Él odia el cigarro, no fuma y le molesta que alguien más lo haga cerca de donde él se encuentra. Huelga decir que considera a aquéllos que fuman mota, o peor, que usen alguna droga de diseño; para él sólo son perdedores de extrema debilidad que no pueden resistir tratar de ocultar sus problemas en la drogadicción. Pocas son sus borracheras, casi no toma y a lo más, sólo consume espirituosas un día a la semana, siempre en viernes o sábado, pues nunca sale entre semana. Bajo la premisa de que cada quien es lo que come, cuida mucho su alimentación. Es quisquilloso e impecable en su aspecto. Tiene horarios casi rigurosos, sale a caminar con su perro a las siete de la mañana, llega al trabajo a las 10, come a las 3, sale a las 8 y duerme a eso de las 12. Hace ejercicio al menos cuatro veces a la semana y le pesa no hacerlo, para colmo, no ha habido deporte en el que no sea bueno. Es estricto en su trabajo, dedicado y exigente; aun bien podría vivir vida de hijo de papi. Es apegado a su familia, más de lo que suele serlo alguien de su edad, son su prioridad y ellos corresponden a su cariño con atención y lisonja.
Podría decirse que tiene la imagen de lo que la gente generalmente considera un ganador. Vive una vida tranquila, le va bien en los negocios, es saludable y ambicioso. Nadie duda que algún día, no lejano, llegará más allá de lo que sus padren han llegado. Ha tenido oportunidades y las ha aprovechado y, seguramente, buscará incansablemente más.
Yo soy una gran bohemia, cuando tarde, empiezo la fiesta el jueves, y si se puede antes, mejor. Fumo como chacuaco, sea por asiedad, de alegría, de nervios, por lo que sea, fumo y fumo. Eventualmente me echo un toque. Suelo comer lo que se aparezca en el camino, saludable o no, y nunca hago ejercicio, so pretexto de que va en contra de mi religión (y la degradada condición física que tengo a consecuencia de mis excesos). Tengo amigos de todos tipos, los niños bien, los pobres, los intelectuales, los trabajadores, los borrachos. Me considero abierta y me gusta conocer nuevos mundos y formas de pensamiento. Veo como fuerte a la gente que opta por vivir lo más posible, pues a mi entender, sólo aquella gente que se conoce y que tiene criterio, puede a final de cuentas elegir qué le sirve, qué le gusta y qué necesita; después de todo, apartarse del estereotipo no implica un camino fácil. Soy flexible respecto de lo que pueda considerarse la felicidad o el éxito. Me aparté de mi familia por decisión y creo que, de lejos, estamos mejor.
Soy de humor negro y sarcástica. Se que en variadas ocasiones doy la apariencia de ser frívola y valemadrista. Habrá, no lo dudo, quien me considere una hija de puta.
Su cumpleaños acaba de pasar. Para festejar la ocasión, organizó una cena a la que concurrimos la banda de siempre y sus amigos, a los que el tiene a bien llamar "los fresas". La división de banditas no se hizo esperar. Por un lado platicaba una y por la otra, el otro grupo. Pocas anécdotas se compartieron, generalmente, por nuestra parte, era de relajos que habíamos organizado.
Una de sus amigas, de esas que tienen toda la actitud de ser la perfecta hija de familia, terminó haciendo tremendos desfiguros después de haberse tomado tres copas de vino, descuidando su pose de dama perfecta. Otra, le demandaba al anfitrión casi entregarle por escrito los resumés de la gente de la otra banda, pues al parecer le importaba más nuestra profesión y lugar de trabajo, que acercarse a conversar con nosotros; al tiempo que le decía que era una pena enterarse de que él ahora era así, cuando ella lle había conocido siendo un "buen muchacho".
Salí a fumar un cigarro a la banquita que se encontraba afuera del restaurante. El ambiente empezaba a sofocarme y necesitaba respirar humo que me disipara la mente. Él me alcanzó después, presentándose sin aviso y tomando asiento a mi lado. Me dijo haberse dado cuenta que no podía juntar a la banda con sus amigos "los fresitas". Aunque manifestó sentir cierto alivio porque no hubo los roces que él pensó podrían darse, confesó que a sus amigos "los fresas" les parecía triste nuestro concepto de diversión y estilo de vida, y más aún, que él se hubiese integrado en él dejando de lado el buen camino. Me expresó su malestar por no poder lograr que sus mundos coincidieran. No me mencionó si hizo el menor intento, siquiera, por desvirtuar tal cosa, o exhaltar alguna virtud nuestra. Sólo resolvió que no podía juntarnos, porque aunque a su decir, él es como ellos, también era cierto que él es más abierto.
Justo ahí me di cuenta: somos (y soy) su lado B, el obscuro, el que prefiere no sacar a la luz. El relajo en el que le gusta estar sin que nadie lo ubique en el. La parte que esconde para no dejar de lado su otra imagen y no perder el aplauso silente de los que le rodean. También, porqué no decirlo, yo era la mujer que jamás pensaría tener a su lado.
La verdad me cayó como bomba. Es cierto, no soy el prototipo de niña bien, ni de dama perfecta; pero también creo que debió en algún momento ver que aunque sea parrandera, aunque haya cosas que tome con ligereza, aunque haya salido de muchos parámetros sociales, también es cierto que soy inteligente, que trabajo arduamente y mi trabajo es profesional, que soy responsable, que estoy dispuesta a hacer todo lo que esté en mis manos por la gente que quiero y que, aunque suene cursi, tengo un gran corazón debajo de la capa de frialdad que me cubre.
Sin embargo, no lo hizo. Me percaté de que para él, la única palabra que me podría describir es desmadre. Eso, sin duda, dolió. Al tiempo que él seguía hablando, con cada palabra que se iba en el aire, se llevaba un tanto de respeto que tenía por él. Se fue empequeñeciendo ante mi vista. Me sentía decepcionada.
Regresamos a la mesa. Noté la mirada de Bacha algo triste y perdida: se había dado cuenta de todo también, el mazo le golpeó la espalda al mismo tiempo que a mí. Un par de miradas bastaron para saber que ella también compartía mi situación. Así, llené nuestras copas con vino nuevamente, la de Bacha, la de Niño D y la mía. La levanté en señal de brindis, primero chocándola con D en señal de callada despedida; después contra la de Bacha, en señal de esperanza; y finalmente con los dos, en agradecimiento por lo que vivimos juntos, así como por lo que no podrá ser.
Cuando el vino terminó, tomé mis cosas y me levanté del asiento. Me despedí cortesmente de todos. Mientras caminaba a la salida volteé el rostro para ver lo que quedaba atrás. Le hice una señal a Bacha indicando que al día siguiente nos veríamos. A Niño D, sólo le hice un ademán de adios. Después atravesé la puerta.
De cómo mi padre me heredó al Cruz Azul
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(publicado originalmente en junio de 2014)
Heredé la playera de mi padre, como ocurre con muchos que siguen la
tradición familiar. Lo importante acá...
Hace 2 meses
