jueves, octubre 15, 2009
Contención
Me sorprende su acrobacia e histrionismo, me provoca mayor deleite que tanta teatralidad pierda impacto a punta de repetición y que ello no sea óbice para que se continúe la función porque es el deber. Admiro la expresión de las reacciones impulsivas más genuinas ejecutadas con absoluta perfección de tanto ensayo de los gestos, las posiciones de las manos y el previsible desvío de la mirada selectivamente perdida. Me gustan los chubascos que a discreción hacen emanar de sus ojos sin importar en dónde o con quién se encuentren y el quebranto de voz que lo precede.
Celebro la perfecta coexistencia de su sentimentalismo y su insensibilidad. Me he detenido al impulso de ovacionar de pie la descarada declaración de fastidio y hueva que les provoca una persona que pasa por un mal momento, su pregón por lo incómodo que resulta la tristeza o la intensidad de un tercero y el hastío que les causa. Hay que ganar la partida de ajedrez que no sabían que jugaban: calificar con aire de superioridad como insignificante la pena ajena –mover al rey -, comparar situaciones para volver insustancial el relato competidor –gran enroque, jaque-, llorar, proclamar la miseria con la vista puesta al cielo- la reina avanza, jaque mate-.
La razón de que esto -que a muchas personas les pueda parecer bajo (que lo es, lo es)- no me desagrade del todo es que, en cierta forma, me causa envidia. A mi me funciona mucho más el hermetismo, contar mis penas con un toque entre irónico e hilarante, alejándome lo más posible de disertaciones emotivas. Prefiero honrar un buen dolor con silencio más que con lamentos. He aprendido a aprisionar el llanto tan bien, que rara vez sale a mi encuentro. La única forma en que puedo sentirme cómoda enredándome entre mis ideas es frente a un total extraño al que le pague para escucharme, generalmente loqueros (aunque pensándolo, no estaría mal incursionar en el terreno de los prostitutos), no por otra razón sino precisamente la de que ése es el servicio que prestan. Admiro al actor teatral de drama porque se precisa vocación, inmensurable coraje, sentido de oportunidad para divisar oyentes y de inoportunidad para empezar el discurso, persistencia al ser carrera de toda la vida; todas ellas, hermosas virtudes de las que carezco.
Hace un tiempo tuve el brazo izquierdo dormido por una semana. Después de descartar que sufría un ataque al corazón de a poco, alguien me sugirió visitar a un acupunturista. Así lo hice. Me dijo que tenía un bloqueo emocional y que necesitaba seis sesiones para arreglar el asunto físico y energético. El brazo dejó de hormiguear después de la segunda vez que fui al consultorio. Después de la tercera visita quedé con una tristeza sólo equiparable a la de un emo de la Glorieta de Insurgentes. A la cuarta vez que me pincharon le siguió un llanto incomprensible. No hubo ni quinta ni sexta vez, me dio demasiado miedo ir por la vida lagrimeando. Uno va al médico a sentirse mejor, no peor. Quizá debería iniciar el performance de alfiletero.
lunes, agosto 10, 2009
De la insoportable pesadez de la sobriedad
-Cuál será la mejor Afore?
-Debería investigar cuántos puntos (Dios, son puntos acaso?) del Infonavit tengo. Cuántos serán necesarios para dar el enganche de una casa? Por una casa debería entenderse un departamento y éste debe ser céntrico…
-Santiago es un nombre que siempre me ha gustado, pero qué tan choteado estará?
-Dónde habrá quedado mi libro de “La inmortalidad”... y “El Decamerón”?
-No me había dado cuenta qué malo es el servicio en este restaurante.
-Bendita la hora en que hubo que desparasitar a Fino y Josefino.
-Debería poner mi lana en Unidades de Inversión? Qué tan arriesgado será invertir en Bonos del Gobierno?
-Ya he dejado un tanto abandonado el blog, pronto escribiré. Habrá algo que contar?
-Creo que esa insolada en el estadio me ha dejado brazo de camionero. Por cierto, quizá en esta condición ahora sí podría entender eso del “fuera de lugar” o “posición adelantada”.
-Por qué demonios pienso estas cosas?
-Ya, ya, necesito dejar de dormir.
-Y para qué demonios me quedo despierta?
-Por qué puedo coexistir con todas estas ideas cuando bebo y ahora no?
-Dónde he dejado abandonada mi habitual levedad?
-Cómo se podría reducir la extensión de 3 días?
-Jack Daniels, dónde estas?
Conclusión: Necesito beber ya!
miércoles, julio 01, 2009
De falaces focos (o no todo lo que brilla es oro)
Comentaba que yo siempre quise un micro hornito. Ahora que lo pienso, quizá mis pocas habilidades para la cocina sean únicamente un reflejo, una barrera que puse años atrás a efecto de defender mi débil psique ante la decepción de nunca haberlo tenido. Lo importante era que el horno para mí era realmente mágico, no me cabía en la cabeza como siendo un juguete podía hornear de verdad, tal como lo prometía la publicidad. Era el más adelantado desarrollo científico entonces, tecnología de punta, polvos del saco de Merlín, hechizos nunca antes dichos y movimiento de varita mágica.
A una prima sí se lo regalaron y recuerdo que me emocionaba ir a su casa con tal de jugar con el horno. En cuanto llegaba lo sacaba de su caja sin siquiera preguntar, e inmediatamente conminaba a mi prima a sacar de su cocina los ingredientes para hacer el pastel de Chocomilk que venía en el recetario del juguetito. Podía pasarme la tarde entera haciéndolos.
Uno de esos días de visita familiar mi prima me recibió con el semblante serio como la seriedad misma. Después de darle la vuelta alguna que otra vez al asunto me informó que el micro hornito había valido madres: estaba descompuesto y sus papás no iban a pagar la reparación. Después de pasar un trago tan amargo y de sufrir no sólo por no tener yo mi hornito, sino de haber recién perdido el único que tenía, aunque fuera de lejos, propuse la solución más obvia y viable: juntar nuestros domingos y mandarlo a arreglar nosotras mismas. Alguien sugirió abrirlo y quizá averiguar lo que se encontraba mal. Me negué rotundamente a que se hiciera semejante cosa, el hornito sólo necesitaba una arregladita y, en realidad, la propuesta que hacían más bien se antojaba como una autopsia. No estaba lista para dejarlo ir del todo, eso no.
El hornito permaneció en su caja en el cuarto de mi prima algunos días. Ella y yo nos gastamos nuestros domingos en muchas otras cosas. Meses después el hornito fue llevado al cuarto de cachivaches por mucho mucho tiempo más. El día que lo encontramos de nuevo ya no éramos niñas y la ilusión del horno o de su reparación había pasado.
Su destino sería la basura. No podía regalarse a alguien porque precisamente estaba ahí por estar descompuesto. Decidimos abrirlo, quizá encontraríamos el enigma del por qué ya no pudimos hacer pasteles de chocolate.
Lo que encontré fue una sorpresa. Y no es que sea yo una experta en cosas de reparación, ni en eléctrica o en mecánica. En realidad, lo que fue motivo de asombro fue descubrir que la magia era algo más sencillo y común que polvos y varitas. La magia la hacía un foco. UN PUTO FOCO!!!! Eso era el hornito. Un chingado foco que se compra en cualquier lado. Un maldito foco de 100 watts, igualito al de mi lamparita de noche. Repudié la idea de pensar que toda mi infancia quise tener un foco! Que pasé navidades enteras esperando un foco en una caja de plástico, que tristeaba por no tener un vacuo foco y que me emocionaba ir a ver a mi prima porque ella sí tenía un foco!
La realidad es que me sentí engañada e insulsa. En qué momento algo tan del otro mundo se convirtió en algo tan inane?? Cómo pude haberme sentido tan triste por supuestamente no tener algo que efectivamente sí tenía? Y lo más importante: cuántas decepciones más me llevaría por descubrir que algo que parecía tan extraordinario y fuera de serie resultara algo falaz, ordinario y vano?
A la fecha, nunca me dio curiosidad hacer el experimento de hornear pasteles como aquéllos con un foco.
A un amigo le pasó igual, pero en su caso fue con la Máquina de Raspados (fiesta de sabor…). Las delgaditas aspas un día dejaron de funcionar. Él dio por inservible el juguete y a nadie se le ocurrió que las aspas podían ser afiladas nuevamente. Para su suerte, él descubrió entonces la licuadora.
miércoles, junio 24, 2009
Aceptarlo es el primer paso*
Me dirigí al Oxxo a comprar alguna bebida refrescante que aliviara, al menos momentaneamente, el bochorno que nos acorralaba. Caminé las dos cuadras que separaban al oasis de mi casa. Una caguama y dos six ayudarían en algo; también compré cigarros y burritos, pues no pasa inadvertido que el desayuno es el alimento más importante del día.
No sospechaba que algo tan rutinario me hiciera descubrir una de las actividades que más me gusta llevar a cabo los fines de semana. Caminé la primera cuadra de regreso a casa quejandome del calor. A la mitad de la segunda cuadra me encontré exhausta de cargar, así que bajé las bolsas para descansar los brazos. Me encontré frente al grupo de Alcoholicos Anónimos local. Primero pensé que eso podría ser una señal, que algo que no sé que fuera, me quisiese decir no se qué demonios. Entonces ví las cosas con claridad, porque en lo que hacía una conscienzuda introspección al respecto, por un momento bajé la mirada, ví cómo la bolsa se pegaba al vidrio sudado de la caguama. Supe entonces qué debía hacer: saqué una cerveza, volteé a mirar a través de la ventana el salón en que los Borrachos en rehab convivía, destapé la botella y le dí un generoso trago a la chela. Después seguí mi camino sabiendo que alguien me habría visto, y que con taaanto calor, hubiese querido estar en mi lugar. Esto también me hizo saber que soy algo empática: no me atreví a voltear a verlos mientras bebía, me hubiera sentido algo mal. Después de todo, no soy tan culera como pudiera creerse, aunque esto pueda ser sólo un error de apreciación.
He pensado en disminuir mi consumo de chelas y en su lugar tomar whisky porque es más bajo en calorías. Ya me han hecho notar que seré el Ave Fénix de la cerveza: seguramente regresaré bebiendo más y mejor chela. Por ahora, me haré acompañar de mi amigo Jack Daniels al Oxxo y seguiremos haciendo una parada frente al grupo de Alcoholicos Anónimos. Lo que uno es capaz de hacer por la figura!
*Título generosamente aportado por la Caperuza.
jueves, junio 04, 2009
Adios a las Bahamas
Me comenta entonces que tiene la solución al problema, no al de la mundanza, sino al del stress: unos 4 días en Bahamas. No se si agradecer la buena aunque utópica propuesta, o si más bien enojarme por la burla que representa. Él ya lo sabe, pero se lo reitero: no tengo un duro, el plan resulta complicado. Contesta que la imposibilidad que le planteo es poco viable: los boletos y reservaciones están ya a mi nombre, todo está planeado para dentro de 3 o 4 semanas, según me resulte conveniente, por dinero, no hay nada que pagar. Resulta entonces obligado entrar al detalle ese de que no tengo vacaciones porque acabo de cambiar de trabajo, aunque él también lo sabe ya. Nada de qué preocuparse, me dice, su hermano me puede extender los justificantes necesarios, que de algo sirva tener un médico en la familia.
En mi mente se empiezan a crear imágenes de una típica playa caribeña tranquila y hermosa, como suelen serlo; y yo recostada en la arena blanca y fina, con un bikini en colores rojo y blanco para contrastar con el fondo neutral, con un chupe con sombrillita y cuadrito de piña en una mano y en la otra un libro. Casi puedo sentir la brisa salada y el rayo del sol sobre mi piel, por ahí corre una gotita de sudor que intenta huir del calor ambiental. Y sí, la escapada va muy bien, y la comida ha sido buena, y las pláticas y las risas no cesan, y en realidad esto ha servido para relajarme, y pásate otra cuba aprovechando que ya estoy medio borracha, y qué buena nalga tienen los lugareños.
Entonces empiezo a hacer cálculos de tiempos, nada más hay que pensar, si es gratis y tengo excusa para faltar al trabajo, pues entonces sólo hay que fijar fechas y ya. Julio me queda mejor, y el calorcito será más placentero por esas fechas y el bronceado quedará mejor.
Y entonces viene el pelo en la sopa: Bien, bien, partimos el jueves muy temprano a Miami, y de ahí hacemos la conexión a Bahamas. Mierda! Pequeño, pequeñisimo detalle: No tengo visa gringa ni oportunidad de que me la den en 3 semanas!. Dice que con suerte me la pueden dar. Y otra vez viene el dilema: es que no quiero solicitarla, no porque no quiera ir a Bahamas, es porque no quiero poner mi cara de circunstancia y amabilidad con los gringos. Por qué? pos si ni me voy a quedar en Miami: pa' ver sudacas con complejo de gringos puedo irme al norte de mi país. Sólo quiero ir a la playa, y no a una gringa, Por qué necesito visaaaa?
Pregunto si no hay otra forma de llegar a Bahamas. Dice que no, que el vuelo ya está así y no hay forma de cambiarle. Pide con serenidad y firmeza que saque la cita ya mismo, que quizá explicando bien las cosas todo salga a tiempo, que podría retrasar los planes una semana más.
Y entonces siento la punzada que me produce la idea de tener que pasar todo el show con tal que me dejen entrar a un país que por esta ocasión no pretendo visitar, y me enojo y quiero patalear, pero no puedo porque estoy en la oficina. Se que no me van a dar la cita pronto. Tengo que declinar la invitación, no sin sentir ganas de despepitar en contra de los gringos y decir que son unos putos, pero no lo haré, porque algún día quiero conocer NY, las Vegas y Nueva Orleans (un mardi gras no me caería mal).
Y entonces, con lágrima Remi en el ojo, tengo que decirle 'Adios' a Bahamas, aunque ni siquiera haya llegado a verle.
¿No podría ser algo más nacional, digamos, de perdida, Acapulco?
Voy a compar una alberca inflable, al fin ya habrá jardín!
lunes, junio 01, 2009
Entre casas
Ayer moví las primeras cajas para allá. Ahora sí, la Rumi es, por hecho y derecho, la Rumi. La serie comienza nueva temporada.
He pasado por varios cambios últimamente. La mayoría, he de reconocer y agradecer, han sido para bien, mucho en realidad. Fortuna ha comenzado a girar y la avalancha de sucesos ha dejado cosas súper buenas.
Las mudanzas siempre obligan a viajar en el tiempo. Empezar a desempolvar cosas y ponerlas en cajas suponen también una limpieza. He encontrado cajetillas de cigarros de antaño, boletos de conciertos, recibos de hace 3 años, cajitas caducas de Ritalín (ahora entiendo por qué he hecho tanta pendejada últimamente) y otras mil cosas que no me sirven para mucho, pero que al momento de verlas me hacen volver a aquél momento que les dio un lugar en mi casa aunque sea en el rincón más recóndito de ella, y entonces vienen las risas de lado, o las carcajadas o la melancolía. No he podido determinar si llevaré más cosas de las que tiraré, o al revés.
He vivido por tres años en el mismo lugar y en realidad no tengo muchas cosas. Sin embargo, no dejo de pensar que al departamento llegué sólo con mi ropa y mis libros. Ahora tengo que empacar también utensilios de cocina, medicinas, blancos...vaya, hasta decoraciones navideñas. Desconozco qué tan buen parámetro pueda resultar el crecimiento en función de las cosas que acumulamos y también de las que resulte necesario o conveniente dejar. Lo que sí se es que me falta guardar un chingo de cosas.
Dos gatos y dos niñas resultan una ecuación balanceada. Ahora habrá alguien con quien platicar cuando llegue a casa. Se que he elegido a la mejor Rumi, así que habrá tardes y noches de Calamaro, de tangos, de pelis y de chelas, disertaciones interminables, zonas ecoamigables y maullidos alegres. Habrá entrada de nuevas aventuras y personajes, mayor o menor presencia de los existentes y más pelo en la ropa... y todo ello resulta sumamente emocionante.
Si pienso en el Open house y en lo que seguirá mi hígado tiembla y me hace cosquillas, eso me hace reír más aún.
Pd: Hace poco veía un capítulo de Sex and the City llamado "A girls right to its shoes". En el, Carrie decía que sólo se celebra la vida de los casados pues se les dan obsequios cuando se comprometen, en las despedidas de solteros, en las bodas, en los nacimientos, etc, etc. En cierta forma tiene razón. Carrie entonces abre una mesa de regalos para celebrar su soltería. Rumi: cómo ves? Abrimos mesa de regalos?
Invitados: Absténganse de tarjetas Hallmark, gracias!
viernes, mayo 01, 2009
De la madurez, la infancia y la influenza
lunes, abril 13, 2009
It's not me, it's you( ??) !!
Soy desordenada.
En esta opinión concedo razón. Lo confieso, soy absolutamente desordenada. La cosa interesante acá es encontrar el motivo por el que me fijo en gente obsesiva del orden. Opiniones de dos hombres totalmente ajenos entre sí, de edades, profesiones y entornos familiares distintas lo confirman.
No soy niña de gym, spa y salón de Belleza.
Nuevamente, gente que ni se conoce ni piensa igual coincide en este punto. No me muevo ni en defensa propia, jamás abandonaría mi cama 1 hora antes de lo debido por hacer deporte alguno, ni desperdiciaría mis tardes de chelas por ello. La única bicicleta fija que uso es la de casa del Rufián, quien siempre se sorprende de mi ingenio, pues sabe que la uso más bien para poner mi cenicero porque así me queda cerca de mi lugar de ver la tele.
Igual me pasa con los salones de belleza y con los spas. A lo sumo, pasaré por esos lugares cuando vea que mi cabello en realidad está hecho una aberración, lo que sucede entre 1 o 2 veces por año. No más. Por otro lado, jamás me he pintado el cabello, ni me hago tratamientos para alisarlo o enchinarlo. Y por qué gastar cualquier cantidad de dinero en masajes o que te unten aguacate, cuando ese mismo dinero podría comprar unos buenos whiskys en una cantina??? Creo que sobra decir cual termina siendo mi elección.
Desafortunadamente, los tipos que me gustan suelen querer niñas con super maquillajes, cabellos de concurso y ropa absolutamente a la moda. Alguno de mis antiguos galanes dijo que yo estaba a dos pasos de volverme hippie porque no me gusta maquillarme mucho ni estar con imagen de "lista pa' la foto" todo el tiempo; lo bueno (?) fue que reconoció que soy una niña muy bonita, aunque un poco de arreglo no me haría daño (hombre, gracias, qué detalle).
Soy muy mal hablada.
A quien chingados se le ocurre semejante mamada? Quién putas madres no suelta una grosería cada cierto tiempo? Estas sí son pendejadas. A la verga!
Así que a eso se resume todo. Esas son las cualidades por las que justo cuando están a punto, terminan dando la vuelta. Y entonces me pregunto si debo cambiar y ser una niña modosita, linda, afable, arpía y tan superficial como para no importarme otra cosa sino la manera en la que luzco. La verdad es que me niego. Esa no soy yo, me arreglo cuando tengo que hacerlo, no ando de cara lavada pero tampoco con plastas de maquillaje como si de máscara se tratase, prefiero tomar un café mientras veo las noticias en mi cama por la mañana y las tardes de chelas con amigos por la tarde, y hablar como hablo porque me place y ya. Estoy entonces tan mal?
En eso venía pensando mientras arrastraba por la calle mi autoestima cuando me disponía a acudir a una cita. Justo cuando bajé del camión me topé con un tipo absolutamente guapo: rubio de ojos verdes, complexión media y estatura aceptable. Cruzó la calle cuando yo lo hice. Lo perdí de vista cuando me paré a fumar un cigarro antes de entrar al edificio en donde tenía la reunión.
Encendí el cigarro mientras repasaba mentalmente los puntos importantes a tratar. De repente tenía enfrente al guapísimo hombre otra vez. Me preguntaba por una dirección y de inmediato se podía saber que era español. Respondí y él siguió haciendo la plática diciendo que había salido a dar un recorrido y se había perdido, que había llegado ese día al DF a hacer un trabajo y que al día siguiente tendría que irse a Guadalajara, lugar donde residía por una beca que se le había otorgado. Me preguntó por un buen lugar dónde parrandear más tarde. Le di santo y seña de varios lugares y entonces me dijo que venía solo y me invitó a acompañarlo. Yo había ya acordado verme con unos amigos, así que le dije que podía unirse a mi plan. Me pidió mi teléfono cuando le dije que me iba porque me esperaban en la oficina de la cita.
Como resulta natural, me dejó contenta la situación. Venía dando tantas vueltas a las respuestas del por qué siempre no se habían animado a andar conmigo y, al final, el suceso me elevó el ánimo de nuevo. Sobre todo, pensaba que en realidad no podía estar tan mal. Era realmente un tipo guapo, guapísimo, que me había hablado así de la nada, que seguramente se había inventado una historia para acercarse. No, de verdad, no podía estar yo tan mal después de algo así.
Esa noche nos fuimos de juerga con unos amigos y después con la Srita. P. La parranda fue algo maravilloso, me sentía bastante cómoda con el españolito, él se adecuó bien al desmadre de mis amigos y hubo harto Absinta. La fiesta terminó con la luz del día. A eso de la 1 de la tarde me mandó diciendo que regresaba a Guadalajara, que seguíamos en contacto.
No volví a saber de él hasta el siguiente fin de semana, en que me comentó que leía un libro y que me lo recomendaba. Me hacía llegar también la página de internet de donde podía bajarlo, para poder discutirlo después. Pensé que el tipo había escuchado bien que me gusta leer y que era una forma sutil y elegante de seguir en contacto.
Lo que sigue es lógico: Bajé el libro de internet y me puse a leerlo. Lo que no era lógico es el tipo de libro que leía. Trataba de esoterismo, de una doctrina antigua como el tiempo mismo (a la que se dice, incluso Buda y Jesús pertenecieron), que aspira a la santidad y divinidad del hombre, que atribuye poderes extrasensoriales y extradimensionales a sus iniciados, utilizando como elemento alquímico el amor y el sexo.
Cabe mencionar que la primera parte del libro habla de sexo. Conforme lo leía, podía notar que incluía algunas técnicas recomendadas por el Tantra o el Tao, cosa que me pareció harto interesante pues, después de todo, el muchacho traía buenas y bonitas intenciones. Era una forma poco sutil y algo sofisticada de ligarse, al menos por curiosidad, a esta Profana persona. Hablaba de la contención del semen para conservar energías, incluyendo explicaciones fisiológicas y endocrinológicas de los qués y porqués de este tópico. Hasta ahí, todo bien.
Lo que ya de plano no me cupo en la cabeza era la premisa de que jamás (nunca, olvídalo) se podía eyacular. Eso ya me pareció descabellado y antinatural. Después se podía leer un tratado de cómo seguir estas prácticas llevaba como efectos colaterales la capacidad de ver más allá de lo que los ojos miran y escuchar más allá de lo que los oidos perciben y, una vez logrado esto, poder entrar a otra dimensión. Eso ya estaba loquísimo. Y la pregunta en realidad era: cómo pasó esto, si se veía tan normal??? Sobra decir que no he sabido más de él.
Fue entonces que vislumbré que puedo ser desordenada, algo desarreglada y muy grosera, pero no pirada. Y que en realidad, los que están mal son ellos; aunque, por otro lado, lo que todos ellos tienen en común, soy yo ¿ no?
Soy yo, o son ellos?
lunes, marzo 02, 2009
De frases que están al puro chile!
El lenguaje no es diferente. El mundo globalizado implica el uso cotidiano de palabras en otro idioma. No es que haya un problema con ello, hay que estar pendientes de las tendencias. Sin embargo, el rescate y preservación de nuestro idioma, de nuestras merísimas raíces también resulta importante.
Por ello, Profana, siempre preocupada por la conservación de las costumbres y por la renovación de algunas frases conocidas, se ha lanzado en una investigación que les permita expresarse de forma distinta, pero no menos acertada. Así, aquí les dejo unas de los resultados más ilustrativos de esta ardua labor.
- Por qué no cambiar el vulgar "macitaaa" o "pacitooo" a algún objeto de nuestro deseo por Con usted de aguacate, me como cualquier guacamole...
- Y si acaso a usted, fino lector, le ha desagradado semejante expresión, en vez de responder con el ofensivo término "ay, naco" o alguno semejante, tendrá a bien dar como contestación Este aguacate no te lo embarras en tu bolillo!
Se da cuenta usted? Las ganas de emitir un piropo y su sentido no cambia, sin embargo, puede hacerse de forma educada, y más aún, conservando nuestro folklore típico mexicano.
Ahora bien, otra que puede usarse (o revivirse) y que seguramente dejará callado a mas de uno, es el que a continuación se enlista: Como dueño de mi atole, lo menearé con mi palo. No, malpensados amigos, esta frase no es precisamente de índole sexual (aunque bien podría aplicarse), la idea encapsulada en este dicho es la falta de necesidad de un consejo, pues uno hace de la vida propia lo que quiere. A poco no es una joya?
Supongamos ahora que usted está enamorado, de ese amor que le cala a uno hasta el hueso. Acudir a las gastadas frases que ya todos conocemos puede hacernos sentir incluso apenados, en obvio de que no estamos expresando en toda su magnitud nuestro poderoso sentimiento. Pero qué tal que se cambia la frase a un Contigo, la milpa es rancho y el atole champurrado? Imagine la cara del bienamado ante una afirmación tan especial y contundente. No hay margen de error, se lo aseguro, todos caen redonditos, seguramente el mismo Cyrano de Bergerac o Romeo Montesco la hubieran aplicado, de no ser por el hecho que desconocían el náhuatl.
- Si comes camote caliente, aléjate de la gente. Esta expresión tiene dos usos de práctica aplicación cotidiana. El primero de ellos implica una recriminación a la persona que perturba la paz de una reunión; el segundo implica la expulsión intencional o no de un flato. En cualquier caso, conmina elegantemente a la discreción. Bello!
-Estar al puro chile! Estar a la perfección o a la medida de las necesidades.
Ahora, amigos, cuántas veces hemos visto a una persona que no puede expresar abiertamente su cólera y sólo se mueve en el asiento? En este caso, podremos hablar de una persona que está haciendo chile con el culo. Dejemos expresiones vulgares como "encabronadísimo" o "se lo carga la chingada" para gente menos instruida o poco interesada por la conservación de nuestras lenguas indígenas. Al fin y al cabo, el énfasis de dicha frase no resulta más sutil y hasta deriva en mayor teatralidad.
Andar como cócono.- Estar borracho (aludiendo al conocido moco de guajolote).
Ahora bien, una forma sutil de negarse a participar en actividades presumiblemente deshonestas o problemáticas podría ser yo no como huausoncles por no ensuciarme los dedos. Claro y directo, pero ante todo, educado.
¿Batea de izquierda? Una frase tan gastada, qué poco original. Mejor, para referirnos a alguien de distinta preferencia sexual podemos usar le gusta que le llenen la jícara. Nótese el impecable uso de un elemento tan característico y mexicano. Lo dejo a su consideración, o como diría el puto: ay tu!
Ponerse a dos reatas y un mecate.- Comer y beber en exceso en una fiesta. Qué gran detalle sería sacar esta frase en el chismerío del día siguiente del convite!
Los gatos son animales muy hermosos y elegantes. Nunca he entendido la razón por la que se le llama gato a una persona de poca educación o gracia. Por tal motivo, abandonemos esta alusión y digamos en su lugar Prófugo del metate. Aplica también para gente que ha elevado su posición social sin que haya eliminado sus carencias culturales, al igual que Aunque ahora duermas en cama, sigues oliendo a petate, para denotar el origen rústico de alguien.
El que tenga miedo a las espinas, que no entre a la nopalera. Advertencia de riesgo y necesidad de valentía frente al mismo.
Coger es una palabra que ha perdido su sentido y de repente se antoja soez. Recuperemos la pasión del lenguaje al referirse a la cópula, diciendo en su lugar desgastar el petate. También constituye una buena proposición, sin duda.
Ilustremos:
Vamos a coger / vamos a desgastar el petate.
... y estábamos cogiendo cuando... /... y estábamos desgastando el petate cuando...
con cuál se quedan ustedes?
A todos nos han roto el corazón. Las frases que generalmente se usan para reprochar la falta de amor ya también suenan tan prefabricadas que han perdido eficacia ¿por qué me haces esto si yo te amo? vamos, ya todos casi conocemos los guiones. Saquen de terrenos conocidos a los ingratos, pregunten ¿Por qué con tamal me pagas, teniendo bizcochería?. Seguro el impacto de la pregunta les hará tener la absoluta verdad como respuesta.
Claro, claro, el que formula semejante pregunta se arriesga a tener contestación que lo lleve al más profundo abismo de tristeza y rabia (pero bueno, el que le tenga miedo a las espinas, que no entre a la nopalera). Por tal motivo, para no quedarse nomás callado, podemos dar una patada de ahogado- como coloquialmente se dice- y podemos hacer todavía patente nuestro desprecio (Advertencia: tomen en cuenta que son frases del náhuatl, así que esta puede ser un tanto machista), haciendo la siguiente cita: He frito mi longaniza en mejores tepalcates. Touché.
Aunque claro, el último recurso, la frase ardida, también tiene su símil: Presume de Pavorreal y no llega ni a zopilote. No necesitamos abundar, cierto?
Verdaderamente espero que podamos utilizar más seguido estas sencillas e ilustrativas frases. Después de todo, podemos crear moda y conservar nuestra rica tradición oral.
Antes de que el tecolote le cante a este post, si a alguno de ustedes ha surgido la curiosidad por aprender más frases, pueden consultar el Diccionario del Náhualt en el Español de México. UNAM, 2007.
Ponganse piocha, o lo que es lo mismo, listos!
miércoles, enero 28, 2009
De cartas de Navegación
No lo oculto: estuve muy contenta mientras la carrera duraba. No tenía porqué ser de otra forma, después de todo, el maratón siempre viene envuelto en un aura de alegría. El problema fue que terminó. Por algún motivo tuve que bajarle un poco a la fiesta.
El año nuevo trajo consigo noticias de mis conocidos: que si fulana ya se fue a hacer un máster a no-se-que-país, que si mengano acaba de agarrar la mega-chamba-que-todos-queremos-tener, que si perengana se acaba de comprometer. Después viene la pregunta incómoda: y tú, qué cuentas de nuevo? -Nada, todo sigue igual.
No pierdo de foco que mi situación no es mala. Tengo un trabajo que me permite pagar la renta y algunos muy buenos tragos. La cosa es que, al parecer, a cierta edad la gente "debe" tener un plan de vida; cosa de la que yo carezco.
No soy buena haciendo cartas de navegación. La vida cambia a cada minuto. O no. Pude haber despertado con ganas de comer pasta y, frente a la carta, cambio súbitamente de idea y pido un filete. Dicen que si quieres hacer reír a Dios, le cuentes tus planes. O está Cristóbal Colón, quien sin pensarlo descubrió un nuevo continente (sí, se que la objeción acá es que él tenía una supuesta ruta para llegar a las Indias) sin tener la intención de hacerlo.
Tanto pensar en planes me ha hecho pensar si realmente es tan malo no tenerlos, lo que a su vez plantea otros terribles cuestionamientos como si debería justo.ahora.ya buscar algo con qué empezar a hacer algo que disfrace al futuro de algo parecido a un terreno más fijo que móvil (cosa que me parece una falacia), o cuántas chupadas se necesitan para llegar al chiclocentro de una paleta de caramelo.
Es problable que mi aparente desidia se justifique con mis delirios de juventud. Pero es cierto: Me siento taaaaan joven que creo que eventualmente llegaré a ver alguna estrella del norte que me indique cuál es el norte o el sur (si eso es lo que busco). Creo que es apresurado pretender saber qué te va a hacer feliz en la vida (toda una vida???!!!) si ésta se encarga de hacernos vivir tantas y nuevas cosas que igual nos pueden hacer feliz. Sin embargo, por otro lado, puede también ser un error pretender ser como el burro que tocó la flauta.
Tanta pregunta (sin respuesta) me lleva a una conclusión: la sobriedad por periodos prolongados no deja nada bueno. No debí haberle bajado al alcohol. Ahora justo voy por un Wisky, ya me cansé de tanto mareo, necesito algo de estabilidad.
lunes, enero 05, 2009
De Lunas y fuego
Yo lo vi como si hubiese sido ayer, cuando todavía tomábamos clases juntos. Fue mientras tomábamos Procedimiento Civil gringo, donde nos sentábamos en bancas contiguas a escuchar los murmullos de las suspicacias que levantaba nuestra sospechosa cercanía, y entre involuntarias introspecciones que la cátedra nos obligaba a tener, con tal de no quedarnos flagrantemente dormidos. Entonces sacaste tu línea, aquella que usabas para impresionar: te conté que yo estudiaba antropología?; y me empezaste a escribir historias, de esas que hablaban de dioses y de tierras sagradas. En esa ocasión en particular, me contaste la historia del sol y de la luna, de aquél dios hermoso que se ofreció a alumbrar la tierra y de aquél otro más bien viejo y feo que también lo hizo, cuyo nombres no recuerdo, y de la hoguera en la que ambos se aventaron para renacer.
El reloj a esa hora nos jugaba bromas pesadas, parecía que lejos de avanzar, retrocedía; así que aunque tu tardaste un buen rato en escribir la historia y yo tardé menos en leerla, todavía quedaba mucho tiempo para podernos ir. Volví a mi introspección y luego voltee a verte con los ojos entrecerrados para quejarme del sueño que tenía mientras hablaban de plaintiffs y discoverys. Tú te pusiste a hacer rayones en la hoja y después me extendiste la mano. Habías dibujado una luna y varias estrellas, y al reverso pusiste “Para que te duermas”.
Así fue. Yo me dormí, no en clase, sino en ese cuadrito de papel que fuimos juntos. Las tardes de clases se acabaron y dieron paso a tardes después del trabajo. Y como en el cuento que me dijiste, iluminabas mis noches y los sueños se venían con ellas; hasta aquél día en que la luna se obscureció en la mesa de una cantina entre alcohol y sonidos de láminas, o de truenos, no recuerdo bien.
Supuse que se lo habían llevado cuando me robaron. La verdad es que tampoco lo volví a buscar desde que lo puse en mi cartera. Pero claro, tenía lógica, ese papel ya no vale nada, era como haberse encontrado una acción de empresa multimillonaria de antaño que después de verse devastada por la depresión del ’29, obligó a su tenedor a ponerse una pistola en la boca, y que no valió más de lo que un trozo de papel después. Así era, un título que ya no podría hacerse efectivo, sin promesa consignada. Así que lo dejaron donde originalmente lo puse.
Ayer que me encontré de nuevo con el pedacito de papel, con su luna y sus estrellas, me acordé de todo eso. Recordé a los dioses en la Ciudad, y tú, que eras el dios grácil que se volvió en luna, seguías apagado. Lo quemé. No había otro final que darle. La hoguera era su destino, así que otra vez, aventé a los dos al fuego para volverme a iluminar. Salí yo, con mis días y mis noches claras.
miércoles, diciembre 31, 2008
Del 2008
Pero claro, una vez que me dieron la bolsita donde contenía la pieza principal de mi ajuar para el 31 de enero, caí en cuenta que el año ya se acabó. Como se debe entonces, hago mi pequeño recuento para ver cómo me fue, y si este año es digno de ser recordado (a la fecha he eliminado sólo un año de mi memoria).
La verdad fue un año raro. Casi a inicios cambié de trabajo. Odiaba el anterior porque no hacía casi nada, y mucho menos algo propio de mi carrera; más bien me había convertido en una suerte de archivista/capturista. Ahora trabajo unas 12 horas aproximadamente y vivo con harto estrés. Ya le hago más de abogada, pero también tengo que rifarme funciones de nutricionista, psicóloga perversa, nana y en algún momento, hasta de chamán. Me pregunto por qué no puedo encontrar el aristotélico punto medio, un lugar donde se trabaje unas ocho o diez horas y luego uno se vaya a descansar. Probablemente pido demasiado.
De las cosas que siempre quise hacer, elimino los rubros: Colarse a una fiesta e ir a un rave.
Ahora, como ya lo he dicho aproximadamente unas 658 veces, nunca imaginé conocer a alguien por este medio, sin embargo, en abril recibí la invitación a verle la cara a algunos bloggers. Esa primera tertulia fue una cosa tan agradable, que desde entonces nos vemos un día a la semana y ya no podría configurarse mi calendario (o presupuesto) sin contemplar el día acostumbrado de bloggers. Yo se que sonará cursi (usted disculpe, querido lector, son las nostalgias decembrinas), pero me gusta pensar que somos como una suerte de pequeña familia pues, de alguna o otra forma, todos tenemos formas de vida parecidas y creo que esas similitudes hacen que podamos no sólo convivir de forma tan natural, sino que hasta de repente, podamos intuir por lo que pasa el otro sin necesidad de mucha información. Lo cierto es que ya he pasado con ellos eventos importantes tanto por fechas de calendario, léase cumpleaños, halloween y navidad (y a este respecto, muero de ganas de pasar con ellos nuestro primer aniversario de la Constitución y el Día de la Bandera juntos); pero también les ha tocado algún momento que ha marcado mi vida este año, y eso se agradece, sobre todo, el consuelo o la cachetada que me hacía falta. En este orden de ideas, debo también agradecer a quienes han estado ya por largo rato en mi vida y que me acompañaron este año, ya dispuestos y encarrerados a recorrer conmigo el próximo.
Este año vi gente partir. Lástima. Yo soy de aquéllos a los que les gustaría quedarse con todos, pero la vida no es así. Algunos tenían que hacerlo, a otros la partida les llegó por sorpresa y en otras, supongo, la cosa fue más deliberada y por tanto habrá de respetarse su decisión. De cualquier manera, ésa gente a la que hoy recuerdo, tendrá siempre su lugar, pues fueron o son importantes en mi vida. Salud por ellos.
Claro, también hubo cosas no muy buenas, como la vez tuvimos aquél accidente o bien cuando me robaron. Tampoco pierdo de vista que he salido bien librada de esos sucesos. A todo esto, en rendición de cuentas, debo agradecer a todos los que cooperaron con el primer Profanatón, que fue todo un éxito y me permitió seguir comiendo y emborrachando hasta que me pagaron otra vez. Gracias, Gracias!
Pasando a otro tema, conciertos: Calamaro es grande! Definitivamente el mejor del año!
Ya también es tiempo de ir a agradecer a todos los buenos bartenders que este año me trataron tan bien y sin los cuales muchas de mis aventuras de este año no hubieran sido posibles. He visitado ya a varios para dar el tan mentado abrazo de fin de año y para que me llenen la copa varias veces hasta salir ya borrachita y feliz.
Empiezo el año con cierto miedo o suspicacia. Estoy en una etapa rara de mi vida, en la que quiero muchas cosas, pero no sé bien a bien cuáles o en qué orden. Claro, también me da cierta desconfianza lo que vendrá, pero la duda es razón suficiente para empezarlo con un gran brindis, entre risas y con una senda borrachera que nos desocupe la mente de esas cosas al menos por un rato. Ya iremos viendo que pasa.
Feliz año!
viernes, diciembre 19, 2008
De puntillas
Como suele pasar, desde por ahí de octubre empezaban a salir los comerciales de juguetes, listos para que los niños tomaran eligieran y encargaran concienzudamente a tiempo sus regalos para el día de reyes. Ese año salió uno de los juguetes que más anhelé durante mi infancia: una muñeca bailarina. Desde luego, aparte de ser preciosa, la dichosa bailarina tenía una gracia más, pues bailaba ballet, llevaba en una de sus manos una rosa con la que se le dirigía mientas ella, sobre puntillas, daba pasitos al tiempo que movía el otro brazo, que se encontraba en forma de arco y terminaba en una mano que hacía el delicado gesto artístico propio del ballet. Desde que vi el comercial en la tele, quedé prendada de ella y jamás dudé que, definitivamente, la quería.
Aparentemente, muchas más niñas también la convirtieron en su sueño; así que cuando mis papás confirmaron que no cambiaría mi elección, se hicieron a la búsqueda de la bailarina. Estuvo agotada en todas las jugueterías y, no se por qué azares del destino, terminaron encontrándola y comprándola en Tepito (creo) a un precio mucho más elevado del que la habían visto con anterioridad.
El día de Reyes desperté temprano emocionada por saber si estaba bajo el árbol mi muñeca. En cuanto vi la caja supe que era ella, así que empecé a arrancar la envoltura sin el menor asomo de elegancia; abrí la caja y ya le tenía enfrente.
Era verdaderamente perfecta, todo lo que había creído que era y más: Su cabello recogido en un chongo de gajos era refinado, tenía un tu tú de ensayos rosa que era justo como el mío, pero también traía uno para sus presentaciones de gala en color vino con plateado que era exquisito;traía una peineta con "joyas" para tan importante ocasión también y una barra de ensayos. Sus proporciones eran cuidadas, la carita era hermosa; y ese gesto en la mano era tan real, casi poético. Quise entonces verla bailar, e hizo una hermosa presentación, teniendo como escenario miles de luces que adornaban el arbolito de navidad.
Corrí luego a mi recámara a desocupar un cajón de la cómoda. Saqué la ropa, lo limpié y dispuse ese lugar únicamente para la bailarina, que era demasiado especial para dejarla junto con otros juguetes. Ella merecía su propio lugar. Todos los días abría ese cajón y me quedaba viéndole, luego la sacaba y la examinaba otra vez, para después regresarla a su refugio.
Algunos meses después, mi papá me pregunto algo extrañado si la muñeca no había sido de mi agrado, pues nunca me veía jugar con ella. Le contesté que era quizá el mejor regalo de Reyes que había recibido, que me encantaba. Después lo abracé. Lo que no le expliqué a mi padre era que esa bailarina era tan preciosa que no soportaba la idea de que se ensuciara, o que su ropa se arrugara, o que se despeinara, o que simplemente dejara de funcionar. Por eso había resuelto darle un lugar en donde no la tocara ni el sol, ni estaría expuesta al polvo, ni a que alguien la tocase siquiera. Por eso no jugaba con ella y sólo me dedicaba a verle, porque no quería arruinar la perfección que poseía. En mis ideas infantiles pensaba que quizá podría dársela a una hija mía cuando ya no jugara con muñecas para que la cuidara con tanta delicadeza como yo lo hice y esa muñeca fuera siempre como en ese entonces lo era.
Ese fue el cajón de la muñeca por muchos años. Ahí seguía resguardada. Todavía me asomaba a verla de vez en cuando y seguía intacta, hermosa. Con el tiempo también caí en cuenta que, aunque había sido muy feliz teniéndola así, había perdido la oportunidad de divertirme probablemente más jugando con ella, dejé pasar grandes recitales y tardes de danza que ya no se harían, de peinarle y cambiarle los atuendos cada veinte minutos. De alguna forma me convencí de que no dejaría que algo así pasara nuevamente.
Como bien dice el dicho, cae más rápido un hablador que un cojo. Cierto es que por un tiempo adopté el valemadrismo como estilo de vida, pocas cosas habían que no fueran dignas de hacerse, lo único necesario era que yo quisiera hacerlas. No importaba si las probabilidades estuvieran en contra, después de todo, morir en el intento no era fallar, sino aprender; y lo único que pasaría si me equivocaba, era que hallaría una solución para tratar, en la medida de lo posible, de restituir las cosas a su estado original, y aún más, si lo anterior no era factible, pues entonces lo mejor era dar vuelta a la página y dedicarse a otra cosas.
Sin embargo, de algún tiempo para acá, pienso todo ocho veces, pierdo la dimensión de los escenarios que podrían no resultar convenientes, magnificándolos; y ello me ha llevado, de alguna forma, a preferir evitar que la ropa se me arrugue, o a que el calor haga que me arda la piel, o a que el viento y el polvo me resequen la cara. Por otro lado, también me da miedo ensuciar lo que está alrededor mío.
La bailarina debe seguir intacta, en una cajón de mi antigua casa. Hoy me da miedo hacerlo, pero quisiera volver a batirme y a tocar todo lo que esté a mi alcance. Total, si algo se mancha, ya lo limpiaré, siempre habrá un poco de Windex que ayude en la labor. Me gustaría salir de mi cajón y dar de tumbos por ahí.
miércoles, diciembre 10, 2008
Uno
Cuentan que en la fiesta de mi primer año de vida di mis primeros pasos sin caerme. Al parecer me encontraba encantada con los globos que adornaban la ocasión y en cuando me hice de uno de ellos, inmediatamente lo pesqué entre mis manos y al sentirme afianzada a el comencé a adelantar un pie tras otro, logrando cruzar toooda la sala de la que entonces era mi casa sin sentón alguno.
Ayer traía rondando por la mente algún tema, que hoy no logro recordar bien, para escribir hoy. Lo poco que se me viene a la mente, era que tratara de definir un montón de cosas que traigo en la cabeza y que no me he puesto a deshilvanar a cabalidad por falta de tiempo o por agotamiento, pero que se van de casa justo cuando salgo con rumbo al trabajo y las encuentro de regreso justo a la misma hora en que vuelvo al hogar.
Creí que hoy este blog cumplía un año, así que toda la mañana me puse a escribir alguna que otra historia que no sabía dónde terminaría, si es que tenía algún lugar donde conluirse, claro. Justo ahora que escribo estas líneas, acabo de hacer una rápida visita al primer post que escribir. Oh, sorpresa! el cumpleaños fue el 4. He llegado tarde.
Dice Milán Kundera que "el hombre atraviesa el presente con los ojos vendados. Sólo puede intuir y adivinar lo que de verdad está viviendo. Y después, cuando le quitan la venda de los ojos, puede mirar al pasado y comprobar qué es lo que ha vivido y cuál era su sentido". Desde luego, cuando comencé a escribir este blog -y aquí debo aclarar que no fue algo pensado, sino sólo un impulso- no sabía por qué lo hacía, sólo sentí que era algo de quería hacer y, por ello, que me debía. Hoy probablemente puedo intuir que el impulso nació como resultado de un tiempo de interiorizar a tal forma, que llegué a sentirme algo parecido a una olla express y que no me podía permitir explotar, así que la solución fue poner una pequeña válvula por la que dejara ir escapando alguna que otra cosilla.
Inicié sin saber que vendría. Al blog hoy puedo -y debo- agradecerle muchas cosas. Empecé siendo un ente sin rostro. Gente maravillosa ha venido a mi vida por este camino, y lo que empezó siendo algo distante e íntimamente impersonal, hoy se han vuelto tardes-noches de cervezas y charla, o tardes de películas o pijamadas que nunca intentaron serlo; manos que no sólo escriben, sino que se hacen de brazos y pecho para abrazar como Dios manda. Realmente espero que esa gente a la que he aprendido a querer tanto, y que se ha vuelto tan parte de mi presente, permanezca.
Por otro lado, mucha de la gente que existía desde antes en mi vida también llegó a descubrir mi blog. Lástima, disfrutaba tanto el anonimato. Dice también Kundera que pensar en el público es vivir en la mentira, al menos, yo ajustaría al caso que también obliga a la secrecía en cierta forma.
Algo que también mi blog me ha enseñado es que disfruto muchísimo leerlo. Es una suerte de espejo, y me gusta reconocerme a mí misma. Vanidosa que es uno. También he descubierto que puede llegar a ser una máquina del tiempo, y he encontrado que es bonito vivir las cosas otra vez, pero también regresar al futuro.
Si hoy fuera 4 de diciembre, mi blog cumpliría un año. Probablemente escribiría algo en él, después conseguiría una laptop prestada y lo invitaría a cenar. Seguramente, como toda velada digna de ser recordada, habría de tener un poco de sexo; entiendo que tenerlo con el blog es imposible, pero seguro me excusaría si lo tuviese de forma real, o quizá lo adecuado sería un poco de cibersexo. Creo que al blog no le importaría mucho, siempre y cuando le cuente la historia después.
Hoy es 10 de diciembre... quizá no es tan tarde.
martes, noviembre 18, 2008
De tacos de canasta y "Leaving Bambi"
En cuanto llegué me puse a comer, ataqué la canasta que todavía tenía una generosa cantidad de tacos todos a mi disposición, pues el resto de la comitiva ya había comido. Una vez que pude aplacar un poco el hambre me dispuse a socializar. Un rato después sólo quedábamos 6 personas.
Ge propuso entonces irnos a la casa de Morelos. Todos se vieron animados con el plan, menos yo. No es que no quisiera irme, pero me disgusta sobremanera no tener dinero cuando se planea una salida, me causa incomodidad. Él propuso pagar las casetas y Niño D pondría el coche; según ellos, lo demás ya era cosa de nada: teníamos media canasta de tacos y había sobrado suficiente alcohol como para vivir el fin de semana bebiendo sin que pudiese haber escasez de espirituosas. Mi negativa entonces parecía ya poco viable y una de mis frases acostumbradas fue usada en mi contra, después de todo, si vivimos en una democracia y la mayoría había resuelto que nos fugásemos, no había más que discutir.
Pasamos a casa de cada uno. El tiempo para sacar lo que se pudiera de nuestros clósets era de 5 minutos cronometrados antes de que otro nos sacara a patadas de nuestras moradas. Así emprendimos el viaje.
Llegamos desde luego con muchas ganas de iniciar (o de continuar) la fiesta. Ese día nos fuimos a dormir temprano. Dicen que cayó una tormenta tan fuerte que despertó a todos. Yo estaba tan cansada y dormí tan profundamente que jamás me enteré de los truenos, ni de los portazos, ni de las corretizas por la casa, ni de los gritos que empezaron a levantarse cuando cayeron en cuenta que dejamos el estéreo en el jardín y éste ya más bien era una especie de fuente; no, yo sólo me abandoné a los brazos del buen Morfeo y no decidí regresar sino hasta la mañana siguiente.
Al día siguiente desayunamos tacos de canasta y pastel que sobró de la fiesta. La variedad era considerable: papa, frijol o chicharrón. De ahí nos pasamos a tomar el sol y escuchar música mientras seguíamos bebiendo. Empecé con Wisky, y luego se abrió el Vodka y después opté mejor por un buen Bacacho. Nos pusimos luego de un rato a jugar jueguitos de borrachos, donde la intención no es ganar, sino perder y hacer beber al otro hasta dejarlo completamente alcoholizado. Más tacos de canasta y pastel para comer-cenar y después a seguir bebiendo.
Abrí los ojos. Reconocí el cuarto, pero me preguntaba por qué estaba yo ahí, si el día anterior había ocupado otra habitación. Pensé en estirarme, pero alguno que otro dolor se asomó por mi cuerpo, sin que supiera a ciencia cierta de dónde venían o por qué estaban haciéndose presentes, así que, en búsqueda de su origen, me destapé. Seguía en traje de baño y éste permanecía mojado, cosa que no pudo sino extrañarme más, pues no ha habido ocasión en que no me ponga mi pijama antes de dormir; luego noté que no me había recogido el cabello y éste se encontraba todo desperdigado por la almohada, húmedo. Trataba de recordar cómo había llegado ahí, sin que la mente me diera una sola pista. Me levanté de la cama y me dirigí al baño. No tenía nauseas, pero necesitaba verme al espejo, eso quizá ayudaría a reconstruir la memoria. No podía creer lo que veía: mis codos estaban al doble de su tamaño y traían un color entre negro y morado horrible; justo igual que mis rodillas.
Salí a buscar a alguien que me explicara. Traté de ser sutil, pero todos cooperaron en la reconstrucción de hechos. Aparentemente, el día anterior me excedí de copas como nunca. Estaba metida en el jacuzzi y me salí intempestivamente de él. Iba caminando al baño, pero se me olvidó ponerme las sandalias, así que el agua y el piso me hicieron resbalar, y en mi intento por volver a ponerme de pie, volví a resbalarme sucesivamente como unas 7 u 8 veces más, cayendo con las rodillas y los codos. Una vez que pude ponerme en pie llegué al baño. Bacha me vio de lejos y me alcanzó. Creía que vomitaría o algo así. En realidad, yo sólo quería orinar. Descubrimos también que soy una borracha muy consciente: Una vez que salí del baño, me reconocí lo suficientemente ebria como para meterme de nuevo al jacuzzi, así que me senté en una banquita que está ubicada justo enfrente del jacuzzi. Podría estar cayéndome de borracha (literalmente, claro), pero la actitud fiestera no había sido mermada ni un ápice, por lo que aunque a ratos dormitaba sobre la banquita, en cuanto sonaba una canción que me gustaba, me reincorporaba para cantarla (que en realidad era balbucear, porque ya no podía decir bien ni una palabra). Entre Niño D y Ge trataron de llevarme al cuarto, pero no me pudieron mover, al parecer, mi peso muerto no es cosa de juego. Después de un rato, decidí que era hora de acostarme, así que sin más, me paré. Niño D corrió a sostenerme y llevarme a mi cuarto, me llevó en la cama, me tendió sobre ella (esto se pone emocionante, verdad?) ... y luego me tapó y se fue a seguir la fiesta. (Así termina la triste historia de la única vez que Niño D lleva a la cama a Profana).
Bacha hizo la observación de que esta profana persona bien podía haber sido merecedora a una presea por "la mejor imitación de Bambi, en la escena donde éste aprende a patinar en hielo" (sólo que en versión borracha, claro).
Al parecer esa noche también llovió a cántaros. Al día siguiente amaneció nublado y todo el día estuvo así. En grados mucho menores al mío, pero todos también se levantaron crudos, así que desayunamos tacos de canasta y pastel otra vez, pese al hastío que ya sentíamos por ellos, pero nuestra falta de presupuesto no nos daba muchas opciones. Decidimos ver películas tirados en la sala. Todos hicimos algún comentario malicioso respecto a mi fino e intachable comportamiento de la noche anterior cuando vimos "Leaving las Vegas" y yo estuve a punto de llorar conmovida por el drama de entender que la vida de un borracho no es fácil, aunque también me dio cierto gusto saber que me falta mucho para llegar a un extremo que me deshaga algo más que las rodillas y los codos.
De casualidad y por buena suerte encontramos una sopa instantánea que compartimos entre los cuatro a la hora de la comida, pues más tacos de canasta ya eran intolerables.
Regresé al D.F. con mis 40 pesos intactos, los codos y las rodillas hinchados y amoratados (mismos que permanecieron igual por una semana y media), con la duda de saber qué se sintió que niño D me llevase a la cama, con la hermosa reconstrucción de hechos de un blackout de varias horas y con una sonrisa en la cara.
Ese fue un buen fin de semana, la idea era escapar de la ciudad y de las presiones... y me disipé tanto de todo pensamiento esos días... regresé con la mente en blanco... y cierta aversión por los tacos de canasta, que no he querido volver a comerlos desde entonces.
miércoles, octubre 22, 2008
De andar en el centro fuera de centro
El lunes, ya por la noche veía el reloj esperando que me dejaran ir. Salí ya tarde de la oficina y estaba estresada. La regla es que uno no beba en lunes, pero un wisky no me caería mal y luego que de wisky estuvo bueno, pensé que unas cervezas ayudarían a conciliar el sueño más rápido.
Al día siguiente amanecí cruda y desvelada. Mi jefe estaba estresado y me mandó al centro a entregar unos documentos, supongo también un tanto como castigo a las muchas caras largas que le puse el sábado durante el trabajo. Desde luego, mi inconveniente estado me hizo fruncir el seño al imaginarme en el transporte público y en la apretura propia de la zona.
Ya que cumplí con mi misión, pensé que podría aprovechar para quedarme en algún restaurante de por ahí, comer y curarmela. Así fue, en cuanto me instalé en el localito, pedí una cerveza y unos chilaquiles. Comí con calma, como hace mucho tiempo no lo hacía entre semana, custodiada por tres ángeles (bueno, 3 cuadros de ángeles) que me veían con cara de placidez. De alguna forma, me sentí reconfortada, como si me estuvieran diciendo que lo tomara con calma, que ellos impedirían ser molestada entonces. Me sentí mucho mejor, no sólo de ánimo, la cura también iba surtiendo efectos.
Volví a la calle, a examinar algún que otro detalle de los edificios, a ver pasar a la gente que caminaba rápido, a asomarme a algún callejon por el que seguramente había pasado y jamás me detuve a ver. Llegué a la Catedral y, como parte de la visita turística que en ese momento hacía, tuve a bien meterme a darle una vuelta. Me senté en una de las bancas de la parte más alejada para examinarla, y ahí, en medio de un barullo ligero, entre enormes parades de piedra, pude sentarme a pensar o quizá sólo a sentir.
No se por qué, si fuese inercia, o necesidad, o desesperación, pero ese día recé, no como suelo hacerlo, porque aunque creo en Dios, no creo en las iglesias ni en religiones, así que me he inventado una forma de comunicacion más directa y menos formal, de tal suerte que mis oraciones son "no mames, güey, ya aliviáname, no seas pasado de lanza" ó "Ay, ya echame la mano por esta vez, no la chingues". Pero en esta ocasión, recé como mi abuela me enseño, de forma protocolaria, estricta, formal. Clamé por ayuda, por claridad, por temple, por humildad, por paciencia, por actitud, por todo aquello que depende de mí y que no he encontrado la manera de modificar; pedía por las personas a las que quiero y quise; pedí por ella y también por mí.
Regresé a la oficina pasadas las 6. Oli me dijo que, alarmado por mi estado anímico, pues según a su decir, mi imagen se encuentra relacionada con ojos grandes y sonrisa permanente, rentó películas de comedia para ver si la carcajada se volvía a dibujar en mi cara, al menos por unas horas. La selección fue buena, Novia por compromiso (El valet) y Un Funeral de Muerte, siendo ésta última la que más doblada de risa me tuvo, y que recomiendo ampliamente.
Ayer fue un buen día.
jueves, septiembre 25, 2008
De chelas, moños, Scorpions y vientos de cambio (o volver al futuro).
Corría el año de 1992. Yo era una escuincla de 10 años e iba en sexto de primaria. Entonces usaba moños blancos más grandes que el tamaño de mi cabeza para adornar el peinado del día; la moda también era traer copete que parecía fabricado con tubo de papel de baño, un nada sutil crepé y media lata de spray (obvio, entre más alto y voluminoso el copete, mejor). Yo solía no tener el mejor copete, pues mi mamá no me dejaba aplicarme tan generosa capa de fijador argumentando que me quedaría pelona por el exceso del producto, así que generalmente el mío se ladeaba, y para medio día ya estaba casi en mis ojos. Usaba también zapatos de goma semi-ortopédicos y el uniforme en azul marino con rojo.
Para noviembre aproximadamente, la maestra de inglés (cuyo nombre no recuerdo) nos informó que para el magno Festival Navideño de la escuela, nos había correspondido la monada de cantar en inglés. La canción elegida fue “The wind of change” de Scorpions. Más o menos sabía algo de la bandita esa porque mi padre era rockero y tenía algún (os) disco (os)(bueno, cassettes) de ellos, pero de eso, a saber santo y seña de su trayectoria musical, había mucha distancia, por lo que la canción, en realidad, la desconocía. Recuerdo que lo primero que nos aprendimos fue el chiflidito de la rola (claro, los afortunados que saben chiflar, yo a la fecha, nomás no puedo), y que luego de escucharla diario por al menos unos 20 minutos, a fuerza de repetición tras repetición, terminamos aprendiéndola a la perfección.
El gran día del evento era tedioso, pero siempre preferible a estar en clases. Pasaban primero los más pequeños y luego los más grandes. Así, los de sexto tuvimos que aventarnos a presenciar las monadas del primero A, B y C, luego los de segundo año y así hasta que nos tocase a nosotros. Ya estábamos hartos cuando llegó nuestro turno. Nos colocaron en el centro del patio, todos formaditos por estaturas, adornados con la bufanda roja que nos habían solicitado para ese día. Comenzó la canción y todos la empezamos a entonar. Lo que fue gracioso (supongo) es que habíamos ensayado la canción sentados, por lo que en ese momento, parados y sin saber bien hacer, como si nos hubiéramos puesto todos de acuerdo, sólo atinamos a movernos de un lado para otro siguiendo el ritmo de la baladita. Después ocupamos nuestros lugares nuevamente y probablemente habremos hecho algún intercambio de regalos y adiós, felices vacaciones.
El día del concierto, mientras esperábamos el inicio del espectáculo y disfrutábamos nuestras cervezas, le comentaba a Rufián que la única canción que me sabía al dedillo era “The wind of change” porque alguna vez me la hicieron aprender. Él me respondió que era la que menos le gustaba, haciéndome una pequeña reseña del momento en el que esa canción fue estrenada. Me decía que ocurrió en el año de 1991, ese año había caído el Muro de Berlín, el fin de la Alemania Comunista y el de la Guerra Fría. Entonces Pink Floyd organizó el concierto “The wall” y Scorpions (que me acabo de enterar, son alemanes) sacó esta cancioncita, muy ad hoc a los acontecimientos políticos que se habían dado (pueden constatarlo viendo el video). Entendí entonces la razón por la cual había sido escogida en el año de 1992 para el festival decembrino: la hermandad y la esperanza en el futuro flotan en el aire.
Después de un rato, por fin salió la banda alemana a dar su show. Creo que fue un error que les dieran el foro sol, pues a lo más, habrán llenado la mitad. La mayoría de los asistentes ya no eran precisamente jovencitos, más bien, había muchos que fueron acompañados por sus hijos (muchos sabían las canciones muy probablemente por haber crecido con ellas a causa de sus progenitores). Aún así, se revivieron glorias pasadas y también creo que se hicieron paseos por muchos momentos que la audiencia vivió años antes con las canciones del grupo a modo de soundtrack.
Cuando llegó el momento de interpretar la canción que me sabía, obvio la empecé a corear. No pude sino regresar a aquél año de mi infancia. Estábamos hasta abajo del foro, por lo que permanecíamos de pie. Noté entonces que mucha gente empezaba a moverse de un lado a otro siguiendo la tonada de la balada, presentada de forma acústica y me volví a sentir como esa niña de primaria, sólo que ahora, en vez de estar adornada por la bufanda roja (ahora que lo pienso, traía un suéter rojo de cuello de tortuga), sostenía en una mano una cerveza y en la otra, un cigarro. Ya no estaba entre mis amiguitos de escuela, sino entre un grupo de desconocidos que hicieron lo mismo que nosotros en ése entonces, y también caí en cuenta que habían pasado ya 16 años de aquél día en que la canté junto a mi grupo (ya existen los celulares, pues!). Al Rufián le daba risa mi flashback. Seguía yo pensado en quién era entonces y quién ahora, en todo lo que ha pasado para que ése sábado estuviera haciendo lo mismo que hacía tantos años, pero ya en un entorno tan distinto, desfilaban los rostros de los que han pasado en mi vida y de los que están. Sentí nostalgia, pero también agradecí a la vida por el presente y, muy en el mood de la canción, estaba esperanzada en el futuro.
Una vez que el concierto terminó, el Rufián y esta profana persona fuimos a cenar unos tacos. La siguiente parada fue un bar donde estaba Srita. P., donde cantamos con José José acompañados de unos vodkas hasta altas horas de la madrugada, mientras nos reíamos de un borrachito que entonaba con harto sentimiento y con cara de dolor. Fuimos los últimos en salir. Encontré un cartel en la calle en el que ofrecían una cubeta de 6 chelas por 90 pesos, pero decidimos aprovechar la oferta otro día. Había vuelto al siglo XXI, y el futuro había empezado bien.
miércoles, septiembre 17, 2008
De Fantasmas sabatinos
Aquél sábado fui a comer con Srita. P y su mamá. El lugar era una casa que sirvió de refugio de artistas que huían de la guerra y que ahora parece, se ha convertido en un lugar cool para la expresión cultural con un ligero acento de caché. Todo sucedía normalmente, los platos circulaban, se escuchaba el barullo ligero de la gente que estaba presente y desde luego, de súbito, se colaba alguno que otro aroma que a modo caricaturesco adquiere forma de mano que te toca e irremediablemente te hace voltear a buscarle el origen. Y al parecer, ahí estaba. Le vi de espaldas y el corazón de repente se me quiso salir, se me bajó la presión y supongo, empecé a tartamudear.
Sabía que las posibilidades de que él estuviera ahí eran casi nulas. El estaba lejos desde hacía un rato. Nadie me había dicho que viniera. Sin embargo, como si no hubiese un océano de por medio, ahí estaba. Su ropa le delataba y el cabello era el mismo, si acaso un poco más largo, pero era igual. No sabía qué hacer, si permanecer en la mesa y continuar con el acostumbrado disimulo, o bien, pararme de un salto de la mesa e ir a abrazarle y decirle lo mucho que me ha hecho falta, quizá hasta reclamarle la indecencia de no avisar su visita. Mi padre decía que en aquéllos momentos en que uno no sabía qué hacer, lo mejor era no hacer nada. Así lo hice.
Seguí la plática con mis divinas acompañantes y de vez en cuando, volteaba de reojo para verle. Las caras de los que estaban en su mesa no se me hacían familiares, pero tampoco le di mucha importancia a eso. Lo que era una verdadera lástima, era que sólo podía verle la espalda, pero eso también era en cierto modo una bendición. Por la mente me pasaron mil imágenes de momentos que pasamos juntos y me sentí revivirlos con la misma intensidad que cuando fueron. En algún rato de esos, él volteó como si con la mente hubiese gritado su nombre. No era él, su cara me era ajena.
Traté de ocultar mi desmejoro por saber que él no estaba ahí. Un rato después, Srita. P puso cara de sorpresa, como si hubiese visto alguna aparición. Se quedó callada por un momento, como sopesando si valía la pena decirme de qué se trataba su sobresalto, y unos segundos más tarde no pudo contenerlo –Ya viste quién está ahí?, no puedo creerlo!- dijo. Supe inmediatamente a que se refería, así que sin voltear a rectificar sólo le dije que ya lo había visto, y que no era él. Se le quedó viendo un rato más y reconoció que tenía razón, pero que sin duda, el parecido –al menos por la espalda- era notable.
Seguimos comiendo todas. Cuando llegó el café tuve que reconocer en voz alta lo mucho que me hubiese gustado ser un poco más valiente y haberle dicho lo que sentía por él.
El siguiente plan para ese día era ir al cine. Ya habían comprado los boletos y llegamos un poco tarde por culpa de la charla de sobremesa, así que les dije que fueran a ocupar los asientos mientras yo compraría lo necesario en la dulcería. Cuando llegué a la sala tuve que hacer un rápido rastreo de rostros para encontarlas y sentarme con ellas. Noté a alguien que se encontraba muy cerca. Definitivamente sabía que no era él, pero con un solo gesto, una sonrisa, y nuevamente el recuerdo se hizo tan presente como hacía unas horas apenas. Tuve que hacer un esfuerzo por no tirar la charola y salir corriendo ante el fantasma que nuevamente me rondaba.
Llegué a repartir las provisiones. No quise decirle nada a Srta. P. Tenía miedo que al contarle, pusiese en blanco los ojos y me hiciera reconocer que lo mío ya se estaba volviendo obsesivo, más si ya había pasado tanto tiempo desde que se fue. Fue entonces que entre sorbos a los refrescos que teníamos en mano, sin esperarlo se volteó a preguntarme si ya había visto al otro muchacho, seguido de un –Se parece, verdad? Digo, no es idéntico, pero tiene algo que me hace pensar que es él-.Asentí y agradecí que no fuese yo la única que lo había visto dos veces esa misma tarde.
Ya por la noche, nos fuimos al bar de siempre. La sensación de haberle visto aún en otras personas 2 veces el mismo día no me abandonaba. Me reprochaba mi pendejada de no haberle dicho nada cuando debía, y finalmente me recomponía la mente al saber que había hecho lo correcto, que hice bien en guardar silencio porque nada hubiera cambiado en realidad, que aquello no prosperaría, porque ya todo estaba decidido cuando le conocí, porque yo tenía un novio y porque ninguno dejaría sus planes por el otro: ni yo podía acompañarle, ni él se quedaría por nadie.
A la fecha, me queda ese sabor de boca y me pregunto la razón por la cual los fantasmas se empecinan con desempolvar sus retratos en las bodegas del recuerdo. Definitivamente, la ciudad ése sábado por la tarde, estuvo llena de fantasmas.
viernes, agosto 29, 2008
De Chente, canciones y botellas
Ahí estábamos pues, yo emocionada de verlo y él un tanto escéptico. Chente empezó a cantar sacando ya a la segunda canción uno de ésos éxitos que hacen que el auditorio vitoree la selección desde los primeros acordes. Yo cantaba a grito pelado y Rufián se volteaba a verme con cara de curiosidad. Conforme las canciones iban pasando, más gente coreaba y se quitaba alguna pose que de principio pudo tener. Eso sí, tanto Rufián como yo de repente volteábamos a vernos esperando que el otro sacara, casi por arte de magia, alguna espirituosa que hubiésemos metido de contrabando. “Hace falta un buen trago”, nos repetíamos cuando el cantante le daba sorbitos a las bebidas que durante todo el concierto le dispusieron con generosidad, sabiendo que no lo habría. Cuando Vicente se puso a fumar un cigarro, de plano deseamos más que nunca que no estuviésemos ahí, sino en una buena cantina.
“Mientras ustedes no dejen de aplaudir, este charro no deja de cantar”. Frase característica del Chente. Comprobé que fue cierto. Como es lógico, al inicio los aplausos son animosos, y el cantaba más y más; el público seguía el reconocimiento al tiempo que el repertorio seguía agotándose. Ya todos estábamos un tanto cansados después de más de 3 horas de evento. Supongo que él lo estaba más, pero ahí seguía: Se aventaba finales de canción a pura voz sin ayuda de micrófono y las vibraciones retumbaban por todo el recinto. Es impresionante la voz de este hombre.
Mi acompañante se reía seguido de las críticas que entre canciones hacía a los otros presentes. Un señor de plano se quedó dormido. No comprendía cómo pudo hacerlo entre la gritería y el vocerrón. Otra señora ya entrada en años salió al menos 2 veces a un paso más lento que nada. Decía que iba como en rápido y furioso. Rufián se apenaba de mis comentarios pero terminaba riéndose. Ayer desciframos el secreto de la anciana: seguramente salía por tragos entre canciones para regresar bien entonada y poder seguir la bohemia. Descubrimos que nosotros fuimos aquéllos a los que les faltó estrategia (Ya sabemos para la próxima).
Lamenté que el evento fuera en el Auditorio Nacional, no por otra cosa que el hecho de que uno no pueda consumir bebidas alcohólicas durante el evento. Faltaba de menos, sin duda, el típico vaso conciertero de papel donde cabe la caguama. Y es que, supongo que no sólo para mí, el Chente es uno de los más efectivos y constantes compañeros de cantina, de borrachera y desde luego, de desamor. A mi estrecho criterio, pocas son personas que no han cantado a grito desgarrado Por tu maldito amor o De qué manera te olvido casi enjugando la lágrima y dándole un contundente trago a la bebida alcohólica de preferencia después de una generosa bocanada de humo de cigarrillo; para luego llevarse la cara a la mano en señal de arrepentimiento por haber cometido un error de esos graves, o bien, por haber permitido que nos hicieran al antojo del que entonces llamamos cariñosamente “amor”, o quizá reprochándonos la ceguera que permitió que todo llegara a ese punto. Al menos en varios círculos Chente, en la bohemia, es de esos que se quedan casi hasta el final, por lo general, el preludio a José José (no le quitemos la corona al príncipe pues), quien ya marca el mero final (que puede durar horas,) de la borrachera.
Fue un muy buen concierto, uno de ésos a los que siempre quise ir y por alguna razón, no había podido. Me gustó ir con alguien que no es precisamente su fan, pero que se unió con gusto al sentimiento o a los recuerdos que me unen con Chente (para siempre). Lo mejor, será ir la próxima ocasión a un palenque, primero porque nunca he ido a alguno y muero de ganas de hacerlo; segundo, porque ahí puede llegar uno ya bien entonado y seguir la bebedera. Chente así sabe más.
Mil gracias, Solecito!
lunes, agosto 18, 2008
Del chupe y la Lupe
Todo iba como se esperaba, hasta que en alguna de esas pausas que el intérprete toma para hacer algún comentario, pasó lo que nunca espere ver en un concierto de la D’alessio: en las pantallas empezaron a poner citas bíblicas y ella comenzó casi a predicar la palabra de Dios!!!
Me pregunté si por error no había caído a una de estas iglesias de “Pare de Sufrir” (por favor, léalo con acento brasileiro). Supe que mi sospecha era incorrecta gracias a que varias personas del público, ávidas de insultantes letras y no de sermones dominicales, empezaron a reclamar por el discursillo.Ellos querían oírla cantar. Lupe no tuvo más que retomar su actuación, pero antes de seguir con sus éxitos, primero cantó una canción dedicada a Dios.
Ello me llevó a pensar que Lupe era mil veces mejor cuando andaba en esto de la coca: Salía eufórica al ruedo, a matar. También me pregunté por qué el hecho de que ella se hubiese convertido de religión le hacía pensar que todos necesitábamos unirnos a su nuevo culto. Recuerdo que el Tío Bank cuando se cambió a la misma práctica religiosa obraba de manera parecida: Se pasaba los días hablando de las maravillas del Señor, traía la biblia para todos lados, misma que leía con harta frecuencia durante el día y aprendió a responder a casi cualquier cosa, relevante o no, con citas del mismo libro. Él también llegó a ese camino después de varios años de borrachales. Se me salió también una sonrisa a la lejana memoria de la cantante en el "Continental", donde llegaba ya suficientes alcoholes encima y aprovechaba el after hours para ponerse hasta la madre en más de un sentido. Lo cierto, es que tanto ella como mi tío, dejaron el alcohol y otros excesos.
Después del concierto me encontré con mis amigos para un convite etílico. El baile no se hizo esperar después de unas horas más de consumir espirituosas. La reunión acabó ya en la madrugada.
Días más tarde, meditando sobre aquél sábado, una de las pláticas que sostenía me llevó a recordar el famoso pasaje bíblico de las Bodas de Caná. Como ya todos sabrán, en resumidas cuentas, Jesús y su madre asistieron a una boda. Un rato después de que la fiesta había empezado, como era de esperarse, el alcohol escaseó. Alguien, ante tal situación, le comentó (supongo yo, un tanto alarmado) a María que el chupe ya se había acabado. Ella, entonces, intercede por los anfitriones e invitados ante Jesús, suplicando que haga algo al respecto. Jesús accede a la petición y hace el milagro de transformar 6 garrafas de agua en vino.
Lo anterior, me lleva a concluir que aquéllos que han dicho que han encontrado al Señor y que por ello se han vuelto abstemios, en realidad, no conocen la biblia y que ésta no se transmite por ósmosis (por aquello de que cargan a todos lados con ella). En efecto, tal como se puede deducir de tan ilustrativo pasaje, Jesús desde luego que iba a lugares donde se servía alcohol. Aún más, resulta evidente que la comitiva invitada ya tenía un buen rato tomando, pues si no hubiese sido así, el alcohol nunca se hubiera acabado. Después encontramos algo harto interesante: La denuncia de la falta de vinito para seguir el reventón. Éste, según yo, es el primer antecedente que existe de la famosa vaquita, o cooperacha para el cartón (no mames, los del discovery deberían hacer un estudio al respecto); porque según puede imaginarse, dicha situación no le fue contada a María para que ayudase a correr a la gente que seguía en la boda, sino precisamente, para encontrar la mejor manera de seguir la fiesta como Dios manda, léase, con más alcohol.
Prosigamos, pues, con el estudio; hasta ahí, todo podría indicar que Jesús se encontraba en una boda tal y como las que a la fecha, se siguen celebrando. Volviendo al tema, María entonces va con su hijo y le dice que el vino se ha terminado. Jesús se pone un tanto quisquilloso, pero lejos de decir "No, madre, que ya no tomen, ya todos están muy pasados de copas" ó "Diles que mejor se la sigan con refresco y agua, beber de más no es bueno", termina diciendole a los sirvientes de la digna casa que ofrecía el banquete que junten tinajas de agua, según esto, se pusieron 6 de aproximadamente cien litros cada una; y según, cuando las probaron, el agua ya no era otra cosa que vino. Nuevamente me (y les) pregunto: Acaso no se había dado cuenta Jesús de que la banda ya estaba ebria? Creo que la respuesta tendría que ser afirmativa. Entonces, si Jesús hubiese considerado que el exceso de alcohol es malo, ¿Habría entonces hecho el milagro de sacar para la banda (que ya andaba borrachina) otros 600 litros de vino? Desde luego que la respuesta sería no.
Por tal motivo, creo que es un error satanizar al alcohol per se, y en las cantidades que sean. El propio Hijo del Señor fue cómplice comprensivo de aquélla bolita de beodos que se encontraba en la boda, y el terminó poniendo más vino para la peda. Por tanto, no hay justificación para decir que ponerse borracho está mal. Quien lo dude, puede leer la biblia y darse cuenta de ello.
Quizá sería buena idea que Lupe pusiera citas bíblicas del estilo "Todos sirven primero el vino bueno y cuando ya todos están bebidos, el inferior. Pero tú has guardado el vino bueno hasta ahora" en sus conciertos. Pocos se quejarían, si no es que nadie.
Salud, pues!
