes. Posiblemente si tuviese apellido de alta alcurnia y pedorraje las cosas hubieran tomado otro curso… intenté explicarme por todos los medios porqué no fui suficientemente buena. Huelga decir que nunca obtuve la solución a semejante enigma.

Después me contaron que se lo encontraron por acá y por allá. Dicen que siempre preguntaba cortesmente por mí. Cuentan que aquéllas veces que se lo encontraron, nunca lo vieron acompañado de dama alguna. Me enteré que cambió de trabajo. Un día me lo encontré de nuevo pero eso, como diría la Nana Goya, es otra historia. Tiempo después me enteré que se hizo de una novia bonita y que, por la escuela de la que es egresada, podría inferirse que es inteligente. No pude evitar sentirme insuficiente otra vez, y nuevamente, me quedé en una isla de conjeturas que nunca tendrán verificación de respuesta. Creo que aún sigo con muchas de esas ideas en la cabeza, que no lo he exorcizado del todo. A veces me pregunto cómo hubiera sido, o qué hubiera pasado si no la hubiera regado tan garrafalmente la ocasión en que lo encontré nuevamente... sigo preguntándome qúe me faltó, en qué la regué la primera vez (la segunda fue muy obvio, y después les contaré). En algún punto del tropezón mucha de la seguridad en mí salió disparada por algún lugar, y no le he encontrado bien.

Y esa fue la infatuación más pendeja de 2007. Hacía mucho tiempo que no me encontraba tan emocionada con alguien, años sin que nadie causara semejante impacto en mí. Supongo que eso fue lo bonito de todo esto… aunque todavía hay preguntas que me hago, y que sé que se quedarán sin despejarse. En fin, así es la vida.

Chale, nací para perder!

lunes, enero 07, 2008

De la infatuación más pendeja del 2007 (parte II)

No pude dormir. Pero me dediqué a soñar toda esa… bueno, madrugada. Repasaba cada movimiento, cada sonido, su voz y esos ojos. No sabía mucho de él, pero tampoco me importaba, estaba cautivada con lo que había visto, y eso era suficiente.

Pasaron los días, y con ellos, aumentaba la expectativa. Cada nuevo día podía ser aquél en que él me hablara. El Jueves fue el día… sonó el teléfono, pero no reconocí el número..

Desafortunadamente, el día que quería que nos viéramos, tenía que tomar vuelo a Guadalajara por asuntos de trabajo, pasaría en esa ciudad el fin de semana y regresaría hasta el otro jueves. Propuse vernos al siguiente viernes. Tampoco se pudo porque el salía del DF ese fin. La propuesta fue vernos el miércoles siguiente a que regresara del fin de semana. Tuve que cancelar a horas del evento porque se iba a llevar a cabo una junta de último momento, prometí llamar para acordar nueva fecha.

Saliendo le llamé. El viernes y sábado tenía ya compromisos, por lo que sugerí vernos al día siguiente. A su decir, el día que había seleccionado le era complicado por asuntos familiares. Propuse dejarlo para la semana siguiente. –No- contestó, -ya se ha pospuesto demasiado esta cita, te veo mañana-.

Me sentí andar en pantuflas de nube. Me arreglé, sonreí todo el día, tarareaba cancioncillas e hice más bromas de lo habitual (ah, el efecto embriagador del enamoramiento). Horas antes del encuentro me encontré en pánico. Tenía una sensación muy extraña: era como volver a subirse a la bicicleta, sabía que la había conducido antes… pero ahora que la tenía en frente, me preguntaba si podría volver a hacerlo. Igual era con la cita, recordaba haber tenido varias, sin embargo, ya no me acordaba tan bien de cómo eran esos ardides.

Cuando llegué al lugar acordado, un barecito muy de moda, me encontré de nuevo con esos ojos, verdes, justo como los recordaba. Sonrió mientras iluminaba mi rostro con su sonrisa. Me recibió con gusto y familiaridad… tuve la sensación de sentirme casi en casa.

Platicamos mucho. De lo que hacía, de lo que quería de la vida, de sus aficiones, de anécdotas, amigos, música, etcétera. Era un joven trabajador, con hartas ambiciones, con ganas de crecer, ser y tener más; había viajado bastante, según pude vislumbrar y había vivido en el extranjero varios años. Yo hice mi trabajo de marketing inventando de improviso estratagemas para que viera lo maravillosa que soy (aja!), conservando siempre mi parte Mr. Hyde, al fin y al cabo, así soy yo. Trataba de verle mientras el bajaba la mirada para tomar su trago de la mesa, no quería poner en tan franca evidencia lo mucho que me perturbaba su presencia, su voz y los ojos brujos. Se me escapaban sonrisas aún en el silencio, sin razón aparente.

Profana: Bueno, disculpa la intromisión, pero el asunto familiar salió bien??
- Si, todo perfecto. Disculpa por haberte citado un poco tarde, pero no me podía zafar muy rápido- Respondió como no queriendo dar mucho detalle.
Profana: No, está bien. Algún problema?
No, sólo que mi mamá se va de viaje y quería que estuviéramos el mayor tiempo posible.
Profana: Pues qué bien. Se va por largo tiempo?
Si-

A este punto, las respuestas de la familia se empezaron a hacer muy cortas, escuetas y noté que prefería cambiar de tema, situación que me inquietó un poco. Decidí averiguar más; así que a punta de más cuestionamientos descubrí que el nene era hijo de un personaje de la política exterior de México, que se había desempeñado cargos en organismos internacionales y hasta como embajador en algún momento de la vida. Al parecer también, al nene no le agradaba mucho hacer ostentación de éstas cualidades familiares.

Cambió pronto la conversación, la dirigió hacia otro lado. Le seguí la corriente. Sentí como miedo, si de suyo el nene, al que en obvio de la situación decidí bautizar como Mr. Ambassador, ya me ponía bastante nerviosa, la información que recibí no me ayudaba mucho (qué chingados hacía este nene conmigo… o sea, como que podía salir con viejas súper buenas, mucho mejores que yo, al menos, y “de mundo”, qué hacía conmigo, que no era ninguna de ésas dos??). El, como solía, siguió platicando de otras cosas, con su acostumbrado carisma. Me volví a perder en los ojos.

Decidimos retirarnos del lugar. Se ofreció a llevarme a casa. Caballerosamente, abrió la puerta del coche y me acompañó a la puerta del edificio.

Mr. Amb.: Me la pasé súper bien, me encantaría volverte a ver. Hace tiempo no platicaba tan a gusto con alguien.- Puso otra vez los ojos como de gato regañado.

Sentí que se me encajaba no se qué en el pecho de ver esos ojos.

Profana: Ah, qué lindo. Gracias por el cumplido. Claro, me encantaría que nos viéramos nuevamente. Nos ponemos de acuerdo.

Mr. Amb: Claro. Sólo espero que en esta ocasión sea menos complicado ponernos de acuerdo.

Se acercó… Me besó!!! Sentí el Pop! Desaparecí de la tierra por segundos, momento casi nirvánico. La adrenalina corría por mi cuerpo, era muy extraño, me encantó sentir esos labios carnosos, pero por momentos quise que desapareciera el cuerpo, quise raptarle el alma, tomarla a hurtadillas y guardármela en el bolsillo.

Me despedí de él, agradecí nuevamente el momento y me metí a la casa.

Ya con la mente un poco mas fría, decidí googlear al Mr. Amb., pensé que igual me había dicho todo eso para lucir más interesante; eso y bueno, que al final del día uno ya no se puede creer todo lo que le dicen (nada de suspicacia de mi parte). El resultado fue que era cierto lo que me contó.

Hasta aquí el capítulo de hoy, esta historia continuará … mismo blog, en su hora de preferencia.

viernes, enero 04, 2008

De la infatuación más pendeja del 2007.

Era la ocasión perfecta para pasármela de maravilla. Srita P. cumplía años y decidió celebrarlo en aquél bar al que somos asiduas desde hace tiempo. El buen trato y el compañerismo estaba al menos garantizado; la comitiva también tenía todo el ánimo de echar todo el desmadre posible para llenar el anectodario, o en su defecto, para sacar buenas carcajadas durante el cuchicheo telefónico del día siguiente.

Yo iba acompañada por Lady Red, una amiga suya y Forrest. Pasamos al obligado y siempre agradable precopeo en la Condesa, la siguiente parada sería el bar... me encanta andar de marcha!

Llegamos a nuestro destino. Un brindis tras otro por la festejada, charla, baile, carcajadas, chistes. Un momento después, la mirada se cruzó con esos ojos brujos, verdes. Algo me dijeron, no se bien qué, pero hacía ya tanto tiempo que unos ojos no me causaban tal impacto. Quedé sorprendida.

Con gusto descubrí que se sentó en la mesa de enfrente, justamente ubicado hasta donde yo estaba. Podía sentir continuamente su mirada. brindaba y reía con sus amigos, y discretamente, en nanosegundos, me dirigía una sonrisa acompañada de esos ojos brujos.

Habrán ustedes de saber que para ciertas cosas soy en realidad muuuuy tímida. En este orden de ideas, intentaba aplicar la tipiquísima estrategia de sostenerle la mirada por algunos segundos y sonreirle; pero verdaderamente no podía. Sentía que las revolucionadas pulsaciones que tenía se notaban por encima de mi blusa... me encontraba absolutamente vulnerable. Máxime que ya era algo evidente que el niño me seguía echando ojitos y flirteando con esta servidora. Sin embargo, no se acercaba.

Pasaron así como 2 horas... yo seguía echando desmadre en obvio de que mis habilidades para el ligue son verdaderamete limitadas. Me dirigí hacia la entrada del lugar para poder contestar mi teléfono, otro invitado solicitaba referencias claras para llegar al lugar. Cuando colgué y me dirigía de nuevo a mi mesa, me interceptó justo en la entrada.

- Esperas a alguien??- Me dijo clavando los ojos brujos sobre los míos.
Profana: Titubee para contestar (es increíble cómo las habilidades intelectuales se ausentan de uno cuando alguien que te ha causado tal impacto se dirige a ti, hasta para la respuesta más pendeja)- No, un amigo que no sabe cómo llegar.
- Y tu novio? (o sea, así o más típico?, pero aún así, me derritió).
Profana: No tengo- (pero como que tu encajas perfectamente en el perfil de la vacante) contesté con indiferencia.
- No te creo. Una niña tan bonita como tu no puede no tener novio.- Dijo con esa pose mezcla entre Sinatra y Gardel, pero mejorados.
Profana: Pues no tengo, ya ves.- ( nomameswey, creo que si le lato)- Disculpa, pero voy de regreso con mis amigos (No me chingues, pendeja, de verdad acabas de contestar eso??? era tu oportunidad!)
- Veo que estás en la mesa de enfrente a la mía, ahora me acerco a brindar contigo va??-
Profana: (awebowey... back on track!) ok.

Ya después me alcanzó en la mesa, platicamos un poco, bailamos y yo me sentía la mejor vieja del mundo. Los amigos con los que llegué se fueron, prefería regresar en taxi a mi casa antes de perder la oportunidad de estar aunque fuese otro ratito con él. Sus amigos se fueron después, querían seguir la fiesta en otro lado. Se acercaron a notificarle el plan y me invitaron a seguirla con ellos. Decliné la invitación porque Srta. P, la festejada, seguía en el antro. El declinó la invitación también, no obstante ninguno de sus amigos se quedase en el lugar.

Más avanzada la noche (que más bien para estas horas ya era muy de madrugada), el intercambio de teléfonos y de datos personales fue llevado a cabo. Mis amigos pensaron que ya era hora de irse cuando empezaron a poner "las calmadas" y las luces empezaron a encenderse gradualmente. Jamás me di cuenta de esos sucesos, seguía embelesada en los ojos brujos, y no se ni recuerdo cuánto tiempo me perdí en ellos.

- Me encantaría verte de nuevo- Me dijo ladeando la cabeza poniendo esos ojos de gato de Shrek.
Profana: Bueno, tienes mi número y a mi también me gustaría. Márcame y nos ponemos de acuerdo, ok?. Me temblaron las piernas... casi juro que tartamudeé.
- Créeme que lo haré- contestó esbozando una sonrisa, de ésas que el hacía y se me iluminaba el mundo.

Se acercó, me besó la mejilla y partí del lugar.

Como la historia es medio larga, la dividiré en varios posts... por lo que esta historia continuará....

Actualización.- No mamen, no se que chingados hice, pero creo que ya no aparece el link para que pongan comentarios, así que si alguien pudiera ayudarme mucho agradecería que me dijeran cómo restaurar el errorcito. Pueden dejar sus instrucciones en el post anterior, o bien, mandarlos a profana@live.com.mx, donde serán atendidas las bien recibidas instrucciones.

Por su Atención Gracias, Atte. Sorbitos y soliloquios al servicio de la comunidad.