jueves, enero 24, 2008

De imagen y gritos indios.

Empezamos la fiesta en el Yerbabuena* en la Condesa. Al cobijo de los tragos salió conversación de mil cosas. Era una pequeña reunión parte de los festejos de cumpleaños de P y estábamos dispuestas a armar gran parranda.

Ya después del precopeo nos fuimos al karaoke. Llegamos a solicitar nuevas bebidas y pedimos las canciones que entonaríamos.

Justo antes de nuestra presentación, subió un grupito de amigos. Entre ellos, se encontraba un personaje sumamente especial. Llevaba una playera de manga larga, bastante holgada (supongo que para tratar de ocultar esas lonjitas que de vez en cuando se asomaban con descaro); seguida de una falda amplia de color durazno o melón que le daba justo por debajo de las rodillas, mismas que se encontraban cubiertas por mallas (si, mallas, no medias) de color blanco. El toque de distinción fue el calzado: han visto ésas como pantuflitas que usan las abuelas que son como botines de fieltro forradas con “borrega”??? Pues llevaba unas de ésas!!! Noooooo, impactante. Claro que el outfit iba muy de acuerdo con los mechones mal pintados rojos que adornaban su cabeza, despeinados, igual que las cejas que jamás habían sido acomodadas, tan bellamente enmarcadas por esas gafas de fondo de botella que le hacían ver los ojos más pequeños. Ella era Lupis.

Una vez que hubo cantado con su grupo de amigos, Lupis no se retiró a su lugar como el resto de ellos, sino que permaneció junto al escenario en actitud de disimulo. Como el turno era nuestro, subimos al escenario. Justo cuando nos disponíamos a lanzar nuestros más sentidos alaridos, Lupis nos pidió anuencia para cantar con nosotras. Una vez que aceptamos, Lupis sutilmente le quitó el micrófono a una de nuestras amigas de un solo jalón y cantó con sentimiento tal, que todos esperábamos el momento en que se desgarrara las vestiduras. La canción terminó, así que volvimos a ocupar nuestros lugares. Lupis permaneció una vez más junto al escenario.

Otros tantos que subieron a cantar fueron sus víctimas por igual. Sin embargo, el público ya se encontraba fascinado con el arrojo y la actitud de Lupis en el escenario, por lo que los vítores (o hétores?) y los aplausos de apoyo no se hicieron esperar. El lugar estaba enardecido ante la presencia escénica de Lupis.

No obstante eso, Lupis todavía se aventó solita Bohemian Rapsody de Queen y Another Brick in the Wall de Pink Floyd!!!!! (MmMmMmaestra!!!) que aunque son del deleite de casi todos, nadie se atreve a cantar por su complejidad. Pero ella es especial, así que se las aventó de su ronco pecho, adornando su bella interpretación con el típico sonido de indio americano tipo Siux o Cherokee (… no’mbre, hubieran visto qué maravilla). El público estaba ya extasiado.

Admiré a Lupis: su capacidad de hacer lo que quiere, sin que le importe un bledo si lo demás aprueban su vestimenta y su look; o si los demás piensen que está loca o que es pocamadre, me deja boca abierta. Yo quiero ir con su psicólogo… ese wey si te deja sin pedos de autoestima!!!!

Para mala fortuna de todos, al poco tiempo de su última interpretación como solista, sus amigos se la llevaron del lugar, y de alguna forma, la velada perdió un poco de su sentido, así que no nos quedó más que seguir bebiendo, recordando lo maravilloso de este personajazo y brindando en su honor. Extrañamos a Lupis!!!

Deberíamos crear un culto en el que Lupis sea nuestro líder espiritual, nuestro gurú…

No, mejor no!

* Ahí les dejo la dirección Yerba, que es uno de mis consentidos. Pregunten por Toño, el bartender que es ATM, digan que yo los mandé!!! jejejeje.
Yerbabuena, Bar de Paso: Campeche 410, esq. Atlixco, Condesa, Tel. 5211-7610

martes, enero 22, 2008

De codazos, masivos y mariposas.

La experiencia prometía mucho. No soy fan del electrónico, pero sí del desmadre, así que cuando me dijeron que si estaría dispuesta a salir de la ciudad para ir a un rave, no tuve mucho que pensar. Esa misma tarde estaban pasando por mí con destino a camoteras tierras, lugar en donde se llevaría a cabo el evento.

Llegamos a la cita a hacer fila, la cual, era ya bastante larga. Democráticamente, decidimos hacer más amena la espera acompañándole con algunas cervezas. Niño D. y yo fuimos los encargados de permanecer en la fila mientras el resto del grupo se internaría en la misión de conseguir los víveres en el minisuper, que para esa hora estaba atestado con otros asistentes al evento. Ella se mostró molesta, así que sugirió integrarse también a la comisión de guarda del lugar; sin embargo, el resto del grupo se mostró reticente y alegó lo necesario de contar con su ayuda. De mala gana, aceptó la sugerencia. Así, D y yo nos quedamos en la fila platicando muy a gusto, riéndonos y comentando nuestras impresiones de algunos temas.

Llegaron las chelas y la bandera ya se estaba prendiendo. Mientras nos abrigábamos cada vez más del frío y brindábamos por la experiencia, se armó buen cotorreo. Había pasado ya una hora desde que llegamos, una hora de estar parados, por lo que niño D. me pidió que lo acompañase al jardín que estaba junto a nosotros, a tirarnos al pasto pues ya estaba cansado (a hueeevo). Caminamos hasta allá abrazados so pretexto del intenso frío (yeeeeaah), que se iba haciendo más notorio conforme pasaba el tiempo. Improvisamos una bardita a modo de banca y seguimos platicando de vanalidades. Conforme perdimos de vista a los amigos, nos incorporamos nuevamente a la fila. A nuestro regreso, ella comenzó a platicar a todo el grupo que se encontraba en una encrucijada, pues consideraba que ya era hora de elegir al príncipe azul dentro de sus miles (qué digo miles, millones) de pretendientes. Cada uno dio su opinión (yo pensé en organizar un reality donde estos jovenzazos superaran pruebas para conquistar su amor, pero creo que ya es algo visto). Ya habían pasado dos horas desde que llegamos.

Los asistentes comenzaron a inquietarse, así que, de repente la fila en realidad se volvió un tumulto (como de metro a las 7:30 -8:00 de la mañana), todos aglutinados, en bola, empujando para conseguir entrar de una vez por todas al rave. Pisotones y codazos más tarde, nos encontrábamos tan enfrente del escenario como la situación lo permitió. D se puso atrás de mi y me abrazaba mientras bailábamos al rito de la música. Por su parte, ella nos interrumpía constantemente, ya porque quería tomar una foto, ya porque le empezaba a platicar algo o porque le solicitaba su ayuda para enviarle un mensaje a uno de sus tantos dizque galanes. Yo, por mi parte, me mantuve bailando con la vista al escenario y echando relajo con el resto del grupo, manteniendo actitud de indiferencia. Así fue todo el rave.

Bastantes divertidos los famosos raves. Exceso de energía total, gente bailando y gritando al unísono, todos medio en su rollo, pero formando parte de un todo. Buen espectáculo con láser, fuegos artificiales y de fondo, una pirámide y una iglesia. Hasta eso, estuvo bastante leve: apuesto a que casi todos traían algún “elemento” para ponerse a tono con el rave; sin embargo, también hicieron gala de discreción, salvo el típico olor a petate quemado que se sentía a ratos con mayor intensidad.

Después de un buen rato, decidimos salir del evento antes de que todo mundo se saliera; ya habíamos tenido suficiente con las hordas. Nos dirigimos a la casa en donde tan amablemente nos fue ofrecido el hospedaje y donde también ya nos esperaba más alcohol. Seguimos la peda. Pero a continuación se revelaría EL MOVIMIENTO, la de ocho columnas, el grito de batalla:

En cuanto llegamos, ella dijo que se pondría la ropa de dormir. Salió con una playera y un short a la cadera. Casi con inocencia, con naturalidad, se agachó a acomodar algo en su maleta, misma que previamente había dejado por “casualidad” frente al lugar en donde niño D se había sentado… y ahí se descubrió: traía un hilo dental que en la parte de atrás traía una mariposa, cuyas alas no se encontraban pegadas al resto de la tela!!!!! (o sea, esa era una declaración evidente!, ah, y razón por la que en lo sucesivo será “Fly”). Todos los asistentes advirtieron el inintencional detalle, pero ninguno hizo pronunciamiento al respecto. Seguí actuando con indiferencia, aunque honestamente, si se me hizo un truco bastante desesperado y un golpe muy bajo!

Segundo movimiento: Uno de la banda, Ge, se fue a dormir. Un rato después, yo fui a ponerme la pijama y al salir del baño, la encuentro sacando su maleta de la habitación. Le comenté que ya había terminado de usar el cuarto, por lo que no era necesario que sacara sus cosas en obvio de que yo ya me iba a seguir la peda. Su respuesta? -Ah, no, es que ya me voy a domir, pero como yo creí que te viniste a dormir con GE, pues ya le dije a niño D. que tendríamos que dormir juntos el y yo en el otro cuarto- dijo con esa cara de malicia disfrazada de buenpedismo. Como yo no me iba a poner a jugar su juego, contesté con indiferencia y acepté de buena gana, ok.

Revés sin intención: Nadie consideró a otra de las de la banda, a quien llamaremos Bacha, que se había metido a otro baño, por lo que cuando estábamos acabando la anterior conversación preguntó dónde dormiría ella. La invité a quedarse conmigo y con GE. Supongo que para ese momento “Fly” ya hacía en su mente una danza triunfal por lograr quedarse a dormir con D. Sin embargo, la otra niña dijo: -Es que el cuarto en el que se van a quedar D y tú está mas grande, el de Profana es más chico, mejor me voy a dormir con ustedes- (jajajaja, tómala pinche Fly!). Fly puso cara de “puta madre!!!” y con modesta sonrisa le dijo que entonces, los alcanzara en la alcoba. Para mayor beneplácito mío, mientras desayunábamos al día siguiente, Bacha me contó (juro que no se si por ayudarme o no, pues según yo, ella no sabe que me gusta D), que como tuvo mucho frío, durmió entre los dos para no pasar tan mala noche (jajajajajaj, otra vez se te cebó Fly!!!!).

A la mañana siguente nos fuimos a dar la vuelta por el lugar, disfrutamos las delicias de la comida poblana y visitamos hartos lugares. Todos íbamos como turistas, típico de los chilangos, pero casi la mitad del tiempo D y yo íbamos un poco separados del resto. Las interrupciones por parte de Fly jamás cesaron, igual que mi aparente indiferencia por tales actitudes. Fuera de esto, fue una maravillosa experiencia.

Fiuuuuuu, un rubro más de la lista de cosas por hacer que puedo tachar!!!!

lunes, enero 21, 2008

De consideraciones finales al Portuloco

Pasaron como dos semanas. Por circunstancias de fuerza mayor, Lady Red me pidió chance de vivir 2 semanas en mi casa. Así que al día siguiente de que el Portuloco sacó sus cosas de mi casa, vino la nueva huésped.

Esa semana, el Portuloco fue de improvisto a mi casa "quesque a hablar conmigo". Otra vez me lloró, me pidió otra oportunidad y montó toda la escena. En algún momento pensé en darle la oportunidad porque me sentía muy mal de verlo así... pero entonces me pregunté: él va a estar mejor, y tu?? vas a estar mejor???. La respuesta fue negativa y contundente. Tuve que decirle la respuesta, no sin antes agradecerle todas las cosas buenas que vivimos y que hicimos el uno por el otro, y también dando la explicación de mi negativa.

Ya después la aparente tristeza que ese hecho le causó, se volvió ira; pues después me mandó un mail pidiéndome de vuelta una cantidad monetaria que me había prestado (y que nunca me quiso recibir de regreso cuando todavía andábamos). Así que le pague, esperando terminar ya con ése circulo que se volvía vicioso en cualquier momento. Meses después fue otra llamada la que recibí de él solicitando una botella de vino que había dejado en mi casa. En ese momento me enojé mucho, porque ya se me hacía mucha tontería, o una manera a mi forma de ver poco digna, porque la botella es literal una baratija. Estuve a punto de decirle que la había abierto, que serví un poco de ese vino para algún invitado y que finalmente tuve que tirarla por la pésima calidad del vino, eso sin contar la pena que me hizo pasar por dar una bebida de tan mal gusto; pero que le depositaba 30 pesos para que se comprara una nueva. No lo hice, entendí que responder de tal manera era dar pie a comentarios hirientes, uno tras otro, que nos propinaríamos por largo tiempo.

Todavía tengo la botella en casa. La uso como recordatorio, como una motivación a no volver a regarla. Cada vez que la veo, me digo que merezco algo mucho mejor, muy superior. Su presencia en mi casa me aconseja a no volver a salir con alguien que no me encante, que no haga ilusiones hasta que más o menos conozca bien a alguien, que no toleraré más una situación que no me de buena corazonada... que no pararé hasta encontrar lo que busco en una pareja y que no me expondré a desagradables escenarios en actos desesperados.... o sea, merezco una botella de buen vino.

En su momento fue una situación muy estresante. Hubo muchas circunstancias difíciles de sortear y salir bien librada. Sin embargo, también aprendí que el poder de elegir es mío, que estoy dispuesta a partirme la madre por estar bien y por ser yo la dueña de mi vida y mi futuro. Me sentí liberada después de todo y descubrí que soy fuerte una vez más. Recuperé mucha individualidad, me replanteé muchas metas y, en general, al final de cuentas, me obligué a crecer un poco más. Se siente bien.

jueves, enero 17, 2008

Del Portuloco y subidas de volumen

El Portuloco partía el jueves siguiente a algún lugar del país del norte.

Era domingo, ya un poco más tarde de la hora en que él acostumbraba a retirarse a su casa. Dijo sentirse mal físicamente, y solicitó permiso para pernoctar en mi casa esa noche. Dije que sí.
El lunes, pensó que era muy buena idea que, en vista de que estaríamos separados algunos días, permaneciera en la casa hasta el día de su partida. Acepté el trato.

El jueves, lo llevé al aeropuerto. Salí el viernes por la noche con mis amigas, tal y como dictan las reglas de etiqueta del fin de semana. Mandé algunos mensajes al Portu al día siguiente, que estuve con Srta. P. Los mensajes no tuvieron respuesta. Ya en la noche, P. recibió invitación a un bar al que somos asiduas (para muestra, un botón: Una bebida de ese bar tiene el nombre de mi amiga y ha sido nombrada la mejor cliente del mes en varias ocasiones). Estuvimos en gran plática hasta que cerraron las cortinas del lugar, después nos fuimos a casa del compañero de trabajo de P. a seguir la fiesta, que terminó una vez que el sol ya había salido. Regresamos a dormir a casa de mi socia de parrandas.

No habían pasado ni 2 horas desde que concilié el sueño cuando recibí un mensaje del Portuloco, reclamando mi ausencia en casa. Le marqué. En lugar de saludo, recalcó el reclamo. Le dije lo que pasó, que me había ido desde el día anterior a casa de mi amiga, que habíamos salido a echar fiesta y que me quedé a dormir en su casa. Él se encontraba bastante molesto y yo no quería discutir, así que colgué.

El día de regreso fui por él al aeropuerto. Me encontraba muy molesta porque había desconfiado de mi y en términos generales, no concibo relación interpersonal que sea sana si no existe confianza. Una vez que estuvimos frente a frente, lo saludé y él notó mi obvia molestia. Me comentó que todo el fin de semana estuvo muy mal del estómago, por lo que prefería que nos quedáramos un rato más en el aeropuerto mientras bajaba el tránsito de la hora pico. Aproveché ese tiempo para exponer mi molestia, muy seria, ecuánime y firme, sin gritar, sin panchos. Supongo que realmente vio que no estaba jugando, siempre hubo coherencia entre mi actitud y el discurso, por lo que pidió perdones a diestra y siniestra. Después, nos fuimos a mi casa.

Ya en mi hogar platicamos un buen rato de lo que sucedió en el viaje. Curiosamente esa noche solicitó también permiso para quedarse en mi casa en razón de que seguía mal del estómago y no quería faltar al trabajo el día siguiente, y aprovechando que mi casa quedaba a 10 minutos de su oficina, le sería más cómodo trasladarse. No me negué. Y así, cada día que pasaba alegaba su enfermedad o la evidente cercanía con el fin de semana para permanecer en mi casa. Cuando me di cuenta, ya pasaba más tiempo en mi casa que en la suya, y cada vez aparecían más y más cosas suyas por todos lados. O seaaaaa, el wey ya se mudó a mi casa!!!

Luego, empezó a hacer planes para futuro: que si era muy buena idea buscar opciones para irnos a vivir a Lisboa, en obvio de que él tenía la nacionalidad portuguesa también (si listillos, de ahí el mote); que si era buena idea abrir una cuenta mancomunada para podernos ir de viaje a un lugar exótico y lejano, que si tendríamos hijos en un futuro, etc. Yo estaba apanicadísima, pues en realidad la relación era muy joven y no estaba preparada para vivir con él, menos en Lisboa, ni para juntar mi dinero con él y de hijos, ni pensarlo. Cada vez que proponía semejantes cosas, me negaba muy diplomáticamente; y siempre, sin excepción, él hacía un berrinche que terminaba fastidiándome y acabábamos en guerra sin cuartel.

Finalmente, a todos nos molesta que invadan nuestro espacio, nuestra forma de pensar y cómo queremos vivir nuestro futuro. Decidí que lejos de ser un aliciente, mi pareja se había vuelto un gran dolor de cabeza, un estorbo, una causa de agobio en lugar de ser ayuda y motivación. Decidí que no había nada más que hacerle, por lo que había que terminar esa relación.

Me armó todo un drama, me lloró, me la armó de tos y así estuvimos como 2 horas. Se fue de mi casa sin decir ni ahí nos vemos.

Y podría acabar acá el post, pero me gustaría poner algunas consideraciones finales, pero eso, ya será mañana…

miércoles, enero 16, 2008

Nace el Portuloco.

Acepté salir con el la semana siguiente. Decidimos irnos a echar unas chelas. Estuvimos jugando, bromeando y platicando, todo muy agradable. Nos corrieron del lugar, así que la única opción era seguirla en otro bar. Ahí me la soltó: Me gustas!- Dijo esperando reacción de mi parte. Sólo me quedé callada. Empezó a disculparse por el atrevimiento. Yo sólo contesté que me había tomado por sorpresa y que me dejó sin palabra adecuada para contestar. Se disculpó nuevamente, señalando después que me quedé absolutamente seria y que ésa era respuesta suficiente para él.

De cualquier manera seguimos platicando diario por el mensajero y seguimos saliendo. Aunque nunca me resultó atractivo físicamente, me divertía mucho con él y sosteníamos conversaciones harto largas. Nos veíamos muy seguido y para hacer honor a la verdad, el Portu en ese entonces se rifaba chido. Salía al menos una vez al mes de viaje y se partía la madre por llevarme y traerme. Fue a arreglarme unos rollos que traía con unos focos, no obstante ser absolutamente miedoso de cuestiones eléctricas. Los días que no nos veíamos me mandaba el mensajito con su foto para compartir conmigo lo que estaba haciendo.

Me pidió que fuera su novia. Pensé que si bien el tipo en cuestión no me atraía, bien podría ser una buena relación por varias razones: la pasión por alguien resulta cegadora, y mucho, de tal suerte que podía seguir en total control de mis emociones; me la pasaba muy bien con él y éramos chidos amigos, lo que supone un buen cimiento para la relación; me llevaba 8 años y había ya vivido un buen de cosas, por lo que creía haber encontrado una persona lo suficientemente madura, segura y abierta; aparentaba ser buen fiestero, pero también espiritual; y en general, también pensé que la suma de todas esas cosas podría hacerme enloquecer de cariño algún día por él, (y también obvio, aparentemente ese día se debió haber extraviado mi Ritalín o fumé algo raro, por lo que estaba nomamesquépendeja). Respondí que sí.

Como toda relación, el inicio fue muy lindo. Al mes ya se quedaba a pasar el fin de semana en mi casa; pero ciertas cosas no me empezaron a cuadrar. Ejemplos:

  • No le gustaba que tuviera amigos (hombres), menos que hablaran a casa y pasaramos cagados de la risa media hora en el teléfono, peor si me veía con ellos para tomar un cafe, o ir al cine, o en general, culquier cosa que uno haga con amigos.
  • Luego ya no le parecía que saliera con amigas. (Primero, porque él no me acompañaba, después, inventó que seguramente salíamos a ligar aún se tratara de ir a tomar un cafe, y ya para útimas fechas, quesque porque seguramente no veía a mis amigas, sino a algún amigo.... hazme el chingado favor!!!)
  • Como su oficina quedaba cerca de mi casa, pasaba a verme diario, por lo que hacía jeta si llegaba tarde (si, aun hubiera un tránsito desuputamadre, o me hubiera tenido que quedar 15 minutos más en la oficina, por lo que imaginarán que se enojaba aún más si de plano solicitaba a la hora de la comida que ése día no pasara a verme.
  • Odiaba, verdaderamente odiaba a mis ex jefes, que trabajara con puros hombres, que tuviera muchas prerrogativas en el trabajo, que me hablaran fuera de horario de labores para preguntarme algún dato sobre los casos que se llevaban en el despacho y que me llevara con mis jefes de pocamadre.
  • etc., etc., etc.!!!

O sea, así o más obtuso???? Pero bueno, finalmente supuse que era corresponsable de muchas de sus inseguridades porque alguna vez que le dije que no me sentía súper atraída a él, pero que aún así le había elegido y que estaba resuelta a tener una maravillosa relación con el. Evidentemente, lo comentarios referentes a los puntos arriba señalados empezaron como bromitas, mismas que fueron subiendo de intensidad y presencia.

Pero eso no era lo peor, la siguiente movida me dejó helada (aunque confieso que tampoco lo vi venir y me apendejé muy gacho), pero de eso, ya les contaré en el siguiente post.

martes, enero 15, 2008

Continuando con el post del 2007... el Portuloco

Me tuve que salir del despacho corriendo. El retortijón me doblaba y regresaba cada vez con más fuerza. No podía permanecer ahí, el tiempo se agotaba (así, como el comercial del agua), por lo que pedí un taxi haciendo claro que lo necesitaba con la más rotunda de las urgencias. Partí hacia mi hogar.

Horas más tarde, Srta. P me llamó para conocer mi sugerencia para el día, naturalmente era viernes y, en nuestra religión, no salir a echar al menos 3 tragos en viernes y sábado, es pecado (y de los capitales ehhh!). Mi situación fisiológica no me permitía buscar mucha aventura ese día, pues bien podía terminar sorprendida de manera poco grata. Así, expuse mi triste y fatídica situación a mi cómplice, quien aceptó echar la copa en mi casa.

Según recuerdo (porque de esto ya tiene casi un año), P entonces traía un crush por un colaborador de su empleo, así que pasamos un rato platicando de los sucesos importantes de la semana, dedicando especial apartado a aquél crush que emocionaba tanto a la querida P; todo esto al sonido de la música que también nos acompañaba. A eso de la una de la mañana sonó su celular: el crush le buscaba, solicitando su presencia en algún lugar en el que también el se encontraba consumiendo unos shuuuups con un amigo suyo. No pude negarme a acompañarla, soy muy respetuosa del pacto de la amistad, el cual, me constreñía a iniciar con ella esa aventura nocturna.

Supuse que el crush ya andaba borrachón cuando, no obstante de seguir al pie de la letra todas y cada una de las indicaciones recibidas, seguíamos sin llegar al punto de encuentro. Echando mano de nuestro excelente sentido de ubicación y después de unas cuantas preguntas a los transeúntes de la zona, llegamos al bendito establecimiento: un lugar chiquito, de muy poco glamour, pero aparentemente barato y de ambiente de compañerismo. Como gran parte de los asistentes masculinos que ya se encontraban en el lugar hizo patente el gusto por la carne fresca que acababa de llegar, invitándonos a unirnos a sus mesas y haciéndose los graciositos tratándonos con familiaridad (chale! Me pregunto si alguna vez les ha funcionado. Sigo dudándolo, pero entonces porqué demonios siguen haciéndolo??), preferimos esperar afuera mientras P exigía por teléfono que fueran por nosotros a la entrada.

El crush salió con la novedad de que tenían algo así como cinco minutos de haberse ido, porque creyeron que en realidad no íbamos a ir, que porque ya nos habíamos tardado (pos claro imbécil, no sabes lo pinche difícil que es llegar a un lugar cuando no te dicen bien cómo llegar!!!!). Pidieron que esperáramos justo donde nos encontrábamos y que en cinco minutos llegarían por nosotras para seguirla en otro lado.

Tal y como lo sospechaba, el crush ya iba bieeeen pedal. Salió del lado del copiloto a saludar a la P, quien nos presentó. Acto seguido, el amigo baja (como dirían los polecías) de la unidá, y es presentado por el crush. A veces, uno como amigo tiene que sacrificarse por los amigos- me repetía a modo de mantra cuando caí en cuenta de que estaría pegada al amigo toda la noche en obvio de que mi amiga seguramente se aislaría un poco con su crush, y que también parte de mi misión era tratar de quitar los mayores obstáculos en ese camino; en este caso, el amigo, quien era medio feo, un poco chubby y tenía cara de ser medio teto. Siguiente parada: un bar de nuestros consentidos!

Ya en el bar descubrí que no estaba tan teto, que APARENTEMENTE teníamos como que muchas cosas en común y que tenía buen sentido del humor. Así empieza la historia del Portuloco, el error amoroso del 2007, misma que continuará…

…Mameswey, ahora que lo pienso y lo escribo, el desajuste estomacal debió ser una señal que en su momento, no reconocí.

lunes, enero 14, 2008

De sentencias, dilemas y riesgos.

El jurado sesionó y ya había llegado a un acuerdo. La botella me señaló y ellos sentenciaron. Me asignaron como castigo besarle, un picorete. Él me advirtió que los besos le gustaban con un poco más de intensidad y esfuerzo a lo prescrito por órdenes de mis jueces. La frase duró nanosegundos en mi cabeza, sin embargo, miles de ideas hicieron remolinos de confusión al mismo tiempo.

Cumplir con la condena era seguro, la voluntad propia no intervenía en el hecho de besarlo, era voluntad del jurado. Hacer caso de la sugerencia no lo era tanto. No supe si ésta ultima fue formulada en tono de broma o en súplica elevada en voz baja y disfrazada. De cualquier manera, la segunda implicaba cierto grado de riesgo y finalmente, me resulta altamente complicado lidiar con cierto tipo de rechazos. Generalmente, me esfuerzo por diluir la intensidad del interés del tipo romántico con actitudes de aparente indiferencia porque me siento en control de situaciones, al menos frente a la gente, incluido por supuesto el objeto de mi capricho, aunque a veces tras bambalinas termine reprochándome la falta de coraje y arrojo precisamente por no arriesgar y, por ende, no ganar.

Comencé a reducir la distancia que nos separaba lo más lento posible. Necesitaba ganar tiempo. “Sí” me aconsejaba arriesgarme: al fin y al cabo, ya habíamos bebido demasiado y me sugería que si él me había señalado cómo esperaba recibir el ósculo (sin albur, jejeje), las probabilidades de una obtener reacción negativa eran visiblemente bajas. Mi corazón empezó a latir con fuerza. “No”, por su parte, miraba a “sí” con recelo y me susurraba que aunque las probabilidades pudiesen ser bajas, existían de cualquier manera posibilidades de que el castigo combinado con voluntad propia trajese malas consecuencias. De repente, no había más distancia que recorrer, me encontraba cara a cara con el dilema y no podía postergar más la toma de decisión.

Tomé su cara entre mis manos. Las miradas se cruzaron, así que para que los ojos no me delataran, decidí aprisionarlos en mis párpados. Conforme cerré los ojos, acercaba el rostro al mío al tiempo en que mi cara acortaba también el espacio ente los labios. La adrenalina fluía cada vez con mayor intensidad y el autocontrol iba cediendo al químico segregado, como los sentidos al enervante. Me sentía desvanecer y no lo podía permitir. Estaba casi débil, por lo que sacando fuerzas de flaqueza, tomé la resolución. Junté los labios con los suyos, los oprimí y luego los liberé.

No vi (o no quise ver) la reacción que vino, por lo que una vez que me separé de el volteé la cabeza en un rápido giro y regresé a mi lugar.

Dicen que el “hubiera” es la conjugación en pasado del verbo “ya ni pedo”; pero hoy me pregunto qué hubiera pasado si hubiera tomado el otro consejo. Como diría mi nana: Ni hablar...

... pinche botella, me delató! (No por perjurar, pero creo que me echó de cabeza. O la que se echó de cabeza fui yo??). De cualquier manera, pinche botella.